{"id":364,"date":"2020-12-17T13:46:58","date_gmt":"2020-12-17T12:46:58","guid":{"rendered":"http:\/\/mondonedoferrol.vl23498.dinaserver.com\/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2021\/"},"modified":"2022-08-24T17:57:45","modified_gmt":"2022-08-24T15:57:45","slug":"","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/mondonedoferrol.org\/gl\/mensaje-del-papa-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2021\/","title":{"rendered":"","raw":""},"content":{"rendered":"","protected":false,"raw":""},"excerpt":{"rendered":"","protected":false,"raw":""},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_es_post_content":"\"La cultura del cuidado como camino de paz\"\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n\r\nViernes 1 de enero de 2021\r\n\r\n<p>\n\t1. En el umbral del A&ntilde;o Nuevo, deseo presentar mi m&aacute;s respetuoso saludo a los Jefes de Estado y de Gobierno, a los responsables de las organizaciones internacionales, a los l&iacute;deres espirituales y a los fieles de diversas religiones, y a los hombres y mujeres de buena voluntad. A todos les hago llegar mis mejores deseos para que la humanidad pueda progresar en este a&ntilde;o por el camino de la fraternidad, la justicia y la paz entre las personas, las comunidades, los pueblos y los Estados.<\/p>\n<p>\n\tEl a&ntilde;o 2020 se caracteriz&oacute; por la <strong>gran crisis sanitaria de COVID-19<\/strong>, que se ha convertido en un fen&oacute;meno multisectorial y mundial, que agrava las crisis fuertemente interrelacionadas, como la clim&aacute;tica, alimentaria, econ&oacute;mica y migratoria, y causa grandes sufrimientos y penurias. Pienso en primer lugar en los que han perdido a un familiar o un ser querido, pero tambi&eacute;n en los que se han quedado sin trabajo. Recuerdo especialmente a los m&eacute;dicos, enfermeros, farmac&eacute;uticos, investigadores, voluntarios, capellanes y personal de los hospitales y centros de salud, que se han esforzado y siguen haci&eacute;ndolo, con gran dedicaci&oacute;n y sacrificio, hasta el punto de que algunos de ellos han fallecido procurando estar cerca de los enfermos, aliviar su sufrimiento o salvar sus vidas. Al rendir homenaje a estas personas, renuevo mi llamamiento a los responsables pol&iacute;ticos y al sector privado para que adopten las medidas adecuadas a fin de garantizar el acceso a las vacunas contra el COVID-19 y a las tecnolog&iacute;as esenciales necesarias para prestar asistencia a los enfermos y a los m&aacute;s pobres y fr&aacute;giles.<\/p>\n<p>\n\tEs doloroso constatar que, lamentablemente, junto a numerosos testimonios de caridad y solidaridad, est&aacute;n cobrando un nuevo impulso diversas formas de nacionalismo, racismo, xenofobia e incluso guerras y conflictos que siembran muerte y destrucci&oacute;n.<\/p>\n<p>\n\tEstos y otros eventos, que han marcado el camino de la humanidad en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, nos ense&ntilde;an la importancia de hacernos cargo los unos de los otros y tambi&eacute;n de la creaci&oacute;n, para construir una sociedad basada en relaciones de fraternidad. Por eso he elegido como tema de este mensaje: La cultura del cuidado como camino de paz. Cultura del cuidado para erradicar la cultura de la indiferencia, del rechazo y de la confrontaci&oacute;n, que suele prevalecer hoy en d&iacute;a.<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<h6>\n\t2. Dios Creador, origen de la vocaci&oacute;n humana al cuidado<\/h6>\n<p>\n\tEn muchas tradiciones religiosas, hay narraciones que se refieren al origen del hombre, a su relaci&oacute;n con el Creador, con la naturaleza y con sus semejantes. En la Biblia, el Libro del G&eacute;nesis revela, desde el principio, la importancia del cuidado o de la custodia en el proyecto de Dios por la humanidad, poniendo en evidencia la relaci&oacute;n entre el hombre (&rsquo;adam) y la tierra (&rsquo;adamah), y entre los hermanos. En el relato b&iacute;blico de la creaci&oacute;n, Dios conf&iacute;a el jard&iacute;n &ldquo;plantado en el Ed&eacute;n&rdquo; (cf. Gn 2,8) a las manos de Ad&aacute;n con la tarea de &ldquo;cultivarlo y cuidarlo&rdquo; (cf. Gn 2,15). Esto significa, por un lado, hacer que la tierra sea productiva y, por otro, protegerla y hacer que mantenga su capacidad para sostener la vida . Los verbos &ldquo;cultivar&rdquo; y &ldquo;cuidar&rdquo; describen la relaci&oacute;n de Ad&aacute;n con su casa-jard&iacute;n e indican tambi&eacute;n la confianza que Dios deposita en &eacute;l al constituirlo se&ntilde;or y guardi&aacute;n de toda la creaci&oacute;n.<\/p>\n<p>\n\tEl nacimiento de Ca&iacute;n y Abel dio origen a una historia de hermanos, cuya relaci&oacute;n ser&iacute;a interpretada -negativamente- por Ca&iacute;n en t&eacute;rminos de protecci&oacute;n o custodia. Ca&iacute;n, despu&eacute;s de matar a su hermano Abel, respondi&oacute; as&iacute; a la pregunta de Dios: &laquo;&iquest;Acaso yo soy guardi&aacute;n de mi hermano?&raquo; (Gn 4,9) . S&iacute;, ciertamente. Ca&iacute;n era el &ldquo;guardi&aacute;n&rdquo; de su hermano. &laquo;En estos relatos tan antiguos, cargados de profundo simbolismo, ya estaba contenida una convicci&oacute;n actual: que todo est&aacute; relacionado, y que el aut&eacute;ntico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los dem&aacute;s&raquo;.<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<h6>\n\t3. Dios Creador, modelo del cuidado<\/h6>\n<p>\n\tLa Sagrada Escritura presenta a Dios no s&oacute;lo como Creador, sino tambi&eacute;n como Aquel que cuida de sus criaturas, especialmente de Ad&aacute;n, de Eva y de sus hijos. El mismo Ca&iacute;n, aunque cayera sobre &eacute;l el peso de la maldici&oacute;n por el crimen que cometi&oacute;, recibi&oacute; como don del Creador una se&ntilde;al de protecci&oacute;n para que su vida fuera salvaguardada (cf. Gn 4,15). Este hecho, si bien confirma la dignidad inviolable de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios, tambi&eacute;n manifiesta el plan divino de preservar la armon&iacute;a de la creaci&oacute;n, porque &laquo;la paz y la violencia no pueden habitar juntas&raquo;.<\/p>\n<p>\n\tPrecisamente el cuidado de la creaci&oacute;n est&aacute; en la base de la instituci&oacute;n del Shabbat que, adem&aacute;s de regular el culto divino, ten&iacute;a como objetivo restablecer el orden social y el cuidado de los pobres (cf. Gn 1,1-3; Lv 25,4). La celebraci&oacute;n del Jubileo, con ocasi&oacute;n del s&eacute;ptimo a&ntilde;o sab&aacute;tico, permit&iacute;a una tregua a la tierra, a los esclavos y a los endeudados. En ese a&ntilde;o de gracia, se proteg&iacute;a a los m&aacute;s d&eacute;biles, ofreci&eacute;ndoles una nueva perspectiva de la vida, para que no hubiera personas necesitadas en la comunidad (cf. Dt 15,4).<\/p>\n<p>\n\tTambi&eacute;n es digna de menci&oacute;n la tradici&oacute;n prof&eacute;tica, donde la cumbre de la comprensi&oacute;n b&iacute;blica de la justicia se manifestaba en la forma en que una comunidad trataba a los m&aacute;s d&eacute;biles que estaban en ella. Por eso Am&oacute;s (2,6-8; 8) e Isa&iacute;as (58), en particular, hac&iacute;an o&iacute;r continuamente su voz en favor de la justicia para los pobres, quienes, por su vulnerabilidad y falta de poder, eran escuchados s&oacute;lo por Dios, que los cuidaba (cf. Sal 34,7; 113,7-8).<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<h6>\n\t4. El cuidado en el ministerio de Jes&uacute;s<\/h6>\n<p>\n\tLa vida y el ministerio de Jes&uacute;s encarnan el punto culminante de la revelaci&oacute;n del amor del Padre por la humanidad (cf. Jn 3,16). En la sinagoga de Nazaret, Jes&uacute;s se manifest&oacute; como Aquel a quien el Se&ntilde;or ungi&oacute; &laquo;para anunciar la buena noticia a los pobres, ha enviado a proclamar la liberaci&oacute;n a los cautivos y la vista a los ciegos, a dejar en libertad a los oprimidos&raquo; (Lc 4,18). Estas acciones mesi&aacute;nicas, t&iacute;picas de los jubileos, constituyen el testimonio m&aacute;s elocuente de la misi&oacute;n que le confi&oacute; el Padre. En su compasi&oacute;n, Cristo se acercaba a los enfermos del cuerpo y del esp&iacute;ritu y los curaba; perdonaba a los pecadores y les daba una vida nueva. Jes&uacute;s era el Buen Pastor que cuidaba de las ovejas (cf. Jn 10,11-18; Ez 34,1-31); era el Buen Samaritano que se inclinaba sobre el hombre herido, vendaba sus heridas y se ocupaba de &eacute;l (cf. Lc 10,30-37).<\/p>\n<p>\n\tEn la c&uacute;spide de su misi&oacute;n, Jes&uacute;s sell&oacute; su cuidado hacia nosotros ofreci&eacute;ndose a s&iacute; mismo en la cruz y liber&aacute;ndonos de la esclavitud del pecado y de la muerte. As&iacute;, con el don de su vida y su sacrificio, nos abri&oacute; el camino del amor y dice a cada uno: &ldquo;S&iacute;gueme y haz lo mismo&rdquo; (cf. Lc 10,37).<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<h6>\n\t5. La cultura del cuidado en la vida de los seguidores de Jes&uacute;s<\/h6>\n<p>\n\tLas obras de misericordia espirituales y corporales constituyen el n&uacute;cleo del servicio de caridad de la Iglesia primitiva. Los cristianos de la primera generaci&oacute;n compart&iacute;an lo que ten&iacute;an para que nadie entre ellos pasara necesidad (cf. Hch 4,34-35) y se esforzaban por hacer de la comunidad un hogar acogedor, abierto a todas las situaciones humanas, listo para hacerse cargo de los m&aacute;s fr&aacute;giles. As&iacute;, se hizo costumbre realizar ofrendas voluntarias para dar de comer a los pobres, enterrar a los muertos y sustentar a los hu&eacute;rfanos, a los ancianos y a las v&iacute;ctimas de desastres, como los n&aacute;ufragos. Y cuando, en per&iacute;odos posteriores, la generosidad de los cristianos perdi&oacute; un poco de dinamismo, algunos Padres de la Iglesia insistieron en que la propiedad es querida por Dios para el bien com&uacute;n. Ambrosio sosten&iacute;a que &laquo;la naturaleza ha vertido todas las cosas para el bien com&uacute;n. [...] Por lo tanto, la naturaleza ha producido un derecho com&uacute;n para todos, pero la codicia lo ha convertido en un derecho para unos pocos&raquo; . Habiendo superado las persecuciones de los primeros siglos, la Iglesia aprovech&oacute; la libertad para inspirar a la sociedad y su cultura. &laquo;Las necesidades de la &eacute;poca exig&iacute;an nuevos compromisos al servicio de la caridad cristiana. Las cr&oacute;nicas de la historia reportan innumerables ejemplos de obras de misericordia. De esos esfuerzos concertados han surgido numerosas instituciones para el alivio de todas las necesidades humanas: hospitales, hospicios para los pobres, orfanatos, hogares para ni&ntilde;os, refugios para peregrinos, entre otras&raquo;.<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<h6>\n\t6. Los principios de la doctrina social de la Iglesia como fundamento de la cultura del cuidado<\/h6>\n<p>\n\tLa diakonia de los or&iacute;genes, enriquecida por la reflexi&oacute;n de los Padres y animada, a lo largo de los siglos, por la caridad activa de tantos testigos elocuentes de la fe, se ha convertido en el coraz&oacute;n palpitante de la doctrina social de la Iglesia, ofreci&eacute;ndose a todos los hombres de buena voluntad como un rico patrimonio de principios, criterios e indicaciones, del que extraer la &ldquo;gram&aacute;tica&rdquo; del cuidado: la promoci&oacute;n de la dignidad de toda persona humana, la solidaridad con los pobres y los indefensos, la preocupaci&oacute;n por el bien com&uacute;n y la salvaguardia de la creaci&oacute;n.<\/p>\n<p>\n\t<em><strong>* El cuidado como promoci&oacute;n de la dignidad y de los derechos de la persona<\/strong><\/em><br \/>\n\t&laquo;El concepto de persona, nacido y madurado en el cristianismo, ayuda a perseguir un desarrollo plenamente humano. Porque persona significa siempre relaci&oacute;n, no individualismo, afirma la inclusi&oacute;n y no la exclusi&oacute;n, la dignidad &uacute;nica e inviolable y no la explotaci&oacute;n&raquo; . Cada persona humana es un fin en s&iacute; misma, nunca un simple instrumento que se aprecia s&oacute;lo por su utilidad, y ha sido creada para convivir en la familia, en la comunidad, en la sociedad, donde todos los miembros tienen la misma dignidad. De esta dignidad derivan los derechos humanos, as&iacute; como los deberes, que recuerdan, por ejemplo, la responsabilidad de acoger y ayudar a los pobres, a los enfermos, a los marginados, a cada uno de nuestros &laquo;pr&oacute;jimos, cercanos o lejanos en el tiempo o en el espacio&raquo;.<br \/>\n\t<br \/>\n\t<em><strong>* El cuidado del bien com&uacute;n<\/strong><\/em><br \/>\n\tCada aspecto de la vida social, pol&iacute;tica y econ&oacute;mica encuentra su realizaci&oacute;n cuando est&aacute; al servicio del bien com&uacute;n, es decir del &laquo;conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y cada uno de sus miembros conseguir m&aacute;s plena y f&aacute;cilmente su propia perfecci&oacute;n&raquo; . Por lo tanto, nuestros planes y esfuerzos siempre deben tener en cuenta sus efectos sobre toda la familia humana, sopesando las consecuencias para el momento presente y para las generaciones futuras. La pandemia de Covid-19 nos muestra cu&aacute;n cierto y actual es esto, puesto que &laquo;nos dimos cuenta de que est&aacute;bamos en la misma barca, todos fr&aacute;giles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos&raquo; , porque &laquo;nadie se salva solo&raquo;&nbsp; y ning&uacute;n Estado nacional aislado puede asegurar el bien com&uacute;n de la propia poblaci&oacute;n .<br \/>\n\t<br \/>\n\t<em><strong>* El cuidado mediante la solidaridad<\/strong><\/em><br \/>\n\tLa solidaridad expresa concretamente el amor por el otro, no como un sentimiento vago, sino como &laquo;determinaci&oacute;n firme y perseverante de empe&ntilde;arse por el bien com&uacute;n; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos&raquo; . La solidaridad nos ayuda a ver al otro -entendido como persona o, en sentido m&aacute;s amplio, como pueblo o naci&oacute;n- no como una estad&iacute;stica, o un medio para ser explotado y luego desechado cuando ya no es &uacute;til, sino como nuestro pr&oacute;jimo, compa&ntilde;ero de camino, llamado a participar, como nosotros, en el banquete de la vida al que todos est&aacute;n invitados igualmente por Dios.<\/p>\n<p>\n\t<br \/>\n\t<em><strong>* El cuidado y la protecci&oacute;n de la creaci&oacute;n<\/strong><\/em><\/p>\n<p>\n\tLa enc&iacute;clica Laudato si&rsquo; constata plenamente la interconexi&oacute;n de toda la realidad creada y destaca la necesidad de escuchar al mismo tiempo el clamor de los necesitados y el de la creaci&oacute;n. De esta escucha atenta y constante puede surgir un cuidado eficaz de la tierra, nuestra casa com&uacute;n, y de los pobres. A este respecto, deseo reafirmar que &laquo;no puede ser real un sentimiento de &iacute;ntima uni&oacute;n con los dem&aacute;s seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el coraz&oacute;n no hay ternura, compasi&oacute;n y preocupaci&oacute;n por los seres humanos&raquo; . &laquo;Paz, justicia y conservaci&oacute;n de la creaci&oacute;n son tres temas absolutamente ligados, que no podr&aacute;n apartarse para ser tratados individualmente so pena de caer nuevamente en el reduccionismo&raquo;.<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<h6>\n\t7. La br&uacute;jula para un rumbo com&uacute;n<\/h6>\n<p>\n\tEn una &eacute;poca dominada por la cultura del descarte, frente al agravamiento de las desigualdades dentro de las naciones y entre ellas , quisiera por tanto invitar a los responsables de las organizaciones internacionales y de los gobiernos, del sector econ&oacute;mico y del cient&iacute;fico, de la comunicaci&oacute;n social y de las instituciones educativas a tomar en mano la &ldquo;br&uacute;jula&rdquo; de los principios anteriormente mencionados, para dar un rumbo com&uacute;n al proceso de globalizaci&oacute;n, &laquo;un rumbo realmente humano&raquo; . Esta permitir&iacute;a apreciar el valor y la dignidad de cada persona, actuar juntos y en solidaridad por el bien com&uacute;n, aliviando a los que sufren a causa de la pobreza, la enfermedad, la esclavitud, la discriminaci&oacute;n y los conflictos. A trav&eacute;s de esta br&uacute;jula, animo a todos a convertirse en profetas y testigos de la cultura del cuidado, para superar tantas desigualdades sociales. Y esto ser&aacute; posible s&oacute;lo con un fuerte y amplio protagonismo de las mujeres, en la familia y en todos los &aacute;mbitos sociales, pol&iacute;ticos e institucionales.<\/p>\n<p>\n\tLa br&uacute;jula de los principios sociales, necesaria para promover la cultura del cuidado, es tambi&eacute;n indicativa para las relaciones entre las naciones, que deber&iacute;an inspirarse en la fraternidad, el respeto mutuo, la solidaridad y el cumplimiento del derecho internacional. A este respecto, debe reafirmarse la protecci&oacute;n y la promoci&oacute;n de los derechos humanos fundamentales, que son inalienables, universales e indivisibles .<\/p>\n<p>\n\tTambi&eacute;n cabe mencionar el respeto del derecho humanitario, especialmente en este tiempo en que los conflictos y las guerras se suceden sin interrupci&oacute;n. Lamentablemente, muchas regiones y comunidades ya no recuerdan una &eacute;poca en la que viv&iacute;an en paz y seguridad. Muchas ciudades se han convertido en epicentros de inseguridad: sus habitantes luchan por mantener sus ritmos normales porque son atacados y bombardeados indiscriminadamente por explosivos, artiller&iacute;a y armas ligeras.<\/p>\n<p>\n\tLos ni&ntilde;os no pueden estudiar. Los hombres y las mujeres no pueden trabajar para mantener a sus familias. La hambruna echa ra&iacute;ces donde antes era desconocida. Las personas se ven obligadas a huir, dejando atr&aacute;s no s&oacute;lo sus hogares, sino tambi&eacute;n la historia familiar y las ra&iacute;ces culturales.<\/p>\n<p>\n\tLas causas del conflicto son muchas, pero el resultado es siempre el mismo: destrucci&oacute;n y crisis humanitaria. Debemos detenernos y preguntarnos: &iquest;qu&eacute; ha llevado a la normalizaci&oacute;n de los conflictos en el mundo? Y, sobre todo, &iquest;c&oacute;mo podemos convertir nuestro coraz&oacute;n y cambiar nuestra mentalidad para buscar verdaderamente la paz en solidaridad y fraternidad?<\/p>\n<p>\n\tCu&aacute;nto derroche de recursos hay para las armas, en particular para las nucleares , recursos que podr&iacute;an utilizarse para prioridades m&aacute;s importantes a fin de garantizar la seguridad de las personas, como la promoci&oacute;n de la paz y del desarrollo humano integral, la lucha contra la pobreza y la satisfacci&oacute;n de las necesidades de salud. Adem&aacute;s, esto se manifiesta a causa de los problemas mundiales como la actual pandemia de Covid-19 y el cambio clim&aacute;tico. Qu&eacute; valiente decisi&oacute;n ser&iacute;a &laquo;constituir con el dinero que se usa en armas y otros gastos militares &ldquo;un Fondo mundial&rdquo; para poder derrotar definitivamente el hambre y ayudar al desarrollo de los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres&raquo;.<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<h6>\n\t8. Para educar a la cultura del cuidado<\/h6>\n<p>\n\tLa promoci&oacute;n de la cultura del cuidado requiere un proceso educativo y la br&uacute;jula de los principios sociales se plantea con esta finalidad, como un instrumento fiable para diferentes contextos relacionados entre s&iacute;. Me gustar&iacute;a ofrecer algunos ejemplos al respecto.<\/p>\n<p>\n\t- La educaci&oacute;n para el cuidado nace en la familia, n&uacute;cleo natural y fundamental de la sociedad, donde se aprende a vivir en relaci&oacute;n y en respeto mutuo. Sin embargo, es necesario poner a la familia en condiciones de cumplir esta tarea vital e indispensable.<br \/>\n\t<br \/>\n\t- Siempre en colaboraci&oacute;n con la familia, otros sujetos encargados de la educaci&oacute;n son la escuela y la universidad y, de igual manera, en ciertos aspectos, los agentes de la comunicaci&oacute;n social . Dichos sujetos est&aacute;n llamados a transmitir un sistema de valores basado en el reconocimiento de la dignidad de cada persona, de cada comunidad ling&uuml;&iacute;stica, &eacute;tnica y religiosa, de cada pueblo y de los derechos fundamentales que derivan de estos. La educaci&oacute;n constituye uno de los pilares m&aacute;s justos y solidarios de la sociedad.<br \/>\n\t<br \/>\n\t- Las religiones en general, y los l&iacute;deres religiosos en particular, pueden desempe&ntilde;ar un papel insustituible en la transmisi&oacute;n a los fieles y a la sociedad de los valores de la solidaridad, el respeto a las diferencias, la acogida y el cuidado de los hermanos y hermanas m&aacute;s fr&aacute;giles. A este respecto, recuerdo las palabras del Papa Pablo VI dirigidas al Parlamento ugand&eacute;s en 1969: &laquo;No tem&aacute;is a la Iglesia. Ella os honra, os forma ciudadanos honrados y leales, no fomenta rivalidades ni divisiones, trata de promover la sana libertad, la justicia social, la paz; si tiene alguna preferencia es para los pobres, para la educaci&oacute;n de los peque&ntilde;os y del pueblo, para la asistencia a los abandonados y a cuantos sufren&raquo; .<br \/>\n\t<br \/>\n\t- A todos los que est&aacute;n comprometidos al servicio de las poblaciones, en las organizaciones internacionales gubernamentales y no gubernamentales, que desempe&ntilde;an una misi&oacute;n educativa, y a todos los que, de diversas maneras, trabajan en el campo de la educaci&oacute;n y la investigaci&oacute;n, los animo nuevamente, para que se logre el objetivo de una educaci&oacute;n &laquo;m&aacute;s abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del di&aacute;logo constructivo y de la mutua comprensi&oacute;n&raquo;. Espero que esta invitaci&oacute;n, hecha en el contexto del Pacto educativo global, reciba un amplio y renovado apoyo.<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<h6>\n\t9. No hay paz sin la cultura del cuidado<\/h6>\n<p>\n\tLa cultura del cuidado, como compromiso com&uacute;n, solidario y participativo para proteger y promover la dignidad y el bien de todos, como una disposici&oacute;n al cuidado, a la atenci&oacute;n, a la compasi&oacute;n, a la reconciliaci&oacute;n y a la recuperaci&oacute;n, al respeto y a la aceptaci&oacute;n mutuos, es un camino privilegiado para construir la paz. &laquo;En muchos lugares del mundo hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar las heridas, se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanaci&oacute;n y de reencuentro con ingenio y audacia&raquo; .<\/p>\n<p>\n\tEn este tiempo, en el que la barca de la humanidad, sacudida por la tempestad de la crisis, avanza con dificultad en busca de un horizonte m&aacute;s tranquilo y sereno, el tim&oacute;n de la dignidad de la persona humana y la &ldquo;br&uacute;jula&rdquo; de los principios sociales fundamentales pueden permitirnos navegar con un rumbo seguro y com&uacute;n. Como cristianos, fijemos nuestra mirada en la Virgen Mar&iacute;a, Estrella del Mar y Madre de la Esperanza. Trabajemos todos juntos para avanzar hacia un nuevo horizonte de amor y paz, de fraternidad y solidaridad, de apoyo mutuo y acogida. No cedamos a la tentaci&oacute;n de desinteresarnos de los dem&aacute;s, especialmente de los m&aacute;s d&eacute;biles; no nos acostumbremos a desviar la mirada , sino compromet&aacute;monos cada d&iacute;a concretamente para &laquo;formar una comunidad compuesta de hermanos que se acogen rec&iacute;procamente y se preocupan los unos de los otros&raquo;.<\/p>\n<p>\n\tVaticano, 8 de diciembre de 2020<\/p>\n<p>\n\tFrancisco<\/p>\r\n\r\n\"La cultura del cuidado como camino de paz. 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