{"id":530,"date":"2019-12-12T12:27:22","date_gmt":"2019-12-12T11:27:22","guid":{"rendered":"http:\/\/mondonedoferrol.vl23498.dinaserver.com\/mensaje-del-papa-en-la-jornada-mundial-de-la-paz-2020\/"},"modified":"2022-08-10T10:43:36","modified_gmt":"2022-08-10T08:43:36","slug":"","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/mondonedoferrol.org\/gl\/mensaje-del-papa-en-la-jornada-mundial-de-la-paz-2020\/","title":{"rendered":"","raw":""},"content":{"rendered":"","protected":false,"raw":""},"excerpt":{"rendered":"","protected":false,"raw":""},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_es_post_content":"La paz como camino de esperanza: di\u00e1logo, reconciliaci\u00f3n  y conversi\u00f3n ecol\u00f3gica\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n\r\nMi\u00e9rcoles 1 de enero de 2020\r\n\r\n<p>\n\t<strong>1. LA PAZ, CAMINO DE ESPERANZA ANTE LOS OBST&Aacute;CULOS Y LAS PRUEBAS<\/strong><\/p>\n<p>\n\tLa paz, como objeto de nuestra esperanza, es un bien precioso, al que aspira toda la humanidad. Esperar en la paz es una actitud humana que contiene una tensi&oacute;n existencial, y de este modo cualquier situaci&oacute;n dif&iacute;cil &laquo;se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino&raquo;[1].&nbsp; En este sentido, la esperanza es la virtud que nos pone en camino, nos da alas para avanzar, incluso cuando los obst&aacute;culos parecen insuperables.<\/p>\n<p>\n\tNuestra comunidad humana lleva, en la memoria y en la carne, los signos de las guerras y de los conflictos que se han producido, con una capacidad destructiva creciente, y que no dejan de afectar especialmente a los m&aacute;s pobres y a los m&aacute;s d&eacute;biles. Naciones enteras se afanan tambi&eacute;n por liberarse de las cadenas de la explotaci&oacute;n y de la corrupci&oacute;n, que alimentan el odio y la violencia. Todav&iacute;a hoy, a tantos hombres y mujeres, ni&ntilde;os y ancianos se les niega la dignidad, la integridad f&iacute;sica, la libertad, incluida la libertad religiosa, la solidaridad comunitaria, la esperanza en el futuro. Muchas v&iacute;ctimas inocentes cargan sobre s&iacute; el tormento de la humillaci&oacute;n y la exclusi&oacute;n, del duelo y la injusticia, por no decir los traumas resultantes del ensa&ntilde;amiento sistem&aacute;tico contra su pueblo y sus seres queridos.<\/p>\n<p>\n\tLas terribles pruebas de los conflictos civiles e internacionales, a menudo agravados por la violencia sin piedad, marcan durante mucho tiempo el cuerpo y el alma de la humanidad. En realidad, toda guerra se revela como un fratricidio que destruye el mismo proyecto de fraternidad, inscrito en la vocaci&oacute;n de la familia humana.<\/p>\n<p>\n\tSabemos que la guerra a menudo comienza por la intolerancia a la diversidad del otro, lo que fomenta el deseo de posesi&oacute;n y la voluntad de dominio. Nace en el coraz&oacute;n del hombre por el ego&iacute;smo y la soberbia, por el odio que instiga a destruir, a encerrar al otro en una imagen negativa, a excluirlo y eliminarlo. La guerra se nutre de la perversi&oacute;n de las relaciones, de las ambiciones hegem&oacute;nicas, de los abusos de poder, del miedo al otro y la diferencia vista como un obst&aacute;culo; y al mismo tiempo alimenta todo esto.<\/p>\n<p>\n\tEs parad&oacute;jico, como se&ntilde;al&eacute; durante el&nbsp;reciente viaje a Jap&oacute;n, que &laquo;nuestro mundo vive la perversa dicotom&iacute;a de querer defender y garantizar la estabilidad y la paz en base a una falsa seguridad sustentada por una mentalidad de miedo y desconfianza, que termina por envenenar las relaciones entre pueblos e impedir todo posible di&aacute;logo. La paz y la estabilidad internacional son incompatibles con todo intento de fundarse sobre el miedo a la mutua destrucci&oacute;n o sobre una amenaza de aniquilaci&oacute;n total; s&oacute;lo es posible desde una &eacute;tica global de solidaridad y cooperaci&oacute;n al servicio de un futuro plasmado por la interdependencia y la corresponsabilidad entre toda la familia humana de hoy y de ma&ntilde;ana&raquo;[2].<\/p>\n<p>\n\tCualquier situaci&oacute;n de amenaza alimenta la desconfianza y el repliegue en la propia condici&oacute;n. La desconfianza y el miedo aumentan la fragilidad de las relaciones y el riesgo de violencia, en un c&iacute;rculo vicioso que nunca puede conducir a una relaci&oacute;n de paz. En este sentido, incluso la disuasi&oacute;n nuclear no puede crear m&aacute;s que una seguridad ilusoria.<\/p>\n<p>\n\tPor lo tanto, no podemos pretender que se mantenga la estabilidad en el mundo a trav&eacute;s del miedo a la aniquilaci&oacute;n, en un equilibrio altamente inestable, suspendido al borde del abismo nuclear y encerrado dentro de los muros de la indiferencia, en el que se toman decisiones socioecon&oacute;micas, que abren el camino a los dramas del descarte del hombre y de la creaci&oacute;n, en lugar de protegerse los unos a los otros[3].&nbsp;Entonces, &iquest;c&oacute;mo construir un camino de paz y reconocimiento mutuo? &iquest;C&oacute;mo romper la l&oacute;gica morbosa de la amenaza y el miedo? &iquest;C&oacute;mo acabar con la din&aacute;mica de desconfianza que prevalece actualmente?<\/p>\n<p>\n\tDebemos buscar una verdadera fraternidad, que est&eacute; basada sobre nuestro origen com&uacute;n en Dios y ejercida en el di&aacute;logo y la confianza rec&iacute;proca. El deseo de paz est&aacute; profundamente inscrito en el coraz&oacute;n del hombre y no debemos resignarnos a nada menos que esto.<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<p>\n\t<strong>2. LA PAZ, CAMINO DE ESCUCHA BASADO EN LA MEMORIA, EN LA SOLIDARIDAD Y EN LA FRATERNIDAD<\/strong><\/p>\n<p>\n\tLos&nbsp;Hibakusha, los sobrevivientes de los bombardeos at&oacute;micos de Hiroshima y Nagasaki, se encuentran entre quienes mantienen hoy viva la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedi&oacute; en agosto de 1945 y el sufrimiento indescriptible que contin&uacute;a hasta nuestros d&iacute;as. Su testimonio despierta y preserva de esta manera el recuerdo de las v&iacute;ctimas, para que la conciencia humana se fortalezca cada vez m&aacute;s contra todo deseo de dominaci&oacute;n y destrucci&oacute;n: &laquo;No podemos permitir que las actuales y nuevas generaciones pierdan la memoria de lo acontecido, esa memoria que es garante y est&iacute;mulo para construir un futuro m&aacute;s justo y m&aacute;s fraterno&raquo;[4].<\/p>\n<p>\n\tComo ellos, muchos ofrecen en todo el mundo a las generaciones futuras el servicio esencial de la memoria, que debe mantenerse no s&oacute;lo para evitar cometer nuevamente los mismos errores o para que no se vuelvan a proponer los esquemas ilusorios del pasado, sino tambi&eacute;n para que esta, fruto de la experiencia, constituya la ra&iacute;z y sugiera el camino para las decisiones de paz presentes y futuras.<\/p>\n<p>\n\tLa memoria es, a&uacute;n m&aacute;s, el horizonte de la esperanza: muchas veces, en la oscuridad de guerras y conflictos, el recuerdo de un peque&ntilde;o gesto de solidaridad recibido puede inspirar tambi&eacute;n opciones valientes e incluso heroicas, puede poner en marcha nuevas energ&iacute;as y reavivar una nueva esperanza tanto en los individuos como en las comunidades.<\/p>\n<p>\n\tAbrir y trazar un camino de paz es un desaf&iacute;o muy complejo, en cuanto los intereses que est&aacute;n en juego en las relaciones entre personas, comunidades y naciones son m&uacute;ltiples y contradictorios. En primer lugar, es necesario apelar a la conciencia moral y a la voluntad personal y pol&iacute;tica. La paz, en efecto, brota de las profundidades del coraz&oacute;n humano y la voluntad pol&iacute;tica siempre necesita revitalizaci&oacute;n, para abrir nuevos procesos que reconcilien y unan a las personas y las comunidades.<\/p>\n<p>\n\tEl mundo no necesita palabras vac&iacute;as, sino testigos convencidos, artesanos de la paz abiertos al di&aacute;logo sin exclusi&oacute;n ni manipulaci&oacute;n. De hecho, no se puede realmente alcanzar la paz a menos que haya un di&aacute;logo convencido de hombres y mujeres que busquen la verdad m&aacute;s all&aacute; de las ideolog&iacute;as y de las opiniones diferentes. La paz &laquo;debe edificarse continuamente&raquo;[5],&nbsp;un camino que hacemos juntos buscando siempre el bien com&uacute;n y comprometi&eacute;ndonos a cumplir nuestra palabra y respetar las leyes. El conocimiento y la estima por los dem&aacute;s tambi&eacute;n pueden crecer en la escucha mutua, hasta el punto de reconocer en el enemigo el rostro de un hermano.<\/p>\n<p>\n\tPor tanto, el proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo. Es un trabajo paciente que busca la verdad y la justicia, que honra la memoria de las v&iacute;ctimas y que se abre, paso a paso, a una esperanza com&uacute;n, m&aacute;s fuerte que la venganza. En un Estado de derecho, la democracia puede ser un paradigma significativo de este proceso, si se basa en la justicia y en el compromiso de salvaguardar los derechos de cada uno, especialmente si es d&eacute;bil o marginado, en la b&uacute;squeda continua de la verdad[6].&nbsp;Es una construcci&oacute;n social y una tarea en progreso, en la que cada uno contribuye responsablemente a todos los niveles de la comunidad local, nacional y mundial.<\/p>\n<p>\n\tComo resaltaba san&nbsp;Pablo VI: &laquo;La doble aspiraci&oacute;n hacia la igualdad y la participaci&oacute;n trata de promover un tipo de sociedad democr&aacute;tica. [&hellip;] Esto indica la importancia de la educaci&oacute;n para la vida en sociedad, donde, adem&aacute;s de la informaci&oacute;n sobre los derechos de cada uno, sea recordado su necesario correlativo: el reconocimiento de los deberes de cada uno de cara a los dem&aacute;s; el sentido y la pr&aacute;ctica del deber est&aacute;n mutuamente condicionados por el dominio de s&iacute;, la aceptaci&oacute;n de las responsabilidades y de los l&iacute;mites puestos al ejercicio de la libertad de la persona individual o del grupo&raquo;[7].<\/p>\n<p>\n\tPor el contrario, la brecha entre los miembros de una sociedad, el aumento de las desigualdades sociales y la negativa a utilizar las herramientas para el desarrollo humano integral ponen en peligro la b&uacute;squeda del bien com&uacute;n. En cambio, el trabajo paciente basado en el poder de la palabra y la verdad puede despertar en las personas la capacidad de compasi&oacute;n y solidaridad creativa.<\/p>\n<p>\n\tEn nuestra experiencia cristiana, recordamos constantemente a Cristo, quien dio su vida por nuestra reconciliaci&oacute;n (cf.&nbsp;Rm&nbsp;5,6-11). La Iglesia participa plenamente en la b&uacute;squeda de un orden justo, y contin&uacute;a sirviendo al bien com&uacute;n y alimentando la esperanza de paz a trav&eacute;s de la transmisi&oacute;n de los valores cristianos, la ense&ntilde;anza moral y las obras sociales y educativas.<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<p>\n\t<strong>3. LA PAZ, CAMINO DE RECONCILIACI&Oacute;N EN LA COMUNI&Oacute;N FRATERNA<\/strong><\/p>\n<p>\n\tLa Biblia, de una manera particular a trav&eacute;s de la palabra de los profetas, llama a las conciencias y a los pueblos a la alianza de Dios con la humanidad. Se trata de abandonar el deseo de dominar a los dem&aacute;s y aprender a verse como personas, como hijos de Dios, como hermanos. Nunca se debe encasillar al otro por lo que pudo decir o hacer, sino que debe ser considerado por la promesa que lleva dentro de &eacute;l. S&oacute;lo eligiendo el camino del respeto ser&aacute; posible romper la espiral de venganza y emprender el camino de la esperanza.<\/p>\n<p>\n\tNos gu&iacute;a el pasaje del Evangelio que muestra el siguiente di&aacute;logo entre Pedro y Jes&uacute;s: &laquo;&ldquo;Se&ntilde;or, si mi hermano me ofende, &iquest;cu&aacute;ntas veces tengo que perdonarlo? &iquest;Hasta siete veces?&rdquo;. Jes&uacute;s le contesta: &ldquo;No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete&rdquo;&raquo; (Mt&nbsp;18,21-22). Este camino de reconciliaci&oacute;n nos llama a encontrar en lo m&aacute;s profundo de nuestros corazones la fuerza del perd&oacute;n y la capacidad de reconocernos como hermanos y hermanas. Aprender a vivir en el perd&oacute;n aumenta nuestra capacidad de convertirnos en mujeres y hombres de paz.<\/p>\n<p>\n\tLo que afirmamos de la paz en el &aacute;mbito social vale tambi&eacute;n en lo pol&iacute;tico y econ&oacute;mico, puesto que la cuesti&oacute;n de la paz impregna todas las dimensiones de la vida comunitaria: nunca habr&aacute; una paz verdadera a menos que seamos capaces de construir un sistema econ&oacute;mico m&aacute;s justo. Como escribi&oacute; hace diez a&ntilde;os&nbsp;Benedicto XVI&nbsp;en la Carta enc&iacute;clica&nbsp;Caritas in veritate: &laquo;La victoria sobre el subdesarrollo requiere actuar no s&oacute;lo en la mejora de las transacciones basadas en la compraventa, o en las transferencias de las estructuras asistenciales de car&aacute;cter p&uacute;blico, sino sobre todo en la apertura progresiva en el contexto mundial a formas de actividad econ&oacute;mica caracterizada por ciertos m&aacute;rgenes de gratuidad y comuni&oacute;n&raquo; (n. 39).<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<p>\n\t<strong>4. LA PAZ, CAMINO DE CONVERSI&Oacute;N ECOL&Oacute;GICA<\/strong><\/p>\n<p>\n\t&laquo;Si una mala comprensi&oacute;n de nuestros propios principios a veces nos ha llevado a justificar el maltrato a la naturaleza o el dominio desp&oacute;tico del ser humano sobre lo creado o las guerras, la injusticia y la violencia, los creyentes podemos reconocer que de esa manera hemos sido infieles al tesoro de sabidur&iacute;a que deb&iacute;amos custodiar&raquo;[8].<\/p>\n<p>\n\tAnte las consecuencias de nuestra hostilidad hacia los dem&aacute;s, la falta de respeto por la casa com&uacute;n y la explotaci&oacute;n abusiva de los recursos naturales &mdash;vistos como herramientas &uacute;tiles &uacute;nicamente para el beneficio inmediato, sin respeto por las comunidades locales, por el bien com&uacute;n y por la naturaleza&mdash;, necesitamos una conversi&oacute;n ecol&oacute;gica.<\/p>\n<p>\n\tEl reciente S&iacute;nodo sobre la Amazonia nos lleva a renovar la llamada a una relaci&oacute;n pac&iacute;fica entre las comunidades y la tierra, entre el presente y la memoria, entre las experiencias y las esperanzas.<\/p>\n<p>\n\tEste camino de reconciliaci&oacute;n es tambi&eacute;n escucha y contemplaci&oacute;n del mundo que Dios nos dio para convertirlo en nuestra casa com&uacute;n. De hecho, los recursos naturales, las numerosas formas de vida y la tierra misma se nos conf&iacute;an para ser &ldquo;cultivadas y preservadas&rdquo; (cf.&nbsp;Gn&nbsp;2,15) tambi&eacute;n para las generaciones futuras, con la participaci&oacute;n responsable y activa de cada uno. Adem&aacute;s, necesitamos un cambio en las convicciones y en la mirada, que nos abra m&aacute;s al encuentro con el otro y a la acogida del don de la creaci&oacute;n, que refleja la belleza y la sabidur&iacute;a de su Hacedor.<\/p>\n<p>\n\tDe aqu&iacute; surgen, en particular, motivaciones profundas y una nueva forma de vivir en la casa com&uacute;n, de encontrarse unos con otros desde la propia diversidad, de celebrar y respetar la vida recibida y compartida, de preocuparse por las condiciones y modelos de sociedad que favorecen el florecimiento y la permanencia de la vida en el futuro, de incrementar el bien com&uacute;n de toda la familia humana.<\/p>\n<p>\n\tPor lo tanto, la conversi&oacute;n ecol&oacute;gica a la que apelamos nos lleva a tener una nueva mirada sobre la vida, considerando la generosidad del Creador que nos dio la tierra y que nos recuerda la alegre sobriedad de compartir. Esta conversi&oacute;n debe entenderse de manera integral, como una transformaci&oacute;n de las relaciones que tenemos con nuestros hermanos y hermanas, con los otros seres vivos, con la creaci&oacute;n en su variedad tan rica, con el Creador que es el origen de toda vida. Para el cristiano, esta pide &laquo;dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea&raquo;[9].<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<p>\n\t<strong>5. SE ALCANZA TANTO CUANTO SE ESPERA<\/strong> [10]<\/p>\n<p>\n\tEl camino de la reconciliaci&oacute;n requiere paciencia y confianza. La paz no se logra si no se la espera.<\/p>\n<p>\n\tEn primer lugar, se trata de creer en la posibilidad de la paz, de creer que el otro tiene nuestra misma necesidad de paz. En esto, podemos inspirarnos en el amor de Dios por cada uno de nosotros, un amor liberador, ilimitado, gratuito e incansable.<\/p>\n<p>\n\tEl miedo es a menudo una fuente de conflicto. Por lo tanto, es importante ir m&aacute;s all&aacute; de nuestros temores humanos, reconoci&eacute;ndonos hijos necesitados, ante Aquel que nos ama y nos espera, como el Padre del hijo pr&oacute;digo (cf.&nbsp;Lc&nbsp;15,11-24). La cultura del encuentro entre hermanos y hermanas rompe con la cultura de la amenaza. Hace que cada encuentro sea una posibilidad y un don del generoso amor de Dios. Nos gu&iacute;a a ir m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites de nuestros estrechos horizontes, a aspirar siempre a vivir la fraternidad universal, como hijos del &uacute;nico Padre celestial.<\/p>\n<p>\n\tPara los disc&iacute;pulos de Cristo, este camino est&aacute; sostenido tambi&eacute;n por el sacramento de la Reconciliaci&oacute;n, que el Se&ntilde;or nos dej&oacute; para la remisi&oacute;n de los pecados de los bautizados. Este sacramento de la Iglesia, que renueva a las personas y a las comunidades, nos llama a mantener la mirada en Jes&uacute;s, que ha reconciliado &laquo;todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz&raquo; (Col&nbsp;1,20); y nos pide que depongamos cualquier violencia en nuestros pensamientos, palabras y acciones, tanto hacia nuestro pr&oacute;jimo como hacia la creaci&oacute;n.<\/p>\n<p>\n\tLa gracia de Dios Padre se da como amor sin condiciones. Habiendo recibido su perd&oacute;n, en Cristo, podemos ponernos en camino para ofrecerlo a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. D&iacute;a tras d&iacute;a, el Esp&iacute;ritu Santo nos sugiere actitudes y palabras para que nos convirtamos en artesanos de la justicia y la paz.<\/p>\n<p>\n\tQue el Dios de la paz nos bendiga y venga en nuestra ayuda.<\/p>\n<p>\n\tQue Mar&iacute;a, Madre del Pr&iacute;ncipe de la paz y Madre de todos los pueblos de la tierra, nos acompa&ntilde;e y nos sostenga en el camino de la reconciliaci&oacute;n, paso a paso.<\/p>\n<p>\n\tY que cada persona que venga a este mundo pueda conocer una existencia de paz y desarrollar plenamente la promesa de amor y vida que lleva consigo.<\/p>\n<p>\n\tVaticano, 8 de diciembre de 2019<\/p>\n<p>\n\tFrancisco<\/p>\n<p>\n\t_________________________________________________________<\/p>\n<p>\n\t<small>[1]&nbsp;Benedicto XVI, Carta enc.&nbsp;Spe salvi&nbsp;(30 noviembre 2007), 1.<\/small><\/p>\n<p>\n\t<small>[2]&nbsp;Discurso sobre las armas nucleares, Nagasaki, Parque del epicentro de la bomba at&oacute;mica, 24 noviembre 2019.<\/small><\/p>\n<p>\n\t<small>[3]&nbsp;Cf.&nbsp;Homil&iacute;a en Lampedusa, 8 julio 2013.<\/small><\/p>\n<p>\n\t<small>[4]&nbsp;Encuentro por la paz, Hiroshima, Memorial de la Paz, 24 noviembre 2019.<\/small><\/p>\n<p>\n\t<small>[5]&nbsp;Conc. Ecum. Vat. II, Const. past.&nbsp;Gaudium et spes, 78.<\/small><\/p>\n<p>\n\t<small>[6]&nbsp;Cf. Benedicto XVI,&nbsp;Discurso a los dirigentes de las asociaciones cristianas de trabajadores italianos, 27 enero 2006.<\/small><\/p>\n<p>\n\t<small>[7]&nbsp;Carta. ap.&nbsp;Octogesima adveniens&nbsp;(14 mayo 1971), 24.<\/small><\/p>\n<p>\n\t<small>[8]&nbsp;Carta enc.&nbsp;Laudato si&rsquo;&nbsp;(24 mayo 2015),&nbsp;200.<\/small><\/p>\n<p>\n\t<small>[9]&nbsp;Ib&iacute;d., 217.<\/small><\/p>\n<p>\n\t<small>[10]&nbsp;Cf. S. Juan de la Cruz,&nbsp;Noche Oscura, II, 21, 8.<\/small><\/p>\r\n\r\n\"Este camino de reconciliaci\u00f3n es tambi\u00e9n escucha y contemplaci\u00f3n del mundo que Dios nos dio para convertirlo en nuestra casa com\u00fan\"","_es_post_name":"mensaje-del-papa-en-la-jornada-mundial-de-la-paz-2020","_es_post_excerpt":"","_es_post_title":"Mensaje del Papa en la Jornada Mundial de la Paz 2020","_gl_post_content":"","_gl_post_name":"","_gl_post_excerpt":"","_gl_post_title":"","edit_language":"gl","footnotes":""},"categories":[65,2,5,20],"tags":[],"class_list":{"0":"post-530","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-actualidad","7":"category-noticias","8":"category-noticias-por-fecha","9":"category-santa-sede"},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Mensaje del Papa en la Jornada Mundial de la Paz 2020 - Di\u00f3cesis de Mondo\u00f1edo - Ferrol @mondonedoferrol<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/mondonedoferrol.org\/mensaje-del-papa-en-la-jornada-mundial-de-la-paz-2020\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"gl_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Mensaje del Papa en la Jornada Mundial de la Paz 2020 - Di\u00f3cesis de Mondo\u00f1edo - Ferrol @mondonedoferrol\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"La paz como camino de esperanza: di\u00e1logo, reconciliaci\u00f3n y conversi\u00f3n ecol\u00f3gica Mi\u00e9rcoles 1 de enero de 2020 1. 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