{"id":677,"date":"2019-02-26T09:08:56","date_gmt":"2019-02-26T08:08:56","guid":{"rendered":"http:\/\/mondonedoferrol.vl23498.dinaserver.com\/mensaje-del-papa-francisco-para-la-cuaresma-2019\/"},"modified":"2022-08-10T10:44:01","modified_gmt":"2022-08-10T08:44:01","slug":"","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/mondonedoferrol.org\/gl\/mensaje-del-papa-francisco-para-la-cuaresma-2019\/","title":{"rendered":"","raw":""},"content":{"rendered":"","protected":false,"raw":""},"excerpt":{"rendered":"","protected":false,"raw":""},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_es_post_content":"'La creaci\u00f3n, expectante, est\u00e1 aguardando la manifestaci\u00f3n de los hijos de Dios' (Rm 8,19)\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n\r\n<p>\n\tQueridos hermanos y hermanas:<br \/>\n\t<br \/>\n\tCada a&ntilde;o, a trav&eacute;s de la Madre Iglesia, Dios &laquo;concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que [&hellip;] por la celebraci&oacute;n de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios&raquo; (Prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvaci&oacute;n que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: &laquo;Pues hemos sido salvados en esperanza&raquo; (Rm 8,24). Este misterio de salvaci&oacute;n, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso din&aacute;mico que incluye tambi&eacute;n a la historia y a toda la creaci&oacute;n. San Pablo llega a decir: &laquo;La creaci&oacute;n, expectante, est&aacute; aguardando la manifestaci&oacute;n de los hijos de Dios&raquo; (Rm 8,19). Desde esta perspectiva querr&iacute;a sugerir algunos puntos de reflexi&oacute;n, que acompa&ntilde;en nuestro camino de conversi&oacute;n en la pr&oacute;xima Cuaresma.<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<h6>\n\t1. La redenci&oacute;n de la creaci&oacute;n<\/h6>\n<p>\n\tLa celebraci&oacute;n del Triduo Pascual de la pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo, culmen del a&ntilde;o lit&uacute;rgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparaci&oacute;n, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios.<\/p>\n<p>\n\tSi el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Esp&iacute;ritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en pr&aacute;ctica la ley de Dios, comenzando por la que est&aacute; inscrita en su coraz&oacute;n y en la naturaleza, beneficia tambi&eacute;n a la creaci&oacute;n, cooperando en su redenci&oacute;n. Por esto, la creaci&oacute;n &mdash;dice san Pablo&mdash; desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jes&uacute;s disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduraci&oacute;n completa en la redenci&oacute;n del mismo cuerpo humano. Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos &mdash;esp&iacute;ritu, alma y cuerpo&mdash;, estos alaban a Dios y, con la oraci&oacute;n, la contemplaci&oacute;n y el arte hacen part&iacute;cipes de ello tambi&eacute;n a las criaturas, como demuestra de forma admirable el &ldquo;C&aacute;ntico del hermano sol&rdquo; de san Francisco de As&iacute;s (cf. Enc. Laudato si&rsquo;, 87). Sin embargo, en este mundo la armon&iacute;a generada por la redenci&oacute;n est&aacute; amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte.<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<h6>\n\t2. La fuerza destructiva del pecado<\/h6>\n<p>\n\tEfectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el pr&oacute;jimo y las dem&aacute;s criaturas &mdash;y tambi&eacute;n hacia nosotros mismos&mdash;, al considerar, m&aacute;s o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca. Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los l&iacute;mites que nuestra condici&oacute;n humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabidur&iacute;a se atribuyen a los imp&iacute;os, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11). Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrecci&oacute;n, est&aacute; claro que la l&oacute;gica del todo y ya, del tener cada vez m&aacute;s acaba por imponerse.<\/p>\n<p>\n\tComo sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparici&oacute;n entre los hombres interrumpi&oacute; la comuni&oacute;n con Dios, con los dem&aacute;s y con la creaci&oacute;n, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo. El hecho de que se haya roto la comuni&oacute;n con Dios, tambi&eacute;n ha da&ntilde;ado la relaci&oacute;n armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que est&aacute;n llamados a vivir, de manera que el jard&iacute;n se ha transformado en un desierto (cf. Gn 3,17-18). Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creaci&oacute;n, a sentirse su due&ntilde;o absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio inter&eacute;s, en detrimento de las criaturas y de los dem&aacute;s.<br \/>\n\t<br \/>\n\tCuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del m&aacute;s fuerte sobre el m&aacute;s d&eacute;bil. El pecado que anida en el coraz&oacute;n del hombre (cf. Mc 7,20-23) &mdash;y se manifiesta como avidez, af&aacute;n por un bienestar desmedido, desinter&eacute;s por el bien de los dem&aacute;s y a menudo tambi&eacute;n por el propio&mdash; lleva a la explotaci&oacute;n de la creaci&oacute;n, de las personas y del medio ambiente, seg&uacute;n la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o despu&eacute;s acabar&aacute; por destruir incluso a quien vive bajo su dominio.<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<h6>\n\t3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perd&oacute;n<\/h6>\n<p>\n\tPor esto, la creaci&oacute;n tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una &ldquo;nueva creaci&oacute;n&rdquo;: &laquo;Si alguno est&aacute; en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo&raquo; (2 Co 5,17). En efecto, manifest&aacute;ndose, tambi&eacute;n la creaci&oacute;n puede &ldquo;celebrar la Pascua&rdquo;: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap 21,1). Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro coraz&oacute;n de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversi&oacute;n y el perd&oacute;n, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.<\/p>\n<p>\n\tEsta &ldquo;impaciencia&rdquo;, esta expectaci&oacute;n de la creaci&oacute;n encontrar&aacute; cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisi&oacute;n el &ldquo;trabajo&rdquo; que supone la conversi&oacute;n. Toda la creaci&oacute;n est&aacute; llamada a salir, junto con nosotros, &laquo;de la esclavitud de la corrupci&oacute;n para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios&raquo; (Rm 8,21). La Cuaresma es signo sacramental de esta conversi&oacute;n, es una llamada a los cristianos a encarnar m&aacute;s intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oraci&oacute;n y la limosna.<br \/>\n\t<br \/>\n\tAyunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los dem&aacute;s y con las criaturas: de la tentaci&oacute;n de &ldquo;devorarlo&rdquo; todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vac&iacute;o de nuestro coraz&oacute;n. Orar para saber renunciar a la idolatr&iacute;a y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Se&ntilde;or y de su misericordia. Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que as&iacute; nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar as&iacute; la alegr&iacute;a del proyecto que Dios ha puesto en la creaci&oacute;n y en nuestro coraz&oacute;n, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.<br \/>\n\t<br \/>\n\tQueridos hermanos y hermanas, la &ldquo;Cuaresma&rdquo; del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creaci&oacute;n para hacer que volviese a ser aquel jard&iacute;n de la comuni&oacute;n con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3). Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar tambi&eacute;n la esperanza de Cristo a la creaci&oacute;n, que &laquo;ser&aacute; liberada de la esclavitud de la corrupci&oacute;n para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios&raquo; (Rm 8,21). No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversi&oacute;n. Abandonemos el ego&iacute;smo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirij&aacute;monos a la Pascua de Jes&uacute;s; hag&aacute;monos pr&oacute;jimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. As&iacute;, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora tambi&eacute;n sobre la creaci&oacute;n.<br \/>\n\t<br \/>\n\t<small>Vaticano, 4 de octubre de 2018<br \/>\n\tFiesta de san Francisco de As&iacute;s<\/small><br \/>\n\t<br \/>\n\t_____________________________________________<br \/>\n\t<br \/>\n\t<br \/>\n\tQuridos irm&aacute;ns e irm&aacute;s:<br \/>\n\t<br \/>\n\tCada ano, a trav&eacute;s da Nai Igrexa, Deus &laquo;conc&eacute;delles aos seus fillos anhelar, co gozo de t&eacute;rmonos purificado, a solemnidade da Pascua, para que [&hellip;] pola celebraci&oacute;n dos misterios que nos deron nova vida, cheguemos a ser con plenitude fillos de Deus (Prefacio I de Coresma). Deste xeito podemos cami&ntilde;ar, de Pascua en Pascua, ata o cumprimento daquela salvaci&oacute;n que xa recibimos grazas ao misterio pascual de Cristo: &laquo;Pois &eacute; en esperanza como estamos salvados&raquo; (Rm 8,24). Este misterio de salvaci&oacute;n, que xa obra en n&oacute;s durante a vida terrea, &eacute; un proceso din&aacute;mico que incl&uacute;e tam&eacute;n &aacute; historia e a toda a creaci&oacute;n. San Paulo chega a dicir: &laquo;A esperanza viva da creaci&oacute;n agarda arelante a revelaci&oacute;n dos fillos de Deus&raquo; (Rm 8,19). Dende esta perspectiva quixer suxerir alg&uacute;ns puntos de reflexi&oacute;n, que acompa&ntilde;en o noso cami&ntilde;o de conversi&oacute;n na pr&oacute;xima Coresma.<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<h6>\n\t1. A redenci&oacute;n da creaci&oacute;n<\/h6>\n<p>\n\tA celebraci&oacute;n do Triduo Pascual da paix&oacute;n, morte e resurrecci&oacute;n de Cristo, cume do ano lit&uacute;rxico, ch&aacute;manos unha e outra vez a vivir un itinerario de preparaci&oacute;n, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) &eacute; un don inestimable da misericordia de Deus.<\/p>\n<p>\n\tSe o home vive coma fillo de Deus, se vive coma unha persoa redimida, que se deixa levar polo Esp&iacute;rito Santo (cf. Rm 8,14), e sabe reco&ntilde;ecer e po&ntilde;er en pr&aacute;ctica a lei de Deus, comezando pola que est&aacute; inscrita no seu coraz&oacute;n e na natureza, beneficia tam&eacute;n &aacute; creaci&oacute;n, cooperando na s&uacute;a redenci&oacute;n. Pos iso, a creaci&oacute;n &mdash;si san Paulo&mdash; desexa ardentemente que se manifesten os fillos de Deus, &eacute; dicir, que cantos gozan da graza do misterio pascual de Xes&uacute;s desfruten plenamente dos seus froitos, destinados a acadar a s&uacute;a maduraci&oacute;n completa na redenci&oacute;n do mesmo corpo humano. Cando a caridade de Cristo transfigura a vida dos santos &mdash;esp&iacute;rito, alma e corpo&mdash;, estes louvan a Deus e, coa oraci&oacute;n, demostran de xeito admirable o &laquo;C&aacute;ntico do irm&aacute;n sol&raquo; de san Francisco de As&iacute;s (cf. Laudato si&rsquo;, 87). Sen embargo, neste mundo a harmon&iacute;a xerada pola redenci&oacute;n est&aacute; ameazada, hoxe e sempre, pola forza negativa do pecado e da morte.<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<h6>\n\t2. A forza destrutiva do pecado<\/h6>\n<p>\n\tEfectivamente, cando non vivimos coma fillos de Deus, a mi&uacute;do temos comportamentos destrutivos cara o pr&oacute;ximo e as demais criaturas &mdash;e tam&eacute;n cara n&oacute;s mesmos&mdash;, ao considerarmos, m&aacute;is ou menos conscientemente, que os podemos usar coma nos praza. Ent&oacute;n, domina a intemperanza e iso leva a un estilo de vida que viola os l&iacute;mites que a nosa condici&oacute;n humana e a natureza nos piden respectar, e seguen os desexos incontrolables que no libro da Sabedor&iacute;a son atribu&iacute;dos aos imp&iacute;os, &eacute; dicir, a quen non ten a Deus coma punto de referencia das s&uacute;as acci&oacute;ns, nin unha esperanza para o futuro (cf. 2,1-11). Se non anhelamos continuamente a Pascua, se non vivimos no horizonte da Resurrecci&oacute;n, est&aacute; claro que a l&oacute;xica do todo xa, do ter cada vez m&aacute;is acaba por se impor.<\/p>\n<p>\n\tComo sabemos, a causa do mal &eacute; o pecado, que dende a s&uacute;a aparici&oacute;n entre os homes interrompeu a comu&ntilde;&oacute;n con Deus, cos demais e coa creaci&oacute;n, &aacute; que estamos vinculados ante todo mediante o noso corpo. O feito de que se rompera a comu&ntilde;&oacute;n con Deus, danou tam&eacute;n a relaci&oacute;n harmoniosa dos seres humanos co ambiente no que est&aacute;n chamados a vivir, de xeito que o xard&iacute;n transformouse nun deserto (cf. Gn 3,17-18). Tr&aacute;tase do pecado que leva ao home a se considerar o deus da creaci&oacute;n, a se sentir o seu dono absoluto e a non a usar para a fin desexada polo Creador, sen&oacute;n para o seu propio interese, en detrimento das criaturas e dos demais.<br \/>\n\t<br \/>\n\tCando se abandona a lei de Deus, a lei do amor, acaba por triunfar a lei do m&aacute;is forte sobre o m&aacute;is d&eacute;bil. O pecado que ani&ntilde;a no coraz&oacute;n do home (cf. Mc 7,20-23) &mdash;e que se manifesta como avidez, af&aacute;n por un benestar desmedido, desinterese polo ben dos demais e a mi&uacute;do tam&eacute;n polo propio&mdash; leva &aacute; explotaci&oacute;n da creaci&oacute;n, das persoas e do medio ambiente, segundo a avaricia insaciable que considera todo desexo como dereito e que antes ou despois acabar&aacute; por destru&iacute;r mesmo a quen vive baixo o seu dominio.<br \/>\n\t&nbsp;<\/p>\n<h6>\n\t3. A forza rexeneradora do arrepentimento e do perd&oacute;n<\/h6>\n<p>\n\tPor iso, a creaci&oacute;n ten a irrefreable necesidade de que se manifesten os fillos de Deus, aqueles que se converteron nunha &laquo;nova creaci&oacute;n&raquo;: &laquo;Quen estea en Cristo, &eacute; unha criatura nova: o que era vello, pasou&raquo; (2Co 5,17). Abof&eacute;, manifest&aacute;ndose, tam&eacute;n a creaci&oacute;n pode &laquo;celebrar a Pascua&raquo;: abrirse aos ceos novos e &aacute; terra nova (cf. Ap 21,1). E o cami&ntilde;o cara a Pascua ch&aacute;manos precisamente a restaurar o noso rostro e o noso coraz&oacute;n de cristi&aacute;ns, mediante o arrepentimento, a conversi&oacute;n e o perd&oacute;n, para podermos vivir toda a riqueza da graza do misterio pascual.<\/p>\n<p>\n\tEsta &laquo;impaciencia&raquo;, esta expectaci&oacute;n da creaci&oacute;n achar&aacute; cumprimento cando se manifesten os fillos de Deus, &eacute; dicir, cando os cristi&aacute;ns e t&oacute;dolos homes emprendan con decisi&oacute;n o &laquo;traballo&raquo; que sup&oacute;n a conversi&oacute;n. Toda a creaci&oacute;n est&aacute; chamada a sa&iacute;r, canda n&oacute;s, &laquo;da escravitude da corrupci&oacute;n para entrar na para ser levada &aacute; salvaci&oacute;n gloriosa dos fillos de Deus&raquo; (Rm 8,21). A Coresma &eacute; signo sacramental desta conversi&oacute;n, &eacute; unha chamada aos cristi&aacute;ns a encarnar m&aacute;is intensa e concretamente o misterio pascual na s&uacute;a vida persoal, familiar e social, en particular, mediante o xax&uacute;n, a oraci&oacute;n e maila esmola.<br \/>\n\t<br \/>\n\tXaxuar, isto &eacute;, aprender a cambiar a nosa actitude cos demais e coas criaturas: da tentaci&oacute;n de &laquo;devoralo&raquo; todo, para saciar a nosa avidez, &aacute; capacidades de sufrir por amor, que pode colmar o baleiro do noso coraz&oacute;n. Orar para saber renunciar &aacute; idolatr&iacute;a e &aacute; autosuficiencia do noso ego, e declararnos necesitados do Se&ntilde;or e da s&uacute;a misericordia. Dar esmola para sa&iacute;r da necidade de vivir e acumulalo todo para n&oacute;s mesmos, crendo que as&iacute; nos aseguramos un futuro que non nos pertence. E volver a encontrar as&iacute; a alegr&iacute;a do proxecto que Deus puxo na creaci&oacute;n e no noso coraz&oacute;n, &eacute; dicir, amalo, amar aos noso irm&aacute;ns e ao mundo enteiro, e atopar neste amor a verdadeira felicidade.<br \/>\n\t<br \/>\n\tBenqueridos irm&aacute;ns e irm&aacute;s, a &laquo;Coresma&raquo; do Fillo de Deus foi un entrar no deserto da creaci&oacute;n para facer que volvese a ser aquel xard&iacute;n da comu&ntilde;&oacute;n con Deus que era antes do pecado orixinal (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3). Que a nosa Coresma supo&ntilde;a percorrer este mesmo cami&ntilde;o, para levar tam&eacute;n a esperanza de Cristo &aacute; creaci&oacute;n, que &laquo;ser&aacute; da escravitude da corrupci&oacute;n para entrar na para ser levada &aacute; salvaci&oacute;n gloriosa dos fillos de Deus&raquo; (Rm 8,21). Non deixemos transcorrer en van este tempo favorable. Pid&aacute;moslle a Deus que nos axude a emprender una cami&ntilde;o de verdadeira conversi&oacute;n. Abandonemos o ego&iacute;smo, a mirada fixa en n&oacute;s mesmos, e dixir&aacute;monos cara a Pascua de Xes&uacute;s; fag&aacute;monos pr&oacute;ximos dos nosos irm&aacute;ns e irm&aacute;s que pasan dificultades, compartindo con eles os nosos bens espirituais e materiais. As&iacute;, acollendo no concreto da nosa vida a vitoria de Cristo sobre o pecado e maila morte, atraeremos a s&uacute;a forza transformadora tam&eacute;n sobre a creaci&oacute;n.<br \/>\n\t<br \/>\n\t<small>Vaticano, 4 de outubro de 2018<br \/>\n\tFesta de san Francisco de As&iacute;s<\/small><\/p>\r\n\r\n\"Hag\u00e1monos pr\u00f3jimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales\"","_es_post_name":"mensaje-del-papa-francisco-para-la-cuaresma-2019","_es_post_excerpt":"","_es_post_title":"Mensaje del papa Francisco para la Cuaresma 2019","_gl_post_content":"","_gl_post_name":"","_gl_post_excerpt":"","_gl_post_title":"","edit_language":"gl","footnotes":""},"categories":[65,2,5,20],"tags":[],"class_list":{"0":"post-677","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-actualidad","7":"category-noticias","8":"category-noticias-por-fecha","9":"category-santa-sede"},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.9 - 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