Las playas de Lesbos

Un socorristas de Proactiva rescata a un bebé en Lesbos · Autor: elespanol.com
"Hace unos días estuve viendo en la televisión un reportaje sobre la labor que realizan en una de sus playas los voluntarios de la ONG “Proactiva Open Arms” de Badalona: un pequeño grupo de socorristas y bomberos, ellos y ellas. Me quedé impresionado"

Es una isla del Mar Egeo, en una de las áreas más turísticas de Grecia. Se llama “Lesbos” y en ella nació la gran poetisa Safo. Por estas dos circunstancias da nombre a una concreta orientación sexual. Pero no vamos a hablar de eso, por supuesto, ni tampoco del turismo que llena sus playas. Su capital es Mytilene. También nacieron allí otros personajes como el también poeta Anacreonte y el mismísimo pirata Barbarroja. Tiene una extensión de 1.630 km.cuadrados y una población de cerca de 100 mil habitantes. Desde sus costas se ve Turquía, que sólo está  a unos 16 kilómetros. Y ahí está la cuestión: debido a esa cercanía, esta isla se ha convertido, junto con Lampedusa y Calais, etc. en uno de los puntos más “calientes” en la ruta de los refugiados que entran en Europa.

Hace unos días estuve viendo en la televisión un reportaje sobre la labor que realizan en una de sus playas los voluntarios de la ONG “Proactiva Open Arms” de Badalona: un pequeño grupo de socorristas y bomberos, ellos y ellas. Me quedé impresionado. Vestidos con sus chalecos salvavidas, sus trajes de neopreno y sus dos motos de agua, no paran de rescatar toda clase de náufragos que se acercan a la playa. Estos refugiados, que no proceden sólo de Siria sino de otros países del Medio Oriente y hasta de África, son explotados por las mafias, a las que tienen que pagar de 1.000 a 2.000 euros; les proporcionan una documentación y unos billetes para ferrys y trenes, les colocan unos salvavidas muchas veces falsos y los amontonan en frágiles embarcaciones: viejos pesqueros, gabarras, lanchas neumáticas y similares. A veces los motores se paran o los cascos no soportan el sobrepeso y naufragan…

Los voluntarios establecen sus preferencias: madres gestantes, niños y ancianos y los demás. Los esperan en la playa con mantas térmicas, equipos de primeros auxilios y alguna ambulancia. Hay casos en que hay que hacer la respiración artificial; otros en que la gente, desesperada se agarra a ellos como sea hasta poner en peligro el funcionamiento de las motos y hasta la vida del propio socorrista. Ví cómo se las ingeniaban con una pequeña grúa para sacar a un señor obeso: no sabía cómo expresar su agradecimiento. Pero también vi a otro voluntario llorando porque se le había escurrido del brazo y se le había ahogado un muchacho.

Estos “salvadores” están llenos de generosidad porque dejan su trabajo y su familia y se van a jugársela en aquellas playas. Si bien reciben muchas muestras de afecto por parte de los “salvados”, apenas tienen ayudas oficiales. Uno de ellos decía –más o menos- que mientras los políticos europeos van a lo suyo allí ellos son “el pueblo que salva al pueblo”. De hecho el jueves pasado se reunió en Bruselas el Consejo de la Unión Europea con dos temas: el “Brexit”(salida de Reino Unido) y los refugiados. El primer tema se solucionó rindiéndose a las egoístas exigencias británicas y el segundo, el de los refugiados fue aplazado. ¡Ay esta Europa nuestra!

Mientras veía el reportaje, confieso que me entró un poquito de malestar por no ver por allí a ninguna ONG católica, pero después seguí investigando y encontré que el padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz (la ONG que también gestiona la residencia “Mi Casa” de Ferrol) andaba por allí; hasta vi su fotografía en la playa vestido con el chalequito naranja. Tiene establecidos unos puntos de atención allí y luego en la ruta de los Balcanes, en colaboración con la obra “Remar” de la Iglesia Evangélica. Estos son los que nos salvan la cara a los de la retaguardia.

Ya sé que mucha gente al ver estas noticias sobre refugiados se cuestiona que por qué no van hacia los países ricos del Golfo, que por el medio pueden colarse malhechores y hasta terroristas, que si no se podía atacar el mal en los países de origen, etc. etc.. Pero el hecho sangrante en este momento (se calcula que lo intentan unas 20 embarcaciones al día) es que están ahí. Lo que pasa en el mar se podría llamar genocidio (Óscar Campos en la COPE). Quizás suene demasiado fuerte: sería un genocidio por omisión.

Yo me quedo pensando en la parábola del Buen Samaritano. No preguntó, no investigó más sobre aquel pobre hombre: lo salvó y punto.

Publicado: 23/02/2016: 9674