Los evangelios: testimonio plural sobre Jesucristo

· Autor: T. Eberly

Curso 2020-2021

CICLO B: El evangelista Marcos

La formación de los evangelios

“Evangelio”, “evangelizar…” son palabras que se repiten con frecuencia. Se habla de “vivir el evangelio”, de “cumplir el evangelio”. Pero, si alguien pregunta ¿qué es el “evangelio”? muchos quedarán dudando o contestarán: es un libro, es la vida de Jesús, es una doctrina… Efectivamente, la Iglesia posee cuatro libros a los cuales llama “Evangelios”. No es casual que no los denomine “vidas de Jesús”, ni “historias de Jesús”, sino “Evangelios”. Con este nombre se los ha llamado desde la época de los primeros cristianos. Con este nombre se los ha leído, predicado, meditado y utilizado para la oración a través de los siglos.
 

a. Origen de la palabra Evangelio

En griego, la palabra evangelio significa Buena Noticia. Esta palabra no fue inventada por los cristianos, pues mucho antes que ellos, griegos, romanos y judíos la utilizaban para referirse a los acontecimientos que eran para ellos una buena noticia. Un ejemplo de este uso es la inscripción que la ciudad de Priene dedicó a Augusto en el año 9 dC; su nacimiento se celebraba como buena noticia para el mundo, es decir, evangelio.

Para los cristianos la palabra puede tener tres significados:
– Jesús es la Buena Noticia (Mc 1,1: “Comienzo del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”).
– El contenido de la predicación de Jesús, lo que Él proclamó con su palabra y con su vida (Mt 4,23).
– Buena Noticia acerca de Jesús (Rom 15,19).
 

b. ¿Qué son los Evangelios?

Los Evangelios son relatos escritos que conservan la Buena Noticia en forma de narración escrita. Fueron compuestos en los primeros siglos de la Iglesia. Cuatro de ellos fueron integrados en el canon o lista de libros sagrados del N.T. y se conocen con el nombre de evangelios canónicos. Otros muchos que no fueron recogidos en dicho canon o lista oficial, reciben el nombre de evangelios apócrifos.

Los Evangelios a primera vista parecen biografías. De hecho son relatos ordenados que nos hablan de Jesús: de su vida oculta en Nazaret, de su predicación, de su vida pública, de su pasión, muerte y resurrección. La intención de los Evangelios no es la de contarnos todo sobre la vida de Jesús. Aunque pretenden narrar con fidelidad lo sucedido, no son “crónicas periodísticas” ni tampoco historia en el sentido actual de la palabra.
El criterio que siguieron los evangelistas al componer sus obras fue claramente pastoral, con el fin de transmitirnos las enseñanzas de Jesús referentes a su Padre, el Dios de cielos y tierra y al amor que tiene para todas sus criaturas.
 

c. La redacción de los Evangelios

Jesús comenzó su ministerio alrededor del año 27 dC, pero los Evangelios comenzaron a escribirse cuarenta años después de su muerte. ¿Qué ocurrió en estos cuarenta años? ¿Cómo se transmitieron las palabras y los recuerdos sobre Jesús durante aquel tiempo? ¿Podemos fiarnos de lo que nos cuentan los Evangelios? Para responder a estas preguntas es necesario conocer cómo nacieron y se transmitieron los recuerdos sobre Jesús en las comunidades cristianas. Los Evangelios se formaron en tres etapas: el hecho, la memoria y la escritura.

1. El hecho: la vida de Jesús
El origen de los Evangelios se encuentra en el mismo Jesús y en sus discípulos que le acompañaron. La raíz de la tradición evangélica está en las palabras y signos de Jesús, de las que fueron testigos los discípulos, congregados por Jesús para que estuvieran con Él y para ser enviados a predicar (Mc 3,14).

Muchas de las enseñanzas y signos realizados por Jesús quedaron grabados en la mente y en el corazón del pequeño grupo de sus discípulos, con quienes estableció una relación muy especial. Aquí, cabe tener en cuenta la importancia que la memoria tenía en la antigüedad, sobre todo entre los judíos, en la que el maestro enseñaba a sus discípulos y estos a su vez retenían el mensaje en su memoria.

En tiempos de Jesús la instrucción tenía tres ámbitos: la casa, la sinagoga y la escuela, y en los tres el medio de transmisión de la enseñanza era la memoria. En la casa, el padre enseñaba a sus hijos las tradiciones familiares y religiosas. En la sinagoga se aprendían de memoria las principales oraciones y algunos textos importantes de las Escrituras. Por último, aunque no todos tenían acceso a la escuela, esta institución estaba muy extendida y se basaba en la memoria. En este contexto es fácil entender que los discípulos guardaran muy bien en su memoria las palabras y enseñanzas del Maestro.

Jesús no solo llamó a sus discípulos para seguirle, sino que además los envió a predicar el mismo mensaje que Él anunciaba. Este envío suponía memorizar el mensaje que debían transmitir.

2. La memoria: los recuerdos de Jesús
Luego de la muerte de Jesús, sus discípulos lo vieron resucitado. Este hecho marcó tan fuerte sus vidas, que los signos y las palabras de Jesús fueron adquiriendo un sentido profundo y nuevo, pues eran las palabras y los signos del resucitado, del Hijo de Dios. Por eso, los primeros cristianos se empeñaron mucho más en conservar sus recuerdos sobre Jesús, para comentarlos y transmitirlos con la predicación, la catequesis, y la celebración. Al principio los dichos de Jesús, se conservaron y transmitieron aisladamente, sin ningún orden. Poco después los primeros cristianos los fueron agrupando y ordenando según su estilo o tema (parábolas, versos, refranes, proverbios, anécdotas ejemplares). Así se consolidó una colección de dichos de Jesús, que para las comunidades cristianas eran una tradición sagrada, que les servía para iluminar su propia vida y enfrentar sus problemas.

También comenzó la tradición de los hechos de Jesús. Los que le habían conocido y habían sido testigos de ellos, se los contaban a los que no le habían conocido. Así nacieron los relatos de milagros (Mc 5), controversias (Mc 2,1-3,6) y pequeñas unidades narrativas, como el relato de la pasión. Otro recurso importante utilizado para comentar las tradiciones evangélicas fueron las citas y referencias al Antiguo Testamento. Pues la mayor parte de los primeros destinatarios del Evangelio conocían el A. T.

3. La escritura: la redacción
Con la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 dC, el judaísmo se concentró en torno a la Ley de Moisés, como único instrumento para mantener la unidad del pueblo judío. La intolerancia acrecentó las tensiones entre la iglesia cristiana y la sinagoga judía de la época, hasta llegar a un abierto enfrentamiento y ruptura. Este hecho favoreció la identificación de la Iglesia como algo distinto del judaísmo. Al mismo tiempo, la actitud de las comunidades cristianas hacia la cultura helenística y hacia el Imperio Romano era, en esta época, una actitud de diálogo e integración (Lucas y Hechos). Los apóstoles y testigos oculares de Jesús habían muerto y ya nadie podía decir, “yo lo vi”. Por eso, se hacía más urgente conservar de forma fidedigna las tradiciones recibidas. Nacen así diversas tradiciones vinculadas a los principales apóstoles de la primera generación (Pedro, Santiago, Juan y Pablo). Los evangelistas reunieron y unificaron estas tradiciones, algunas de las cuales existían por escrito, dándoles la forma de narración ordenada para iluminar las nuevas circunstancias que vivían sus comunidades.

Marcos es el evangelio más antiguo, utilizó y organizó tradiciones y colecciones anteriores (parábolas, controversias, milagros, relato de la pasión). Mateo y Lucas utilizaron a Marcos como fuente principal, aunque con importantes modificaciones para poder aplicar sus relatos a las situaciones de sus respectivas comunidades. Además utilizaron otras fuentes, en un claro intento de completar la obra de Marcos. El Evangelio de Juan tiene su propia historia.


d) ¿Quién es Marcos?

Según (Hch 12,12) probablemente se trataba de Juan Marcos, hijo de la señora María que prestaba su casa para las reuniones de los seguidores de Jesús. Acompañó a Pablo y a Bernabé en algunos viajes misioneros (Hch 12,25). Estuvo cerca de Pablo cuando estaba preso (Col 4,10). Finalmente, lo encontramos en Roma como secretario de Pedro (1 Pe 5,13). Estos datos nos ayudan a descubrir de dónde fue sacando y juntando el redactor final, el material de su Evangelio que tiene dieciséis capítulos. Probablemente fue escrito en Roma, hacia los años 64 y 70 dC, después de que Pedro fue martirizado en Roma y antes de la caída de Jerusalén. El estilo del evangelio es parecido al de un periodista, que pasa la noticia narrando los hechos de una manera franca, espontánea, inmediata. Su mensaje principal es la cruz: demostrar que Jesús es un Mesías servidor, y que su misión se cumple en el momento de su entrega por fidelidad y amor, en la cruz.


e) La cuestión de los símbolos

La Iglesia desde sus orígenes dio un símbolo a cada evangelista. Se fijaron sobre todo en el principio de cada Evangelio y apoyándose en Ap 4,6-7. Los simbolizaron así:

• Marcos. Está simbolizado por el león, se lo simboliza así porque este Evangelio comienza en el desierto, donde vivían los leones (Mc 1,4).

• Mateo. Está simbolizado por el rostro humano, se lo simboliza así porque el Evangelio comienza con la genealogía de Jesús (Mt 1,1).

• Lucas. Está simbolizado por el toro, se lo simboliza así porque el Evangelio comienza en el Templo donde se sacrifican los toros (Lc 1,8).

• Juan. Está simbolizado por el águila, se lo simboliza así porque este evangelista comienza su Evangelio remontándose a los orígenes: “En el principio era el Verbo…” (Jn 1,1).

Publicado: 25/11/2020: 634
Delegación de Liturgia

Equipo diocesano de Liturgia