Tema 7: Parroquia, comunidad viva

· Autor: V. Soares

Mayo-Junio de 2020

Pistas para la formación litúrgica de grupos de pastoral en la parroquias de Mondoñedo-Ferrol

Siguiendo con la formación, desde la delegación de Liturgia de Mondoñedo-Ferrol no queremos terminar el curso sin mandaros un último tema que nos parece importante en estos momentos que estamos viviendo, y no nos referimos al coronavirus, sino al momento de cambio dentro de nuestra Iglesia diocesana.

Todos, o la mayoría, hemos podido leer el material sobre las Unidades de Pastoral; en él se nos da una amplia información, además se nos pide que contestemos a un cuestionario que aparece en el mismo. Supongo que muchos ya lo habréis contestado; de no ser así, no dudéis en hacerlo, es importante formar parte de este proceso que sin duda será el futuro para nuestra Iglesia de Mondoñedo-Ferrol.

Pero no podemos olvidar la importancia de la parroquia; siempre será nuestro referente de comunidad cercana y acogedora. Desde ahí saldremos fortalecidos y seguros para afrontar nuevos retos y nuevos desafíos.

Por ese motivo el tema de esta formación será sobre la parroquia comunidad viva.

Deseos de vida y esperanza para todos.

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Sí, parroquia comunidad viva

Porque el edificio material construido con piedras, queremos iglesia, edificio construido con piedras vivías que formamos la comunidad que celebra y vive la fe.

Sí, parroquia comunidad viva
Porque es preciso que sea el lugar donde se visibilice la corresponsabilidad, porque muy a menudo el sacerdote es el hombre orquesta, que lo hace todo, tanto en el presbiterio como en la comunidad.

Sí, parroquia comunidad viva
Porque no todos somos iguales y ello se pone de manifiesto en las dificultades entre el mundo rural y urbano… desde las serias dificultades para cubrir las necesidades básicas de nuestro pueblo hasta la pluralidad de iglesias y horarios en algunas ciudades, que hacen que prácticamente hay misa en la puerta de casa de cada uno.

Sí, parroquia comunidad viva
Que se acerca a los que debido a enfermedad o vejez no pueden acudir a las celebraciones y encuentros de la comunidad.
 

Pero, ¿qué es una Comunidad viva?

Una de las acepciones que el diccionario de la RAE da del vocablo “comunidad” es: “Conjunto de personas vinculadas por características o intereses comunes”. Del vocablo “viva” cogería varias de las acepciones de ese diccionario: “Intensa y fuerte”, “que dura y subsiste en toda su fuerza y vigor” o que  es “diligente, pronta y ágil”.Todo ello ligado, por supuesto, a la actividad vital de seguimiento de Jesús, el Cristo.

Esa es la “característica” que une a las personas que forman una comunidad. Claro que Jesús es mucho más que una mera característica y eso hace que el “interés” común de la comunidad sea algo muy valioso y, por tanto, que su ligazón sea “intensa y fuerte” y sus relaciones de ayuda sean “diligentes, prontas y ágiles”. Su prueba de fuego es “que dure y subsista en toda su fuerza y vigor”.

La escucha de la Palabra de Dios y su presencia en los acontecimientos personales, sociales y eclesiales, la evangelización, la promoción del tejido comunitario de la Iglesia en forma de Comunidades Vivas y la atención a los necesitados, por supuesto dentro de la Comunidad, pero también fuera de ella, podrían ser los objetivos de una Comunidad Cristiana Viva, sin ánimo exhaustivo.

Las relaciones entre los miembros de una comunidad como la descrita conlleva unas celebraciones sacramentales abiertas, con total participación de sus miembros de forma que la oración de la comunidad sea apoyo para aquellos que más lo necesitan.

Jesús no es un evangelizador en solitario. Desde el comienzo convoca un grupo de seguidores y crea una comunidad cuya misión es vivir, anunciar y promover el Reinado de Dios. La evangelización es responsabilidad de la comunidad de los discípulos de Jesús.

Por muy importantes que puedan ser las acciones y los gestos individuales de cada creyente, la responsabilidad y el impulso de la misión evangelizadora está en la comunidad. Por ello, donde no se construye comunidad de seguidores de Jesús se está obstaculizando de raíz la evangelización.

No es suficiente, por tanto, para impulsar la evangelización hoy, contar con algunos sacerdotes, religiosos o laicos comprometidos en la evangelización de la increencia actual o en la transformación de algunos ambientes. Necesitamos comunidades vivas donde sea posible percibir «un signo opaco y luminoso al mismo tiempo, de una presencia nueva de Jesucristo» (EN, 15).

Naturalmente no se trata de comunidades cerradas sobre sí mismas, sino comunidades donde como dice la Evangelii Nuntiandi, incluso «la vida interna -la vida de oración, la escucha de la Palabra y de las enseñanzas de los apóstoles, la caridad fraterna vivida, el pan compartido- no tiene pleno sentido más que cuando se convierte en testimonio, provoca la admiración y la conversión, se hace predicación y anuncio de la Buena Nueva» (EN, 15).

Este esfuerzo por construir una comunidad fraterna en el interior de la parroquia tiene hoy un valor evangelizador particular en una sociedad donde las relaciones son, con frecuencia, utilitarias, interesadas, competitivas e incluso opresoras, y donde va aumentando la dispersión, el aislamiento, la manifestación y el anonimato de las personas.

En el libro de los Hechos de los Apóstoles encontramos esta descripción sobre la vida de los iglesia primitiva: "Y perseveraban en las enseñanzas de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hechos 2,42)

Resaltamos esta cita, porque se ven en ella las características que deberían tener nuestras parroquias en la actualidad:

- Escuchar la Palabra enseñada por los testigos

- La comunión entre hermanos

- La celebración de la fe

- La constancia en la oración


Esto nos aporta como fieles:

- La alegría de vivir y de compartir nuestra fe como hermanos

- Respeto por parte de la comunidad no creyente

- El gozo de la Salvación que da la gracia divina


¿Qué más podemos desear de nuestras parroquias?

Señor te pido por nuestras parroquias – por mi parroquia -,
Para que realmente seamos testigos de tu amor y de tu Palabra,
Y, movidos por tu fe, vivamos unidos y comprometidos
Con el Mensaje que Tú nos diste:
“Os doy un mandamiento nuevo:
Que os améis unos a otros; como yo os he amado.
Amaos también unos a otros.
En esto conocerán todos que sois discípulos míos:
Si os amáis unos a otros” (Juan  13,34-35)

Nos perdemos en disquisiciones y polémicas sobre cuestiones secundarias. Lo que nos hace falta es gente decidida, humanamente equilibrada y madura, del todo identificada con la mente de Cristo y de la Iglesia, dispuestos a entregar su vida para trabajar con entusiasmo en la obra de Dios que es la salvación de los hombres y del mundo, sin pretensiones ni personalismos, con la humildad de quien todo lo está recibiendo de Dios por medio de la Iglesia, seguros de sí mismos y capaces de sostener un diálogo de tú a tú con los hombres y mujeres de su tiempo, un diálogo clarificador, atrayente, con claridad y respeto, sin miedos ni concesiones halagadoras, con la seguridad, la claridad y el amor humilde del Maestro" (SEBASTIAN, F., Evangelizar, Encuentro, Madrid 2010, pp. 205s).

Para la mayoría de los creyentes, la parroquia sigue siendo, con todas sus lagunas y deficiencias, el ámbito eclesial donde viven y alimentan su fe, la comunidad donde se enraíza la experiencia cristiana de nuestras gentes. Por eso hemos de celebrar con gozo todos los esfuerzos que se vienen realizando por caminar hacia unas parroquias más evangélicas y con mayor fuerza evangelizadora. Unas parroquias más vivas.

Si queremos impulsar una nueva evangelización en la sociedad contemporánea, hemos de redescubrir la importancia de la parroquia como comunidad orante y recuperar las posibilidades que ofrece como ámbito eclesial donde puede y debe alimentarse la vida orante de los creyentes y su fuerza evangelizadora.

Por todas partes surgen hoy grupos de oración con métodos y contenidos diversos, «talleres» de oración, experiencias diversas de silencio y contemplación, formas nuevas de expresión religiosa, todo ello signo de la acción del Espíritu entre los creyentes. Pero no hemos de olvidar lo que nos dice P. Jacquemont: «Seguirá siendo verdad que el auténtico resurgimiento de la oración cristiana vendrá por el camino de la renovación de la vida de las comunidades cristianas, ámbito en el que se engendra la vida en el Espíritu».

Publicado: 23/06/2020: 337
Delegación de Liturgia

Equipo diocesano de Liturgia