El cuidado y la fraternidad

Santuario de Nuestra Señora de los Remedios de Mondoñedo, domingo 13 de septiembre de 2020

Homilía del obispo en la fiesta de la Virgen de los Remedios, co-patrona de Mondoñedo-Ferrol

"Es tiempo de trabajar por la libertad, la sinceridad, la transparencia, la paz, la igualdad que respeta la diversidad y la dignidad de cualquier víctima"

Queridos cofrades, hermanos y hermanas todos. Queridas autoridades y representantes institucionales; querida Sra. Oferente, Dª. Elba Veleiro, y la niña que porta la ofrenda, acompañada de sus padres. Queridos sacerdotes.

Agradezco, Sra. Alcaldesa de Vilalba, sus palabras, que expresan los mejores deseos e intenciones para las gentes de nuestras tierras en estos tiempos de inquietud, incertidumbre y graves crisis que nos afectan.

Hace usted presente a Vilalba, capital de la Terra Chá, lugar bien querido que se acerca a nuestra Señora de los Remedios con fe en medio de la necesidad y lo hace desde una vida dura, al mismo tiempo que admirable y valiosa en el rural gallego. Un rural que es de Dios y nos hace pensar que los seres humanos somos tierra, como afirma el papa Francisco al comienzo de su encíclica Laudato Si’ (cf LS 2), evocando el relato de la creación del Libro de Génesis (Gn 2,7). En esta pandemia se ha puesto de relieve lo que dependemos de la tierra, de la naturaleza, llamando nuestra atención para cuidarla.

Venimos hoy ante la imagen de nuestra Señora de los Remedios, con la confianza que Ella nos inspira, para encontrar el modo de recobrar aliento en los arduos caminos de la vida, singularmente desde que ha irrumpido en el mundo la grave epidemia del coronavirus y se han intensificado nuestras debilidades en todos los ámbitos de la familia humana.

Cuando llegamos a este santuario, lugar de encuentro con el Señor por medio de su madre, nuestra madre, no pretendemos soluciones extraordinarias ni espectaculares. Pedimos humildemente luz y sabiduría, entereza y paciencia, para fortalecernos e ir descubriendo lo que hemos de hacer cada persona, cada comunidad humana y cristiana, cada parroquia gallega, cada porción del pueblo de Dios que peregrina en Mondoñedo-Ferrol.

Para superar juntos esta adversidad, puesto que estamos en la misma barca, os invito a desdoblar la ofrenda de este año en dos íntimamente unidas, que bien podemos realizar todos los diocesanos, discípulos misioneros de Jesús: el cuidado de la creación y la fraternidad.

Somos tierra. Por tanto, nuestra primera ofrenda, el cuidado de la creación, comienza por cuidarnos a nosotros mismos, a todos los seres vivos, y morar en una casa común habitable para todos. Hemos descubierto la importancia de una ética y una sociedad de los cuidados. Si miramos a nuestros mayores —a quienes no estaremos nunca suficientemente agradecidos—, aprenderemos a amar, conservar y mejorar la tierra en lugar de despreciarla, agredirla y destruirla. Celebramos esta fiesta durante el Tiempo de la Creación que el papa Francisco nos invita a vivir con el tema de este año: “Jubileo de la Tierra”. Un jubileo que se gana restaurando la creación, que tiene una extraordinaria vocación de comunidad de amor en la que, como leemos en Laudato Si’, todo está relacionado, y todos juntos, peregrinos, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada criatura, nos une también, con cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre tierra (cf LS 92).

Esta interrelación promueve la fraternidad humana, nuestra segunda ofrenda. Es momento para restaurar las relaciones humanas dañadas haciendo un esfuerzo de equidad, perdón y misericordia con la exigencia de desterrar cuanto lesiona la fraternidad. Es tiempo de devolver lo saqueado. Es momento de justicia restaurativa, de cumplir con los incentivos prometidos para la recuperación; de ayudar a las familias y a todos los afectados por el desempleo y la precariedad laboral. Es tiempo de trabajar por la libertad, la sinceridad, la transparencia, la paz, la igualdad que respeta la diversidad y la dignidad de cualquier víctima. Es momento de acoger, proteger, promover e integrar al inmigrante y al débil. No podemos olvidar a las personas del campo de refugiados de Moria, trágicamente incendiado hace pocos días. Es tiempo de fundar la fraternidad humana en la justicia.

Volver los ojos al cuidado de la creación y, por tanto, de cada ser humano, nos permite vislumbrar la nueva humanidad que Cristo Jesús nos anuncia y propone como hijos de Dios Padre y hermanos en Él. Hagamos nuestras ofrendas en medio de esta situación limitada con una esperanza sin límites, fruto de la fe y el amor que hemos recibido del Señor y nos permiten continuar la peregrinación dejando cada año un pedacito de corazón en este santuario.

Alegrémonos de no estar solos, pues el Espíritu del Señor inspira a personas y comunidades del mundo entero para reconstruir la casa común y edificar la fraternidad humana universal, mirando la realidad desde los más vulnerables, ahora que hemos descubierto de forma tan palpable nuestra común vulnerabilidad que precisa cuidados. Sintámonos miembros de esta familia humana que habita la misma casa; la que el Señor también quiso tener por morada naciendo de una mujer, para ser «Dios con nosotros» (Mt 1,23) hasta el final de los tiempos.

Madre y Señora de los Remedios, tú que nos haces más hermanos, ruega por nosotros a Dios para que nuestro corazón sea tierra llana en la que compartir y extender los cuidados fraternos que se funden con el abrazo lleno de vida del Creador.
 

GALEGO

Queridos confrades, irmáns e irmás. Queridas autoridades e representantes institucionais; querida Sra. Oferente, D.ª Elba Veleiro, e a nena que, na compaña de seus pais, porta a ofrenda. Queridos sacerdotes.

Agradezo, Sra. Alcaldesa de Vilalba, as súas palabras, que expresan os mellores desexos e intencións para as xentes das nosas terras nestes tempos de inquedanza, incerteza e graves crises que nos afectan.

Fai vostede presente a Vilalba, capital da Terra Chá, lugar ben querido que se achega á nosa Señora dos Remedios con fe no medio da necesidade, e faino desde unha vida dura, ó mesmo tempo que admirable e valiosa no rural galego. Un rural que é de Deus e que nos fai pensar que os seres humanos somos terra, como afirma o papa Francisco ó comezo da súa encíclica Laudato Si’ (cf LS 2), evocando o relato da creación do Libro da Xénese (Xn 2,7). Nesta pandemia púxose en valor o que dependemos da terra, da natureza, chamando a nosa atención para coidala.

Vimos hoxe perante a imaxe de nosa Señora dos Remedios, coa confianza que Ela nos inspira, para atopar xeito de recobrar folgos nos arduos camiños da vida, sobre todo desde que irrompeu no mundo a grave epidemia do coronavirus e se intensificaron as nosas debilidades en todos os ámbitos da familia humana.

Cando chegamos a este santuario, lugar de encontro co Señor por medio de súa nai, nosa nai, non pretendemos solucións extraordinarias nin espectaculares. Pedimos humildemente luz e sabedoría, entereza e paciencia, para fortalecernos e ir descubrindo o que temos facer cada persoa, cada comunidade humana e cristiá, cada parroquia galega, cada porción do pobo de Deus que peregrina en Mondoñedo-Ferrol.

Para superar xuntos esta adversidade, xa que todos estamos na mesma barca, invítovos a desdobrar a ofrenda deste ano en dúas íntimamente unidas, que ben podemos realizar todos os diocesanos, discípulos misioneiros de Xesús: o coidado da creación e a fraternidade.

Somos terra. Polo tanto, a nosa primeira ofrenda, o coidado da creación, comeza por coidarnos a nós mesmos, a todos os seres vivos, e morar nunha casa común habitable para todos. Temos descuberto a importancia dunha ética e unha sociedade dos coidados. Se miramos ós nosos maiores —ós que non estaremos nunca suficientemente agradecidos—, aprenderemos a amar, conservar e mellorar a terra no canto de despreciala, agredila e destruila. Celebramos esta festa durante o Tempo da Creación que o papa Francisco nos invita a vivir co tema deste año: “Xubileo da Terra”. Un xubileo que se gaña restaurando a creación, que ten unha extraordinaria vocación de comunidade de amor na que, como lemos en Laudato Si’, todo está relacionado, e todos xuntos, peregrinos, entrelazados polo amor que Deus ten a cada creatura, únenos tamén, con cariño, ao irmán sol, á irmá lúa, ao irmán río e á nai terra (cf LS 92).

Esta interrelación promove a fraternidade humana, a nosa segunda ofrenda. É momento para restaurar as relacións humanas danadas facendo un esforzo de equidade, perdón e misericordia coa esixencia de desterrar canto lesiona a fraternidade. É tempo de devolver o saqueado. É momento de xustiza restaurativa, de cumprir cos incentivos prometidos para a recuperación; de axudar ás familias e a todos os afectados polo desemprego e a precariedade laboral. É tempo de traballar pola liberdade, a sinceridade, a transparencia, a paz, a igualdade que respeta a diversidade e a dignidade de cualquera vítima. É momento de acoller, protexer, promover e integrar ao inmigrante e ao débil. Non podemos esquecer ás persoas do campo de refuxiados de Moria, traxicamente incendiado hai poucos días. É tempo de fundar a fraternidade humana na xustiza.

Volver os ollos ao coidado da creación e, xa que logo, de cada ser humano, permítenos albiscar a nova humanidade que Cristo Xesús nos anuncia e propón coma fillos de Deus Pai e irmáns nel. Fagamos as nosas ofrendas no medio desta situación limitada cunha esperanza sen límites, froito da fe e o amor que temos recibido do Señor e que nos permiten continuar a peregrinación deixando cada ano un pouquiño de corazón neste santuario.

Aledémonos de non estar sós, pois o Espírito do Señor alenta a persoas e comunidades do mundo enteiro para reconstruír a casa común e edificar a fraternidade humana universal, ollando a realidade desde os máis vulnerables, agora que temos descuberto de xeito tan palpable a nosa común vulnerabilidade que precisa coidados. Sintámonos membros desta familia humana que habita a mesma casa; a que o Señor tamén quixo ter por morada nacendo dunha muller, para ser «Deus connosco» (Mt 1,23) ata o final dos tempos.

Nai e Señora dos Remedios, ti que nos fas máis irmáns, prega por nós a Deus para que o noso corazón sexa terra chá na que compartir e estender os coidados fraternos que se funden coa aperta chea de vida do Creador.
 

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel