Hacia un tiempo nuevo (II): Un curso con tres miradas misioneras y dos años especiales

Carta del obispo diocesano con motivo del comienzo del nuevo curso pastoral 2020-2021

"Necesitamos estrechar nuestra red de relaciones fraternas dentro de la Iglesia, al mismo tiempo que nos comprometemos a trabajar en red con toda la sociedad para avanzar en la superación de la pandemia y las graves crisis vinculadas a ella"

Hacemos pública hoy la carta de nuestro obispo, el padre Luis Ángel, CMF, dirigida a todos los diocesanos de Mondoñedo-Ferrol en el comienzo del nuevo curso pastoral.

La carta acompañará el Plan Pastoral Diocesano 2020-2021, como también un breve documento de orientaciones que será de utilidad para un curso que, como todos somos conscientes, viene marcado por las circunstancias especiales que estamos viviendo desde el pasado mes de marzo.

Mons. De las Heras nos dirige esta carta bajo el mismo epígrafe (“Hacia un tiempo nuevo”) que ya encabezaba su carta de mayo, en unos momentos en que toda la población salía del confinamiento estricto y daba comienzo el llamado proceso de desescalada.

Ante una situación que, lamentablemente, sigue siendo muy inestable, nuestro prelado hace hincapié en que debemos mantener y esforzarnos todavía más en nuestra ayuda y acompañamiento hacia aquellos que “se están viendo más golpeados por la enfermedad, la muerte, la soledad, la precariedad y la desesperanza”.

Fruto de las reuniones de las comisiones permanentes de las vicarías de pastoral, como también del consejo diocesano de pastoral, es posible presentar, ahora, el Plan Pastoral Diocesano para este curso. Y, como preámbulo al mismo, monseñor Luis Ángel nos ofrece tres miradas misioneras:

- La mirada desde los últimos.

- La mirada del acompañamiento.

- La mirada de la vinculación como miembros de la Iglesia.

Estas tres miradas, “nos permitirán descubrir nuestra conciencia misionera, objetivo general del Plan Pastoral Diocesano”, como señala el señor obispo. Y todo ello, en el contexto de celebración de dos años especiales: el del quinto aniversario de la encíclica Laudato Si’ (que daba comienzo el pasado 21 de mayo) y a las puertas de inaugurar el Año Santo Compostelano 2021.

Del mismo modo, resultado de los encuentros de trabajo de miembros de nuestras dos vicarías de pastoral (la de Evangelización y la de Misión Misericordiosa y Samaritana), surge este documento de orientaciones que nos va servir de guía en ciertos aspectos de nuestra actividad en el seno de la Iglesia; aspectos que incluyen, por ejemplo, indicaciones de cómo proceder en cuanto a las reuniones de grupo, o cómo vivir las celebraciones litúrgicas en estos tiempos. Toda ayuda es buena.

 

"Queridos hermanos y hermanas de Mondoñedo-Ferrol:

1. UN SALUDO EN CRISTO, NUESTRA ESPERANZA (Col 1,27)

Mi saludo cordial y fundado en quien hace nuevas todas las cosas y es la esperanza de la gloria (Col 1,27), Jesucristo, en este nuevo curso 2020-2021. Hace unos meses, en mayo, os escribí señalando que caminábamos “hacia un tiempo nuevo” cuando nos disponíamos a afrontar el denominado proceso de desescalada tras un duro confinamiento colectivo por la pandemia del COVID-19. Reitero aquellas palabras y continúo escribiendo bajo el mismo epígrafe porque el camino y sus circunstancias nos invitan a hacerlo así. La novedad que vamos descubriendo a nuestro paso, con frecuentes cambios de planes, la ponemos en manos del Señor experimentando su pastoreo. La cercanía del Señor para con nosotros, su pueblo, nos anima a conocer y anunciar más a fondo su plan salvador manifestado en Cristo.

Desde que comenzó esta emergencia sanitaria del coronavirus, nuestra mayor preocupación y nuestro primer pensamiento han estado siempre con quienes se están viendo más golpeados por la enfermedad, la muerte, la soledad, la precariedad y la desesperanza. Quisiera repetir una vez más que nuestra oración, nuestro cariño y nuestro compromiso siguen dirigiéndose sobre todo a ellos. Con la mirada puesta en los más vulnerables, parece justo congratularse por haber sido cuidadosos en la diócesis con el cumplimiento de todas las medidas sanitarias indicadas por la autoridad competente. Así mismo, hemos podido ayudar a personas sin hogar y a otras muchas que necesitaban auxilios de primera necesidad en cada parroquia. Igualmente, hemos acompañado a quienes precisaban compartir su dolor por la enfermedad, la soledad o cualquier otra dificultad en este tiempo.

Estamos urgidos a dar continuidad a todos estos esfuerzos solidarios desde la fe, el amor, la esperanza y la responsabilidad, realizándolos e incrementándolos como parte de nuestro discipulado misionero, de nuestra pertenencia a la Iglesia aquí y ahora. Es lo que nos proponemos al presentar el Plan Pastoral Diocesano 2020-2021. Es fruto de las reuniones de las comisiones permanentes de las vicarías de pastoral, por un lado, y del consejo diocesano de pastoral por otro, que debieron ser trasladadas a septiembre ante la imposibilidad de celebrarlas en el pasado mes de junio. En los objetivos, líneas de acción y criterios está presente la realidad actual, desde las orientaciones que algunos miembros de las comisiones permanentes de las vicarías de pastoral nos han ofrecido después de dos encuentros de trabajo mantenidos en Ferreira do Valadouro en los meses de julio y agosto.

Como preámbulo al Plan Pastoral y a las disposiciones pertinentes para las actividades diocesanas, os ofrezco ahora tres miradas misioneras que pueden ayudarnos en la consecución de los objetivos que hemos definido para este curso. Igualmente, como medios extraordinarios de crecimiento en la vivencia personal y comunitaria de la fe, así como en la conversión pastoral y misionera, la Iglesia nos regala dos Años especiales: Laudato Si’ y el Año Santo Compostelano, siempre antiguo y siempre nuevo en nuestra Galicia y en nuestra diócesis.
 

2. TRES MIRADAS MISIONERAS

Este “nuevo curso” se sitúa en el escenario sorprendente de la pandemia que nos ha visitado, generando una continua incertidumbre. Con prudencia, pero sin detenernos, os invito a adoptar tres miradas misioneras que nos permitirán descubrir nuestra conciencia misionera, objetivo general del Plan Pastoral Diocesano.

En primer lugar, la mirada desde los últimos, las víctimas. Acercarse a la realidad desde quienes más sufren nos pone en perspectiva y disposición de ofrecer nuestra humilde esperanza: la que brota de nuestra fe, se arraiga en el amor de Dios y nos lanza a la misión de anunciar a Jesucristo. Se trata de aprender a padecer con quien padece, de actuar desde la misericordia del Buen Samaritano, que es idéntica a la del Buen Pastor. Las preocupaciones personales, los miedos, las carencias y decepciones se superan mejor si se afrontan con una mirada descentrada de nosotros mismos y atenta a los últimos, a los más vulnerables, a quienes nos ayudan a acoger y a sanar nuestra propia vulnerabilidad desde la caridad pastoral y misionera, como recoge una línea de acción del Plan.

En segundo lugar, la mirada del acompañamiento, uno de los dinamismos centrales del Plan Pastoral Diocesano de este curso. Tenemos que seguir formándonos para ser capaces de acompañar pero, sobre todo, hemos de tomar la determinación de vivir acompañando y dejándonos acompañar como pueblo de Dios en salida misionera. Entre laicos, personas consagradas y pastores. El Señor nos acompaña y acompaña con nosotros para «darle a nuestro caminar el ritmo sanador de projimidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana» (EG 169). Hay ya muestras de este acompañamiento que necesitamos, nos ayuda, nos consuela y nos proporciona fortaleza y alegría. Agradezcámoslas y hagámoslas crecer, pues la mirada que nos aportan nos aproxima a una mejor vivencia de la misión compartida, que sigue siendo un gran desafío.

En tercer lugar, la mirada de la vinculación como miembros de la Iglesia, de la diócesis, del arciprestazgo, de la UPA, de la parroquia. El aislamiento ha supuesto separación. Ahora, con las precauciones sanitarias debidas, podemos cuidar y expresar nuestra pertenencia eclesial, dando visibilidad a nuestros lazos fraternos, participando en las celebraciones litúrgicas y reuniones de “grupos reducidos”. Nos reuniremos siempre en presencia del Señor «porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18,20) y, por tanto, con conciencia eclesial, sin autorreferencialidad. Estamos llamados a transitar la vía unitiva de la oración con Dios y con los hermanos. Ora mucho quien ama mucho. Y ama mucho quien ora mucho. La oración nos une al Señor y a los hermanos como pueblo Suyo (cf 2 Mac 15,14).

Para conseguir este objetivo de mantenernos cercanos y vinculados, también realizaremos ofertas virtuales —como la de la escuela de agentes de pastoral— y promoveremos una buena comunicación por los medios que tenemos a nuestro alcance. En estas circunstancias, necesitamos estrechar nuestra red de relaciones fraternas dentro de la Iglesia, al mismo tiempo que nos comprometemos a trabajar en red con toda la sociedad para avanzar en la superación de la pandemia y las graves crisis vinculadas a ella. Queremos ser comunidad de discípulos misioneros de Jesús, hacer crecer y ofrecer la comunidad fraterna de la Iglesia.
 

3. AÑO DEL ANIVERSARIO ESPECIAL DE LAUDATO SI’

En el quinto aniversario de la encíclica Laudato Si’ ha irrumpido en el mundo la pandemia del coronavirus. En estas circunstancias, el mensaje profético del papa Francisco en este texto magisterial cobra mayor relevancia. Por este motivo, el Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral ha establecido que desde el 21 de mayo pasado hasta el 24 de mayo de 2021 se celebre un Año del Aniversario Especial de Laudato Si’.

Es un extraordinario desafío formativo y de conversión llegar a comprender y asimilar la encíclica como un mapa moral y espiritual para alumbrar un nuevo mundo cercano al Reino de Dios, es decir, más solidario, fraterno, pacífico y cuidadoso con la creación. La emergencia sanitaria y las crisis asociadas, o anteriores pero recrudecidas, constituyen una oportunidad para cambiar la corriente destructora de la humanidad en un nuevo orden en el que prime el amor, la fraternidad humana universal, la compasión, la solidaridad y la armonía con la obra de Dios Creador, casa común de todos los hombres. Durante los últimos meses hemos constatado que la interdependencia nos puede ayudar a superar esta compleja crisis mundial. Con la conversión misionera converge la conversión ecológica a la que nos invita el papa en Laudato Si’. Somos muy afortunados y damos gracias al Señor por estas tierras, montes, valles, ríos y mares de Mondoñedo-Ferrol que nos muestran la bondad de Dios en la belleza de su creación. Las iniciativas mundiales, nacionales y diocesanas para cuidar y amar la creación serán pasos para avanzar en el camino de la reconstrucción de este mundo y de la salvación de la humanidad.
 

4. AÑO SANTO COMPOSTELANO

2021 será Año Santo Compostelano. Atraviesan nuestra diócesis el Camino Norte y el Camino Inglés. Siempre somos lugar de paso y, por tanto, de acogida cristiana en el Camino de Santiago. El Camino Norte y nuestra Catedral de Mondoñedo fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en 2015. No dejemos de valorarlo, más cuando para nosotros constituye, por encima de todo, un Patrimonio de Dios que compartimos con gozo.

Es un don y una grata tarea saludar, acoger y bendecir a cuantos peregrinos caminan hacia Santiago de Compostela en iglesias y capillas abiertas para la oración. Con la amabilidad hospitalaria histórica que nos precede, anunciemos la proximidad de la Casa del Apóstol Santiago, que es casa de acogida de los peregrinos. El esfuerzo de la acogida nos reportará riquezas insospechadas.

El Año Santo representa un tiempo singular de búsqueda de luz, consuelo, orientación, discernimiento, esperanza, más en las circunstancias universales que atravesamos. También nosotros, diocesanos de Mondoñedo-Ferrol, además de cuidar la acogida, estamos invitados a emprender nuestra propia peregrinación para participar de las gracias jubilares. Lo organizaremos materialmente. Pero tengamos ya en cuenta que se nos brinda una buena ocasión para crecer en nuestras opciones misioneras y, por tanto, para ponernos en camino interiormente ayudándonos del recorrido exterior. Tenemos la oportunidad de salir de nosotros mismos, de nuestras estrecheces de mente y corazón, para recorrer las sendas que nos llevan al encuentro con el Señor y con los hermanos; para dejar atrás todo lo inútil, que suele ser lo más pesado de la mochila del peregrino. Así, más ligeros, podremos dejarnos alcanzar por el torrente de la gracia, por la plenitud humanizadora de Jesucristo, a quien Santiago, el Amigo del Señor, nos acerca con este jubileo.
 

5. BAUTIZADOS Y ENVIADOS

Hace un año celebrábamos el Mes misionero Extraordinario bajo el lema “Bautizados y Enviados”. Ahora, de igual manera, el Señor nos envía como comunidad de discípulos misioneros. Nadie es enviado solo ni en solitario. Todos, sacerdotes, consagrados y laicos, somos y hemos de sentirnos corresponsables en la misma misión, compartiendo tareas y asumiendo responsabilidades. Cuidar la fraternidad es parte fundamental de la misión, es ya en sí anuncio precioso del amor de Jesucristo. Siendo hermanos y hermanas entre nosotros, queremos serlo de quienes buscan y quieren conocer al Señor en el mundo entero. La alegría que llena nuestro corazón y nuestra vida entera por habernos encontrado y haber renovado nuestro encuentro personal con Jesús (cf EG 1;3) es la alegría que, como Iglesia que peregrina en Mondoñedo-Ferrol, deseamos comunicar, compartir, irradiar y hacer brillar.

Os encomiendo en una esperanzada plegaria con mi afecto y bendición en la fiesta de san Mateo, apóstol y evangelista, el 21 de septiembre de 2020".
 

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel