Somos hermanos de trabajo

Reflexión del obispo ante la Jornada Mundial por el Trabajo Decente 2020

"Hablemos alto y claro, apostando por un nuevo sistema productivo capaz de generar empleo y, sobre todo, empeñado en garantizar que la persona y su dignidad ocupen el centro de la vida"

Un año más la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) celebra el 7 de octubre la Jornada Mundial por el Trabajo Decente con una justa reivindicación. Es una ocasión para despertar nuestra mirada de modo que, sacudiéndonos la indiferencia, nos sintamos interpelados y movilizados por la situación de precariedad que sufren las personas en su trabajo, incrementada este año por la pandemia de la COVID-19. Las carencias se han agudizado y hemos de seguir buscando entre todos, con mayor empeño si cabe, unas condiciones laborales dignas y justas para todos. Para todos y entre todos, porque este mundo precisa redescubrir la fraternidad para restañar heridas y recuperarse, según el papa Francisco nos acaba de señalar en su nueva encíclica.

En el ejercicio de empatía y compasión al que nos conduce la caridad en la verdad podemos sentirnos víctimas con las víctimas de la precariedad laboral. De este modo practicaremos esa solidaridad tan especial que existe entre los que sufren, entre los pobres; esa solidaridad que nos permite pensar y actuar en términos de comunidad, dando prioridad a la vida común frente a la apropiación egoísta de los bienes por parte de algunos. Todo ello con el fin de luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, como afirma el papa Francisco en Fratelli tutti (cf FT 116). Queremos soñar y hacer realidad un mundo en paz, asegurando un trabajo decente para todos, además de una tierra y un techo en los que habitar (cf FT 127). Al fin y al cabo, el trabajo forma parte del misterio salvífico de la creación, de suerte que resulta deber indiscutible de los cristianos el empeño de procurar para todos una vida digna a través de un trabajo decente (cf LS 128), con un mismo principio y fin evangélicamente transformadores: “somos hermanos de trabajo”.

Como señala el manifiesto de ITD para esta Jornada, la realidad muestra «las consecuencias de un modelo productivo incapaz de generar empleo con alto valor añadido y marcado por las altas tasas de precariedad laboral». Sabemos que el empleo se destruye, que los números de los ERTE y el paro se elevan y que la protección social no llega todos los que la necesitan y tienen derecho a ella. Sabemos también que hay siempre una amenaza de exclusión allí donde crece la economía sumergida.

Todo esto se hace cuerpo en tantas personas desprotegidas que acuden a servicios sociales públicos y vecinales, así como a los recursos caritativo-solidarios de la Iglesia a pie de parroquia o centro religioso específico. En esta adversidad extraordinaria se ha comprobado la generosidad de estas instituciones y de las personas particulares que, con su mano tendida, elevan ante el mundo un clamor por el bien común y la necesidad de construir la fraternidad abierta y universal, propia de un corazón samaritano.

Debemos contemplar el trabajo como un camino de sentido y de humanización, a través del cual cada persona se sabe reconocida en su dignidad y llamada a plenitud precisamente al poner sus dones al servicio de la familia humana. Así, como hijos de Dios que trabajan y procuran trabajo a sus semejantes, actualizamos la fraternidad evangélica, convirtiéndonos en “hermanos de trabajo”. Lo cual nos compromete «a movernos en comunidad, aunar esfuerzos, buscar apoyos y seguir reclamando un trabajo decente y de justicia social que haga oír nuestra voz en nuestros barrios, ante las organizaciones sindicales y en las instituciones de gobierno», tal y como leemos en el manifiesto de la Jornada.

Hablemos alto y claro, apostando por un nuevo sistema productivo capaz de generar empleo y, sobre todo, empeñado en garantizar que la persona y su dignidad ocupen el centro de la vida. Pidamos el reconocimiento social y laboral —traducido en unas condiciones de empleo dignas— para los llamados “trabajadores esenciales”, haciendo así honor a tal nombre. Exijamos que el derecho a la protección social no esté supeditado a la vida laboral y que se garantice el ingreso mínimo vital para quien lo necesita, así como los subsidios de desempleo. Todo ello, siendo conscientes de que «ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo» (LS 128). Con este propósito hay que promover el desarrollo de la creatividad que Dios ha regalado a cada persona, sus capacidades, fuerza e iniciativa. Como dice el Papa, aunque cambien los mecanismos de producción, la política no puede renunciar al objetivo de lograr que la organización de una sociedad asegure a cada persona alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo. «No existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo» (FT 162).

#NosMovemosPorElTrabajoDecente porque “somos hermanos de trabajo” en Mondoñedo-Ferrol. Queremos extender la fraternidad evangélica reivindicando el derecho fundamental al trabajo, que es una traducción directa de la justa dignidad que merecemos como hijos de Dios. Nuestra hermandad laboral ha de ser abierta, sin fronteras, plagada de hechos que transformen la realidad, de modo que, procurando sin descanso el bien y el trabajo de todos, cada 7 de octubre podamos decir que estamos un poco más cerca del Reino de Dios y su justicia.
 

GALEGO

Un ano máis a iniciativa Igrexa polo Traballo Decente (ITD) celebra o 7 de outubro a Xornada Mundial polo Traballo Decente cunha xusta reivindicación. É unha ocasión para espertar a nosa mirada de modo que, sacudíndonos a indiferenza, sintamos interpelados e mobilizados pola situación de precariedade que sofren as persoas no seu traballo, incrementada este ano pola pandemia da COVID-19. As carencias agudizáronse e habemos de seguir buscando entre todos, con maior empeño se cabe, unhas condicións laborais dignas e xustas para todos. Para todos e entre todos, porque este mundo precisa redescubrir a fraternidade para restañar feridas e recuperarse, segundo o papa Francisco acábanos de sinalar na súa nova encíclica.

No exercicio de empatía e compaixón ao que nos conduce a caridade na verdade, podemos sentirnos vítimas coas vítimas da precariedade laboral. Deste xeito practicaremos esa solidariedade tan especial que existe entre os que sofren, entre os pobres; esa solidariedade que nos permite pensar e actuar en termos de comunidade, dando prioridade á vida común fronte á apropiación egoísta dos bens por parte dalgúns. Todo iso co fin de loitar contra as causas estruturais da pobreza, a desigualdade, a falta de traballo, como afirma o papa Francisco en  Fratelli  tutti (cf  FT 116). Queremos soñar e facer realidade un mundo en paz, asegurando un traballo decente para todos, ademais dunha terra e un teito nos que habitar (cf  FT 127). Á fin e ao cabo, o traballo forma parte do misterio salvífico da creación, de xeito que resulta deber indiscutible dos cristiáns o empeño de procurar para todos unha vida digna a través dun traballo decente (cf  LS 128), cun mesmo principio e fin evanxélicamente transformadores: “Somos irmáns de traballo”.

Como sinala o manifesto de ITD para esta Xornada, a realidade mostra «as consecuencias dun modelo produtivo incapaz de xerar emprego con alto valor engadido e marcado polas altas taxas de precariedade laboral». Sabemos que o emprego se destrúe, que os números dos ERTE e o paro elévanse e que a protección social non chega todos os que a necesitan e teñen dereito a ela. Sabemos tamén que hai sempre unha ameaza de exclusión alí onde crece a economía mergullada.

Todo isto faise corpo en tantas persoas desprotexidas que acoden a servizos sociais públicos e veciñais, así como aos recursos caritativo-solidarios da Igrexa a pé de parroquia ou centro relixioso específico. Nesta adversidade extraordinaria comprobouse a xenerosidade destas institucións e das persoas particulares que, coa súa man tendida, elevan ante o mundo un clamor polo ben común e a necesidade de construír a fraternidade aberta e universal, propia dun corazón samaritano.

Debemos contemplar o traballo como un camiño de sentido e de humanización, a través do cal cada persoa sábese recoñecida na súa dignidade e chamada a plenitude precisamente ao poñer os seus dons ao servizo da familia humana. Así, como fillos de Deus que traballan e procuran traballo aos seus semellantes, actualizamos a fraternidade evanxélica, converténdonos en “irmáns de traballo”. O cal nos compromete «a movernos en comunidade, axuntar esforzos, buscar apoios e seguir reclamando un traballo decente e de xustiza social que faga oír a nosa voz nos nosos barrios, ante as organizacións sindicais e nas institucións de goberno», tal e como lemos no manifesto da Xornada.

Falemos alto e claro, apostando por un novo sistema produtivo capaz de xerar emprego e, sobre todo, empeñado en garantir que a persoa e a súa dignidade ocupen o centro da vida. Pidamos o recoñecemento social e laboral —traducido nunhas condicións de emprego dignas— para os chamados “traballadores esenciais”, facendo así honra a tal nome. Esixamos que o dereito á protección social non estea supeditado á vida laboral e que se garanta o ingreso mínimo vital para quen o necesita, así como os subsidios de desemprego. Todo iso, sendo conscientes de que «axudar aos pobres con diñeiro debe ser sempre unha solución provisoria para resolver urxencias. O gran obxectivo debería ser sempre permitirlles unha vida digna a través do traballo» (LS 128). Con este propósito hai que promover o desenvolvemento da creatividade que Deus regalou a cada persoa, as súas capacidades, forza e iniciativa. Como di o Papa, aínda que cambien os mecanismos de produción, a política non pode renunciar ao obxectivo de lograr que a organización dunha sociedade asegure a cada persoa algunha maneira de achegar as súas capacidades e o seu esforzo. «Non existe peor pobreza que aquela que priva do traballo e da dignidade do traballo» (FT 162).

#NosMovemosPorElTrabajoDecente porque “somos irmáns de traballo” en Mondoñedo-Ferrol. Queremos estender a fraternidade evanxélica reivindicando o dereito fundamental ao traballo, que é unha tradución directa da xusta dignidade que merecemos como fillos de Deus. A nosa irmandade laboral ha de ser aberta, sen fronteiras, infestada de feitos que transformen a realidade, de modo que, procurando sen descanso o ben e o traballo de todos, cada 7 de outubro podamos dicir que estamos un pouco máis preto do Reino de Deus e a súa xustiza.
 

Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF

Segovia (1963) - Obispo de Mondoñedo-Ferrol - Misionero claretiano

@cmfluisangel