Las mujeres que combaten los abusos en la Iglesia

· Autor: Diócesis Córdoba

Reportaje publicado en la revista Alfa y Omega

Muchos obispos han optado por el liderazgo femenino en las oficinas diocesanas de protección del menor. Es el caso de Rosa María Fernández en Almería, María de la Concepción Quintela en Mondoñedo-Ferrol o Ana María Roldán en Córdoba. Y hay más

Concha Quintela: "La mujer tiene, en general, una visión más cercana a las emociones y es capaz de detectar, por ejemplo, situaciones solo con ver el rostro de un niño"

Hace unos días conocíamos que las diócesis de Oviedo, León y Santander iban a seguir la estela de la de Astorga –todas pertenecen a la misma provincia eclesiástica– e iban a poner a una mujer al frente de sus oficinas de atención y acompañamiento a las víctimas de abusos, cuya creación exige el motu proprio del papa Francisco Vos estis lux mundi (2019). Pero lejos de significar una excepción, son muchos los obispos que han optado por el liderazgo femenino para abordar una cuestión tan delicada. Así sucede, entre otras, en las diócesis de Orense, Toledo, Córdoba, Almería, Mondoñedo-Ferrol, Ibiza o en la provincia eclesiástica de Pamplona. A todas estas habría que sumar aquellas que, sin estar al frente, juegan un papel fundamental en los equipos.

Córdoba –tras Astorga, donde fue nombrada la primera mujer, además, en la primera oficina– fue una de las tomó la decisión con premura. En 2019, poco después de la cumbre antiabusos en el Vaticano, creó la Oficina de Protección del Menor, cuya responsable es Ana María Roldán, consagrada de las Cruzadas de Santa María. Desde entonces, ha trabajado en estructurar la oficina, en la elección de personas y en formarse a través del Centro para la Protección del Menor de la Pontificia Universidad Gregoriana. «Vimos la magnitud de lo que significa y del trabajo que había que hacer en la diócesis», reconoce Roldán.

Luego publicaron un protocolo de actuación y unos consejos prácticos para los agentes de pastoral, así como una dirección y un teléfono para que las víctimas puedan hacer sus denuncias. «Yo soy la cara de acogida en la oficina, pero, por ahora, no me están dando mucho trabajo», añade. Además de su recepción, explica a las víctimas el camino que tienen por delante y dónde pueden encontrar la ayuda. En el momento que cuenten con gente preparada y formada, la atención más especializada se ofrecerá desde la propia oficina.

En su opinión, la presencia femenina en este ámbito «es un complemento muy importante», unido a lo que la figura masculina puede aportar. En concreto, destaca de las mujeres el talante de acogida, de escucha, de serenidad, de compasión… También la forma de estar, de acoger y de colaborar. «Veo que es muy necesario y lo he comprobado en el trabajo con el vicario general. Cada uno aporta lo suyo y es bueno. Hay un cierto equilibrio», añade.

Aunque las diócesis gallegas tienen una oficina común, en Mondoñedo-Ferrol, su entonces obispo, Luis Ángel de las Heras, hoy en León, quiso crear su propia comisión –vinculada a la central– con el nombre de Protege. Y puso al frente María de la Concepción Quintela, profesora jubilada y laica. «Cuando el obispo me lo propuso, no pensé en el hecho de ser una mujer y seglar. Más bien en que tenía una serie de conocimientos y que estaba muy sensibilizada. Luego, tras reflexionar y comentarlo incluso con algún sacerdote, creo que es un acierto», explica. Considera que la mujer tiene, en general, una visión más cercana a las emociones y es capaz de detectar, por ejemplo, situaciones solo con ver el rostro de un niño.

En lo que respecta a su trabajo, reconoce que ha dedicado mucho tiempo a la formación gracias al Curso de Protección de Menores del Instituto Teológico de Vida Religiosa. Todavía no han recibido ninguna denuncia y espera a que la pandemia remita para encontrarse con los agentes de pastoral de la diócesis: «Queremos sensibilizar a todos».

En la diócesis de Almería, Rosa María Fernández, abogada, tomó posesión en septiembre como directora de la Oficina de Protección del Menor y Personas Vulnerables. Coordina un equipo en el que hay, además, otro abogado, un psicólogo, un sacerdote y un asesor jurídico. Trabajan, en estos momentos, en la elaboración de los distintos protocolos. La influencia de la oficina, señala, va más allá de la atención de denuncias, pues también es su objetivo promover la creación de espacios seguros dentro de la Iglesia. «Que los padres puedan estar tranquilos», añade.

Sostiene que su nombramiento se enmarca en la apuesta personal del obispo por que haya mayor presencia de mujeres en puestos de responsabilidad en la Iglesia. «Es positivo que en cualquier grupo de responsabilidad haya distintas formas de abordar la realidad y que en un tema como este haya un lado masculino y otro femenino. No es una cuestión de contrarios, sino de complementarios», añade. En este sentido, cree que ser mujer y laica puede aportar «mucha frescura y una forma de afrontar la realidad y los problemas diferente y complementaria».

Fuente: Alfa y Omega

Servicio Diocesano de Comunicación

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