A propia vida regalada por amor

S. I. Catedral-Basílica de Mondoñedo, domingo 6 de xuño de 2021

Homilía do administrador diocesano na solemnidade do Corpus Christi

"A voz de Cristo invítanos a levar adiante a revolución do amor, que pon no centro a dignidade de cada persoa por riba de todo"

Benqueridos sacerdotes, membros do Cabido desta S.I. Catedral;

Benqueridos irmáns sacerdotes;

Benquerido Sr. Alcalde de Mondoñedo e membros da corporación municipal;

Benqueridos irmáns e irmás todos:

Celebramos hoxe a solemnidade do Corpo e Sangue do Señor. Volvemos a mirada e o corazón á Cristo, feito pan e viño na eucaristía, facemos memoria de Xesús na Pascua de onte, adoramos a súa presenza no seu Sangue e Corpo de hoxe, camiñando á espera do Reino de mañá que el xa comezou.

Cando nos fixamos no evanxeo descubrimos cómo Xesús foi regalando a súa vida. Cando non lle queda máis entre as mans porque xa o foi dando todo, érguese da mesa e reparte o pan. O que importa non é o partir, senón o xesto completo de Xesús, que converteu toda a súa vida en “pan”: el é a comida que permanece para o camiño dos seus. Na mesa convirte a súa vida en alimento, en vida compartida, en eucaristía. Na mesa, Xesús interpreta a súa vida como o gran de trigo, feito pan que se parte, reparte e compártese.

Xesús regálase como sangue da Alianza. A súa persoa é sangue derramado por moitos. No seu sangue ofrece o camiño gratuito e gratificante da propia vida regalada por amor, vida de entrega que ten o seu cumio na morte na cruz.

No don do mesmo Xesús en persoa queda seducida a nosa mirada, e na súa mesa, posta e preparada para nós, escóitase:

1) Unha chamada: A da obediencia da fe ao Señor, a nosa vocación. No xesto da eucaristía, dinos elocuentemente: Sígueme! Seguídeme! E dínolo amosándonos un estilo de vida: a entrega en cada momento, facéndonos pan que se parte, reparte e comparte.

2) Unha invitación: A sentarnos á mesa, en roda fraterna, en familia, sen distinción, todos iguais coa mesma dignidade… A experimentar a fraternidade e poñer en pé a vida fraterna. O Corpo do Señor é unha chamada apremiante, urxente, a vivir en fraternidade e sermos anticipo da terra nova do Reino.

3) Os berros dos pobres: Neste Corpo os máis débiles e empobrecidos son os que están nas entrañas do Señor. Neste Corpo vemos a un Deus que se empequenece para facernos grandes. Neste Corpo vemos o rostro vivo e real de Cristo, no rostro vivo e real de cada irmán e irmá máis débiles: eles son Cristo que nos fala desde os ERTE, as pateras, os aramados dos que saltan buscando liberdade, os baixos dos camións cheos de soños, as desfeitas da droga e tantas adiccións, desde as portas de tantos negocios pechados pola pandemia e a falta de traballo, desde as entradas de tantas igrexas, e nos pisos dos nosos edificios, desde os hospitais e residencias, desde os centros de menores e a soedade de tantos irmáns, desde as rúas dos nosos pobos… en todos eles está Cristo clamando, pedindo xustiza, buscando dignidade, urxindo fraternidade… En todos e cada un, Cristo dinos: Ámame! Amádeme! Neses rostros, a voz de Cristo invítanos a levar adiante a revolución do amor, que pon no centro a dignidade de cada persoa por riba de todo.

4) Un desexo e un compromiso: Como nos di o papa Francisco na “Fratelli tutti”: Un desexo, que toda a humanidade atope camiños de fraternidade e amistade social. Un compromiso: Configurar as nosas vidas ao estilo de Xesús de Nazaré; ser o corazón-caridade das nosas comunidades; acoller, protexer, promover, integrar, servir, amar…

Esa mesa está posta para nós, invítasenos a sentar para alimentarnos e compartir o que somos, o noso pan, o noso tempo, a alegría… A eucaristía é don, tarefa e vida. Entra, vén, séntate, come, comparte e déixate transformar por aquel que é pan e que te invita a facerte pan.

Non quero rematar sen compartir convosco unha palabra: Grazas! Hoxe quero repetila moitas veces, adicada aos voluntarios e voluntarias dos grupos de Cáritas das nosas parroquias e diocese que están aí partíndose e compartíndose, regalando o amor que ven de quen sendo pan, se deixa comer ata o extremo. Grazas por seres o rostro esperanzador da Igrexa para tantos. Grazas porque convosco saboreamos máis e mellor a Cristo eucaristía compartindo con Cristo pobre.
 

ESPAÑOL

Bienqueridos sacerdotes, miembros del Cabildo de esta S.I. Catedral;

Bienqueridos hermanos sacerdotes;

Bienquerido Sr. Alcalde de Mondoñedo y miembros de la corporación municipal;

Bienqueridos hermanos y hermanas todos:

Celebramos hoy la solemnidad del Cuerpo y Sangre del Señor. Volvemos la mirada y el corazón a Cristo, hecho pan y vino en la eucaristía, hacemos memoria de Jesús en la Pascua de ayer, adoramos su presencia en su Sangre y Cuerpo de hoy, caminando a la espera del Reino de mañana que él ya comenzó.

Cuando nos fijamos en el evangelio descubrimos cómo Jesús fue regalando su vida. Cuando no le queda más entre las manos porque ya lo fue dando todo, se yergue de la mesa y reparte el pan. Lo que importa no es el partir, sino el gesto completo de Jesús, que convirtió toda su vida en “pan”: él es la comida que permanece para el camino de los suyos. En la mesa convierte su vida en alimento, en vida compartida, en eucaristía. En la mesa, Jesús interpreta su vida como el grano de trigo, hecho pan que se parte, reparte y se comparte.

Jesús se regala como sangre de la Alianza. Su persona es sangre derramada por muchos. En su sangre ofrece el camino gratuito y gratificante de la propia vida regalada por amor, vida de entrega que tiene su cumbre en la muerte en la cruz.

En el don del mismo Jesús en persona queda seducida nuestra mirada, y en su mesa, puesta y preparada para nosotros, se escucha:

1) Una llamada: La de la obediencia de la fe al Señor, nuestra vocación. En el gesto de la eucaristía, los dicen  elocuentemente: sígueme! Seguidme! Y nos lo dice mostrándonos un estilo de vida: la entrega en cada momento, haciéndonos pan que se parte, reparte y comparte.

2) Una invitación: A sentarnos a la mesa, en corro fraterno, en familia, sin distinción, todos iguales con la misma dignidad… A experimentar la fraternidad y poner en pie la vida fraterna. El Cuerpo del Señor es una llamada apremiante, urgente, a vivir en fraternidad y ser anticipo de la tierra nueva del Reino.

3) Los gritos de los pobres: En este Cuerpo los más débiles y empobrecidos son los que están en las entrañas del Señor. En este Cuerpo vemos a un Dios que se empequeñece para hacernos grandes. En este Cuerpo vemos el rostro vivo y real de Cristo, en el rostro vivo y real de cada hermano y hermana más débiles: ellos son Cristo que nos habla desde los ERTE, las pateras, las vallas de los que saltan buscando libertad, los bajos de los camiones llenos de sueños, los destrozos de la droga y tantas adicciones, desde las puertas de tantos negocios cerrados por la pandemia y la falta de trabajo, desde las entradas de tantas iglesias, y en los pisos de nuestros edificios, desde los hospitales y residencias, desde los centros de menores y la soledad de tantos hermanos, desde las calles de nuestros pueblos… en todos ellos está Cristo clamando, pidiendo justicia, buscando dignidad, urgiendo fraternidad… En todos y cada uno, Cristo nos dice: ¡Ámame! ¡Amadme! En esos rostros, la voz de Cristo nos invita a llevar adelante la revolución del amor, que pone en el centro la dignidad de cada persona por encima de todo.

4) Un deseo y un compromiso: Como nos dice el papa Francisco en la “Fratelli tutti”: Un deseo, que toda la humanidad encuentre caminos de fraternidad y amistad social. Un compromiso: Configurar nuestras vidas al estilo de Jesús de Nazarét; ser el corazón-caridad de nuestras comunidades; acoger, proteger, promover, integrar, servir, amar…

Esa mesa está puesta para nosotros, se nos invita a sentarnos para alimentarnos y compartir lo que somos, nuestro pan, nuestro tiempo, la alegría… La eucaristía es don, tarea y vida. Entra, ven, te siéntate, come, comparte y déjate transformar por aquel que es pan y que te invita a hacerte pan.

No quiero finalizar sin compartir con vosotros una palabra: ¡Gracias! Hoy quiero repetirla muchas veces, dedicada a los voluntarios y voluntarias de los grupos de Cáritas de nuestras parroquias y diócesis que están ahí partiéndose y compartiéndose, regalando el amor que viene de quien siendo pan, se deja comer hasta el extremo. Gracias por ser el rostro esperanzador de la Iglesia para tantos. Gracias porque con vosotros saboreamos más y mejor a Cristo eucaristía compartiendo con Cristo pobre.

Antonio Valín Valdés

Administrador Diocesano de Mondoñedo-Ferrol (Ribadeo, 1968)