Fernando García Cadiñanos: «Lo que más me preocupa es estar a la altura del reto que se me presenta»

Fernando García, durante una visita al santuario de los Remedios de Mondoñedo · Autor: Diócesis

Entrevista al nuevo obispo de Mondoñedo-Ferrol en La Voz de Galicia

"Para mí, Galicia ya es parte de mi corazón, tierra maravillosa habitada por personas mucho más hermosas a las que estoy llamado a servir"

6 julio 2021.- Fernando García Cadiñanos, 53 años, burgalés de nacimiento y nuevo obispo de Mondoñedo-Ferrol, es un hombre alegre, poco dado a dejarse vencer por la adversidad y, sobre todo, amigo del entendimiento y del diálogo. Sacerdote de larga experiencia en el ámbito de la atención a quienes más sufren (familias sin recursos, enfermos y ancianos que viven en soledad, habitantes de una España rural cada vez más despoblada...), afirma que este es el momento de impulsar «la sociedad de los cuidados». Y, sobre todo, de apostar por la solidaridad.

¿Cuál debería ser, en estas circunstancias, la principal prioridad de la Iglesia?

Ciertamente este tiempo de pandemia nos debe de ayudar a configurar una nueva realidad. Lo que hemos vivido debe de provocar un cambio en nuestra manera de organizarnos, de priorizar, de sentirnos, de valorarnos... La Iglesia, que es experta en humanidad, puede aportar en esta construcción de la nueva realidad un humanismo que nace del Evangelio: la primacía de cada persona, la fraternidad, el cuidado de los últimos y de la casa común, el destino universal de los bienes. La prioridad de la Iglesia, que siempre es el anuncio de Jesús, hoy se visibiliza en descubrirnos un Dios que nos provoca al cuidado y la fraternidad.

La de Mondoñedo-Ferrol es una diócesis cuyas raíces se hunden en lo que se ha dado en llamar el fondo de las edades. ¿Qué significa eso para un obispo del siglo XXI? ¿La historia pesa...?

Toda persona y toda comunidad tiene unas raíces. Las raíces permiten a las plantas poder alimentarse y, desde ahí, desplegar toda su belleza en la particularidad de su clase y especie. Lo mismo sucede con los pueblos y las personas: las raíces nos dicen lo que somos, nos hablan de elementos fundantes, nos marcan la sabiduría de generaciones... pero tenemos que desplegarnos en los tiempos nuevos, sabiendo tener la sabiduría que nos permita quedarnos con lo imprescindible y acoger lo bueno.

Apenas un centenar de sacerdotes en activo, haciendo un esfuerzo que roza la épica, y una diócesis de 422 parroquias. ¿Qué se puede hacer frente a la crisis de vocaciones?

Las vocaciones, a veces, solo las hemos limitado a la vocación sacerdotal y religiosa, y no hablamos de la vocación laical, familiar... La crisis de vocaciones a la vida sacerdotal indica la crisis de nuestras comunidades de saber engendrar nuevos cristianos que descubran que la vida es misión, es entrega, que Dios nos pide hoy algo a cada uno. Esto es tarea de todos: tenemos que profundizar en la vida cristiana y en la vida comunitaria.

¿La Iglesia está sabiendo hacer oír su voz en este siglo tan lleno de confusión e incertidumbres?

La Iglesia está hablando y se comunica. Quizás es lo que expresas en la pregunta: hoy hay muchas voces, y todas las voces, a veces, se escuchan de la misma manera. Habría que educar el oído para acoger las voces que realmente merece la pena oír.

Ha trabajado mucho en Cáritas, ha visto el dolor muy de cerca. ¿Cómo lo ha marcado eso?

La cercanía de los empobrecidos es central al Evangelio y a la experiencia de Jesús. No es un elemento para adornar, sino que expresa el núcleo del encuentro con Jesús: los pobres nos evangelizan, nos ayudan a discernir, nos indican las prioridades, nos muestran la realidad. Creo que esto es muy importante para acompañar un pueblo y ser un buen pastor.

¿Verdaderamente se ha sabido responder al reto de dialogar, por ejemplo a través de la cultura, con creyentes y no creyentes?

La Iglesia es diálogo, decía el Papa Pablo VI, y marcaba las direcciones de ese diálogo intercultural, interreligioso e intraeclesial. Sin embargo hoy también hay una dificultad para dialogar. El diálogo se hace siempre desde la propia identidad y desde la valoración del otro como alguien importante para mí. No sé si estas actitudes existen hoy en nuestro mundo con respecto a la Iglesia y su mensaje.

¿Qué es Galicia para usted?

Hasta ahora una tierra bella, que se hacía y configuraba en torno al Camino. Y ahora, para mí, Galicia ya es parte de mi corazón, tierra maravillosa habitada por personas mucho más hermosas a las que estoy llamado a servir.

¿Qué es lo que más le preocupa?

A nivel personal, lo que más me preocupa es estar a la altura del reto que se me presenta, no defraudar las esperanzas puestas en mí, ser fiel a la vocación a la que se me llama. Y a nivel eclesial, el reto de la transmisión de la fe, de la corresponsabilidad.

Entrevista publicada en La Voz de Galicia el martes 6 de julio de 2021
Texto: Ramón Lourero
Fotografía: Diócesis

 

Servicio Diocesano de Comunicación

@mondonedoferrol