Alocución de monseñor García Cadiñanos, obispo de Mondoñedo-Ferrol

· Autor: Diócesis

Ordenación episcopal y toma de posesión de Fernando García Cadiñanos como obispo de Mondoñedo-Ferrol

Palabras de agradecimiento pronunciadas en la parte final de la ceremonia

"El Señor me envía para una misión: ser servidor de esta Iglesia milenaria y de hondas raíces, que quiere ser fiel al mandado de Jesús de vivir y permanecer en el amor desde la humildad y sencillez"

No es fácil expresar en breves palabras todo lo que encierra mi corazón en estos momentos y que quieren recoger también lo vivido en los últimos meses. Con los clásicos, hay que afirmar que el episcopado es “honor et onus” (honor y carga), y con san Agustín comparto que este es un título de “servicio más que de honor”.

Quizás el icono que mejor se acomoda y resume mi corazón es la escena del Evangelio que hoy hemos proclamado y que simbólicamente se representa también en una de las partes de mi escudo episcopal: hoy el Señor también me invita a ir a la otra orilla, a salir para expropiarme entregándome, a encarnarme en estas tierras gallegas, tierras de periferia geográfica, tierras que saben de emigrar y acoger, de peregrinaje y permanencia. El Señor me envía para una misión: ser servidor de esta Iglesia milenaria y de hondas raíces, que quiere ser fiel al mandado de Jesús de vivir y permanecer en el amor desde la humildad y sencillez. Vengo con mi fragilidad, como la de Salomón, pero con la fuerza de los que se dejan llevar por el Espíritu, con la certeza de que el Señor acompaña y reviste siempre la fragilidad en su fortaleza.

En esta hora de la Iglesia de Mondoñedo-Ferrol, todos los carismas y ministerios, todos los cristianos y cristianas estamos convocados para llevar la esperanza que surge de la Pascua. Nuestra sociedad, herida y desvinculada, envuelta en las sombras de un mundo cerrado, que vive el drama de la inequidad y de la crisis del compromiso comunitario, teñida por el sufrimiento de la pandemia y de los problemas sociales que ha traído, necesita el encuentro personal con la Buena Noticia del amor del Padre que Jesús nos comunica en su Espíritu. Como nos recordaba el papa Benedicto: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (DCE 1).

La misión, por tanto, en esta nueva etapa evangelizadora, hoy es más apasionante que nunca: se necesitan discípulos misioneros apasionados de Cristo y de cada hombre, apasionados del Evangelio y de nuestra sociedad con la que compartimos gozos y esperanzas. Frente al cansancio que nos puede llegar, frente a la apatía o la desgana, frente a tantas tentaciones que hoy sufre el evangelizador, somos convocados a realizar una experiencia que nos configura y nos renueva. Jesús nos invita a la parresía de la fraternidad que transforma la casa común en espacio habitable para todos desde una ecología integral, y donde se edifica una Iglesia que es familia, escuela, hogar… ¡Qué gozo sentir hoy que el Señor cuenta contigo, qué gozo la pertenencia y la identidad en la Iglesia!

Mi corazón está lleno de fragilidad, miedo, confianza, ilusión… y mucho agradecimiento. Gracias a Dios nuestro Padre que sigue confiando en mí para esta tarea y que ha renovado su llamada a colaborar en la construcción del Reino. Y gracias a las personas a través de las cuales se ha servido ahora y a lo largo de mi vida como instrumentos para hacer realidad esa llamada. Gracias al papa Francisco, que me ha escogido para apacentar esta porción del Pueblo de Dios en Mondoñedo-Ferrol. Ruego, Sr. Nuncio, que le transmita al Santo Padre mi saludo cordial y el de toda esta Iglesia.

Gracias a los que hoy han sido instrumentos privilegiados para transmitir la gracia de la plenitud del orden sacerdotal. Junto al Nuncio, gracias a don Julián, mi arzobispo metropolitano y a don Fidel, con el que he compartido amistad y tantos quehaceres en mi diócesis de Burgos. Gracias a todos los obispos aquí presentes que manifiestan la colegialidad episcopal en el cuidado de todas las Iglesias.

Gracias a mi familia, a mis padres y hermanos, donde di mis primeros pasos en la vida y en la fe y que siempre me han acompañado. Gracias con mayúsculas a toda la Iglesia de Burgos, hoy tan presente en esta celebración con el esfuerzo que supone venir hasta aquí (así veis la belleza de estas tierras, “la diócesis más bella del mundo”, en palabras de mi antecesor). Gracias a los que habéis venido y a los que seguís la celebración por los medios de comunicación: en esa Iglesia burgalesa he trabajado en diferentes lugares y parroquias, en la Facultad y en distintas encomiendas. Allí, en un ejercicio de sinodalidad, me he conformado con vosotros y, gracias a vosotros, como soy. Allí he disfrutado del gozo del sembrador que también recoge la semilla en infinidad de pruebas de afecto y de cariño. Gracias especialmente a Cáritas, donde los últimos años he vivido cada día el Evangelio hecho realidad con los más pobres.

Gracias a todas las autoridades aquí presentes, civiles, militares y miembros de asociaciones, instituciones y entidades diversas, tanto de Galicia como de mi tierra burgalesa: vuestra presencia expresa el empeño de querer colaborar juntos por el bien común y hacer brillar la justicia.

E grazas moi especialmente a esta Igrexa de Mondoñedo-Ferrol que hoxe me recibe como pai, esposo, pastor, amigo e irmán: que imaxes tan cheas de fermosura e significado! Desde o principio fixéstesme sentir moi a gusto. Síntome como na miña casa! Grazas ao padre Luis Ángel, o meu antecesor; grazas a don Antonio Valín, o administrador diocesano, e ao Colexio de Consultores; grazas a todos os sacerdotes, vida consagrada, seminaristas, misioneiros, membros das parroquias, confrarías, movementos, asociacións... Grazas a cantos preparastes esta fermosa celebración. Grazas aos presentes e aos que vos unides polos medios de comunicación. Como nunha orquestra, sentimos hoxe a beleza da diversidade da comunión.

In ómnibus caritas: “En todas las cosas, la caridad”. Que esta fiesta de acogida nos lleve al gozo de la pertenencia y del envío, a llenar nuestra vida y nuestro mundo de la caridad que nace de Dios. Feliz regreso a los que volvéis y feliz convocatoria a la comunión y misión a los que permanecéis. Que la Virgen de los Remedios y san Rosendo nos bendigan. Que a Virxe dos Remedios e san Rosendo nos bendigan.

Mons. Fernando García Cadiñanos
Obispo de Mondoñedo-Ferrol
 

GALEGO

Non é fácil expresar en breves palabras todo o que encerra o meu corazón nestes momentos e que queren recoller tamén o vivido nos últimos meses. Cos clásicos, hai que afirmar que o episcopado é “honra  et  onus” (honra e carga), e con san Agustín comparto que este é un título de “servizo máis que de honra”.

Quizais a icona que mellor se acomoda e resume o meu corazón é a escena do Evanxeo que hoxe proclamamos e que simbólicamente represéntase tamén nunha das partes do meu escudo episcopal: hoxe o Señor tamén me convida a ir á outra beira, a saír para expropiarme entregándome, a encarnarme nestas terras galegas, terras de periferia xeográfica, terras que saben de emigrar e acoller, de peregrinaxe e permanencia. O Señor envíame para unha misión: ser servidor desta Igrexa milenaria e de fondas raíces, que quere ser fiel ao mandado de Xesús de vivir e permanecer no amor desde a humildade e sinxeleza. Veño coa miña fraxilidade, como a de Salomón, pero coa forza dos que se deixan levar polo Espírito, coa certeza de que o Señor acompaña e reviste sempre a fraxilidade na súa fortaleza.

Nesta hora da Igrexa de Mondoñedo-Ferrol, todos os carismas e ministerios, todos os cristiáns e cristiás estamos convocados para levar a esperanza que xorde da Pascua. A nosa sociedade, ferida e desvinculada, envolvida nas sombras dun mundo pechado, que vive o drama da inequidade e da crise do compromiso comunitario, tinguida polo sufrimento da pandemia e dos problemas sociais que trouxo, necesita o encontro persoal coa Boa Noticia do amor do Pai que Xesús nos comunica no seu Espírito. Como nos lembraba o papa Benedicto: “Non se comeza a ser cristián por unha decisión ética ou unha gran idea, senón polo encontro cun acontecemento, cunha Persoa que dá un novo horizonte á vida e, con iso, unha orientación decisiva” (DCE 1).

A misión, por tanto, nesta nova etapa evanxelizadora, hoxe é máis apaixonante que nunca: necesítanse discípulos misioneiros apaixonados de Cristo e de cada home, apaixonados do Evanxeo e da nosa sociedade coa que compartimos gozos e esperanzas. Fronte ao cansazo que nos pode chegar, fronte á apatía ou a desgana, fronte a tantas tentacións que hoxe sofre o evanxelizador, somos convocados a realizar unha experiencia que nos configura e nos renova. Xesús convídanos á parresía da fraternidade que transforma a casa común en espazo habitable para todos desde unha ecoloxía integral, e onde se edifica unha Igrexa que é familia, escola, fogar… Que gozo sentir hoxe que o Señor conta contigo, que gozo a pertenza e a identidade na Igrexa!

O meu corazón está cheo de fraxilidade, medo, confianza, ilusión… e moito agradecemento. Grazas a deus o noso Pai que segue confiando en min para esta tarefa e que renovou a súa chamada para colaborar na construción do Reino. E grazas ás persoas a través das cales se serviu agora e ao longo da miña vida como instrumentos para facer realidade esa chamada. Grazas ao papa Francisco, que me escolleu para apacentar esta porción do Pobo de Deus en Mondoñedo-Ferrol. Rogo, Sr. Nuncio, que lle transmita ao Santo Pai o meu saúdo cordial e o de toda esta Igrexa.

Grazas aos que hoxe foron instrumentos privilexiados para transmitir a graza da plenitude da orde sacerdotal. Xunto ao Nuncio, grazas a don Julián, o meu arcebispo metropolitano e a don Fidel, co que compartín amizade e tantos quefaceres na miña diocese de Burgos. Grazas a todos os bispos aquí presentes que manifestan a colexialidade episcopal no coidado de todas as Igrexas.

Grazas á miña familia, aos meus pais e irmáns, onde dei os meus primeiros pasos na vida e na fe e que sempre me acompañaron. Grazas con maiúsculas a toda a Igrexa de Burgos, hoxe tan presente nesta celebración co esforzo que supón vir ata aquí (así vedes a beleza destas terras, “a diocese máis bela do mundo”, en palabras do meu antecesor). Grazas aos que viñestes e aos que seguides a celebración polos medios de comunicación: nesa Igrexa burgalesa traballei en diferentes lugares e parroquias, na Facultade e en distintas encomendas. Alí, nun exercicio de sinodalidade, conformeime convosco e, grazas a vós, como son. Alí gocei do gozo do sembrador que tamén recolle a semente en infinidade de probas de afecto e de agarimo. Grazas especialmente a Cáritas, onde os últimos anos vivín cada día o Evanxeo feito realidade cos máis pobres.

Grazas a todas as autoridades aquí presentes, civís, militares e membros de asociacións, institucións e entidades diversas, tanto de Galicia como da miña terra burgalesa: a vosa presenza expresa o empeño de querer colaborar xuntos polo ben común e facer brillar a xustiza.

E grazas moi especialmente a esta Igrexa de Mondoñedo-Ferrol que hoxe recíbeme como pai, esposo, pastor, amigo e  irmán: que imaxes tan cheas de fermosura e significado! Desde ou principio  fixéstesme sentir moi a gusto. Síntome como  na  miña casa! Grazas al padre Luis Angel, o meu antecesor; grazas a don Antonio Valín, o administrador diocesano, e ao Colexio de Consultores;  grazas a todos os sacerdotes, vida consagrada, seminaristas, misioneiros, membros das parroquias,  confrarías, movementos, asociacións... Grazas a cantos preparastes esta fermosa celebración. Grazas aos presentes e aos que vos unides polos medios de comunicación. Como nunha orquestra, sentimos  hoxe a beleza da diversidade da comuñón.

In ómnibus caritas: “En todas as cousas, a caridade”. Que esta festa de acollida nos leve ao gozo da pertenza e do envío, a encher a nosa vida e o noso mundo da caridade que nace de Deus. Feliz regreso aos que volvedes e feliz convocatoria á comuñón e misión aos que permanecedes. Que a Virxe dos Remedios e san Rosendo nos bendigan.

Mons. Fernando García  Cadiñanos
Bispo de Mondoñedo-Ferrol

Servicio Diocesano de Comunicación

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