Sección litúrgica "Dominus"

34ª semana del Tiempo Ordinario

22 de noviembre de 2020. Jesucristo, Rey del Universo

MONICIÓN DE ENTRADA

Queridos hermanos: La fiesta de Cristo Rey del Universo antes se celebraba el último domingo de octubre, desde el año 1925 en que la instituyó el papa Pío XI. Pero en la reforma de Pablo VI, el 1969, se trasladó al último domingo del año cristiano, el domingo 34 del Tiempo Ordinario. La celebración de hoy, sobre todo los textos de lecturas, oraciones y cantos, nos ayuda a todos a entrar en el misterio de esta fiesta y ver nuestra historia como un proceso del Reino que todavía no se manifiesta, pero que se está gestando y madurando hasta el final de los tiempos. Con nuestra mirada puesta en el fin de los tiempos, celebremos con fe y esperanza nuestra misa de hoy. De pie y cantamos...
 

EVANGELIO

Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

»Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme’. Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber?’. ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’. Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’.

»Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis’. Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’. Y Él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo’. E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna».
 

COMENTARIO: "Su fama le llegó por lo que hacía", por Juan Manuel Ortiz

Hoy llegamos al final del Año litúrgico. Tras todo un año alimentando nuestra fe cada domingo, cada semana, y antes de adentrarnos en el tiempo de Adviento, del tiempo de preparación para la venida del Señor, nos ofrece la Iglesia este brillante broche final a la celebración de todo el año: hoy celebramos la Solemnidad de Jesucristo, rey del Universo.

Una celebración que mira al pasado, como veremos en el Evangelio, al mostrar el peculiar anuncio que Jesús hace de su ser rey durante el juicio ante Pilato, en su pasión. Pero que sobre todo, se abre con esperanza al futuro, al final de los tiempos, donde esa promesa se hará realidad en el Señor, que se convertirá en ese juez de vivos y muertos que confesamos al rezar el credo.

Pero como tantas cosas que hace Jesucristo, también en esto, su reinado es peculiar. Al hablar de un rey siempre pensamos en alguien poderoso, que por su nacimiento, por su familia y por la historia ha sido investido con un poder, el de gobernar a un pueblo, el ser el referente de alguna nación. Por lo menos antes era así, hoy podríamos poner algunos matices más. Pero no es este el lugar.

Esto no ocurre con el Señor Jesús. Ni por nacimiento ni por familia era alguien importante, al menos a los ojos del mundo. Su fama le llegó por lo que hacía, por como hablaba de Dios su Padre. Y por cómo fue presentando todo lo que éste quería hacer con la Humanidad, esa realidad que formamos  todos sus hijos bien amados.

Pero esto no es fácil de entender. Ni siquiera sus discípulos supieron entenderlo bien. Así lo veíamos hace unos domingos, cuando los Zebedeos le pidieron al Señor un «cargo» en ese Reino que estaba por venir.

Pero este Reino es distinto. No «es de este mundo»” dirá Jesús ante Pilato durante su injusto juicio, ese que le llevará a morir en la cruz. Es un Reino basado en la justicia, en el amor, en la verdad. Y no como el que defendía el gobernador romano, cuyo mérito recaía en pacificar a todos los pueblos bajo el poder del potente ejército romano. Y una paz impuesta con la fuerza es todo (injusticas, fuente de conflictos...), todo menos paz.

De ahí el final del pasaje: «Soy rey...y he venido al mundo para ser testigo de la verdad». Es en este mundo donde quiere ejercer su realeza, como «testigo de esa verdad», introduciendo el amor y la justicia de Dios por la puerta de la historia humana.

Por eso su reinado va unido a su misterio pascual. El trono donde Jesucristo reina sobre el mundo, es el trono de la cruz. Desde ahí ofrece su mayor lección, la de entregar su vida por la causa de la verdad.

Porque, en el fondo, esa verdad tiene un nombre propio para los cristianos: es el propio Jesucristo, el que es camino, verdad vida. Nuestra fe no es una ideología, un mero pensamiento, sino que es Él, el Hijo de Dios hecho hombre. Esa es su verdadera fuerza, eso es lo que explica que millones de personas que hayan consagrado su vida y sus mejores esfuerzos a esa causa, a la de hacer presente entre nosotros su Reino.

Dios se vino a vivir con nosotros, tomó cuerpo en seno de María, para que de su mano podamos alcanzar la plenitud de la vida y de la felicidad, para que podamos formar parte de la familia de la Verdad. Dejémonos guiar por Él. Pongamos nuestras vidas en Sus manos, en Su juicio de amor. Con esa esperanza lo celebramos en este día, cantamos su gloria. Que Él nos bendiga a todos. Feliz y santo domingo para todos.
 

REFLEXIÓN: "todos los caminos conducen a Roma", POR javier leoz

La expresión "todos los caminos conducen a Roma", proviene de la época del Imperio donde se construyeron más de 400 vías -unos 70.000 kilómetros- para comunicar la capital, Roma, considerada el centro donde convergía el poder del imperio, con las provincias más alejadas. En muchas ocasiones estos caminos fueron creados de forma espontánea por las propias legiones.

1. La fiesta de Cristo Rey, es el lugar donde converge todo aquello que hemos vivido, celebrado, escuchado y sentido como creyentes durante el año.

-¿Ha conducido nuestra oración al conocimiento de Cristo?

-¿Nos ha llevado la eucaristía a un mayor arraigo en Jesús?

-¿Hemos sentido, en propias carnes, la llamada del Señor a ser colaboradores de su Reino?

Si así ha sido, podemos decir que todo ha sido por Cristo, en Cristo y con Cristo. ¡Toda la misión de la Iglesia arranca y nos lleva a Cristo!

Desgraciadamente, no todos los caminos, conducen ni a Roma ni a Cristo. A nuestro paso se abren muchos atajos por los que, queriendo o sin querer, buscamos nuestros peculiares reinos (sin demasiadas exigencias) y lo efímero (porque nos cuesta o dudamos en buscar y luchar por lo eterno).

2. “Dime de qué presumes, que yo te diré de qué careces” Cuáles son los valores por los que nos empleamos a fondo? ¿Llevan el color del cielo o tan sólo el de la tierra? ¿Están impregnados de santidad o de mediocridad? ¿Proclaman la verdad y la vida o, tal vez, se dejan eclipsar por el engaño y la muerte?

Sigamos al gran Rey. Un Rey que nos presenta un Reino donde, la cruz, se convierte en trono de prueba para aquellos que le siguen. Un Reino, donde la corona de espinas, nos recuerda que el amor y el servicio son tarjetas de presentación imprescindibles para entrar a formar parte del grupo de los vasallos de Jesús. Un Reino en el que, la alegría de corazón, tiene prioridad sobre otras sonrisas fingidas, forzadas o compradas por los poderosos del mundo.

¿Qué puestos añoramos? ¿Los del servicio o los del ser servidos?

¿Cómo llevamos las espinas que salen a nuestro encuentro por defender la causa de Cristo? ¿Estamos alegres e ilusionados por ese Reino que fue la obsesión, la locura y el vivir en un sin vivir de Jesús?

3. Lo dijo ya un escritor: “Cuando el amor es rey, no necesita palacio” (José Narosky). Y, qué bien refleja esta sentencia la solemnidad que hoy celebramos: el reinado de Jesús. El palacio de Jesús fue el amor y, sus habitaciones, los corazones de la humanidad.

¿Cómo descubrir a un rey debajo de un rostro humillado? ¿Dónde su grandeza en un cuerpo abatido? ¿Es en la cruz donde hemos de encontrar acaso su trono? ¡Así es! ¡El amor es el rey y el secreto del gran Rey que es Cristo!

Santa Teresa, contemplando al Señor, llegó a dejarnos esta bonita perla: “Parezcámonos en algo a nuestro Rey, que no tuvo casa, sino en el portal de Belén donde naci y la cruz donde muri”.

4.- Al celebrar esta festividad meditamos todo lo que hemos descubierto respecto a Jesús con su Palabra, desde la caridad, la eucaristía o caminando como peregrinos ayudados y animados por la gran familia que somos toda la Iglesia que, en medio de vicisitudes pero con claridad, proclama: ¡TU, SEÑOR, ERES NUESTRO REY! Por Ti y para Ti nuestro esfuerzo, nuestra alabanza, nuestro seguimiento y nuestra vida, nuestra fe y nuestra entrega.

Sí, Señor, hoy más que nunca… VENGA TU REINO! VEN, SEÑOR, Y NO TARDES MÁS!

5.- QUIERO PARECERME A TI, MI REY

Que  mis caminos, de palabra y de obra,
empiecen  y acaben en Ti.
Sabiendo  que, contigo, todo acabará bien:
en  victoria y en triunfo seguro
con  amor, frente al odio
desde  el servicio, antes que el egoísmo.

QUIERO PARECERME A TI,  MI REY
Extendiendo  la inmensidad de tu Reino
en  cada una de las almas
allá  donde alguien te busque
en  el rincón donde, la necesidad, apremie
Allá  donde, el dolor del hombre,
busque  y reclame respuestas supremas
Allá  donde, la orfandad de la humanidad,
necesite  de una mano que la proteja
la  sostenga, la levante y la dignifique

QUIERO PARECERME A TI,  MI REY
Y,  cuando la cruz asome en el horizonte,
agarrarme  a ella con la obediencia de la fe
Derramando  desde ese trono de madera
mi  vida y mi valor, mi esfuerzo y mi generosidad
Derramando  como Tú, oh Señor,
palabras  de aliento y de consuelo
ánimo,  valor y esperanza

QUIERO PARECERME A TI,  MI REY
Y,  al contemplar tu poder y tu reinado
saber  que, no hay nada en el mundo,
comparable  a lo que Tú me ofreces:
tu  Verdad, tu Camino y tu Vida
Dueño,  Rey y Señor de la historia
ayúdame  a ser entusiasta y vasallo de tu Reino
Que  ningún otro tesoro, reluciente al ojo humano,
me  aparte de Ti…oh Rey soberano

Amén.
 

PRECES

1. Para que la Iglesia esté cada día más presente en la vida de los hombres, ayudándoles con la luz del Evangelio. Oremos.

2. Para que los que gobiernan nuestros pueblos, Cristo, Rey del Universo, les conceda el poder de ejercer el dominio en beneficio de todos, especialmente de los más necesitados. Oremos.

3. Para que los alejados de la fe y los que aún no conocen al Señor, acojan en su corazón el Reino del amor de Dios. Oremos.

4. Para que nosotros obremos el bien y podamos un día resucitar con Cristo. Oremos.
 

DESPEDIDA

Vayamos ahora a nuestra vida cotidiana, dejando que Jesús sea el Rey de nuestros hogares, lugares de trabajo y estudio; donde se produce la cultura y donde se concretan nuestro descanso y nuestra diversión. Viviendo seriamente el Evangelio, él reinará. Esa es la misión para la cual nos ha preparado la misa de hoy.

Servicio Diocesano de Comunicación

@mondonedoferrol