Noite no mosteiro. Concierto de música sacra

27 julio 2022.- Con la inmensa ilusión con la que anunciaba lo que viviría la noche del sábado 16 de julio, cerré los ojos y aguardé a que el sol se ocultase tras el monasterio de San Martiño de Xuvia en Narón. En el perfil de Eventi ya había visto anunciado un concierto en el monasterio de Caaveiro al que no pude ir y... tanto lo soñé y deseé, que esta vez sí se hizo realidad.

A lo largo de la tarde los preparativos los fui siguiendo en su perfil y un poco antes de las diez de la noche comenzamos a llegar los que, con entusiasmo, aguardábamos el primero de los tres pases.

Comenzaban a adivinarse ya las primeras luces: violetas, azules, rojas, verdes, naranjas... decorando la fachada, los rincones, el atrio, las escaleras...

Yo, que ya había estado otras tres veces en él, lo vi con ojos diferentes. Aquellos destellos le conferían un halo de misterio, de fantasía... Sonaba música gregoriana y pensé en mi padre... ¡Cuánto he aprendido de él! Mi primera aproximación al solfeo y al latín. Sé que desde allí, mientras mi corazón lo sentía... un beso y una sonrisa volaban hacia el cielo y del cielo, llegaba su mano agarrando la mía.

A este maravilloso monasterio que fue en su día un cenobio cisterciense con orígenes románicos y posteriores reformas y añadidos barrocos, dedicaré en breve otra publicación con imágenes e información que he ido y continúo recopilando. Hoy... el protagonismo es para la música que allí se escuchó.

Fue una experiencia que invadió todos mis sentidos y tal el silencio y el respeto... que cerrando los ojos, me transporté a otro tiempo, otro lugar...

Una acústica perfecta y una ambientación que invitaba a lo espiritual más allá de creencias.
 


 

La azafata, delante de la puerta, nos indicó a todos los que íbamos llegando que se abrirían las puertas a menos cuarto. La expectación iba en aumento, poco a poco las luces, se hacían más intensas mientras anochecía. Aunque jamás esperé el espectáculo de luz y color con el que disfruté al salir del concierto.

Tuve el inmenso privilegio de ser la primera en entrar... ¡Qué increíble sensación! Sobrecogía mi alma bajar las escaleras de piedra y adentrarme en un lugar que, además para los que sentimos la FE, conlleva un sentido tan difícil de explicar con palabras y a la vez, tan palpable y evidente desde el alma... que toda tú te llenas por completo de gratitud, de admiración y profundidad.

Aún con los tacones, me sentí tan, tan pequeña ante la altura de la bóveda, el alargamiento de los pilares, la fortaleza de los muros... Diminuta mi presencia y a la vez, plena mi alma.

Recordé otros momentos así en catedrales francesas en las que, un súbito silencio acompañaba a la luz que jugaba por los rincones, los relieves, los sepulcros y arcos... También he visto estas puestas en escena en exteriores, incluso sobre árboles, fachadas, edificios emblemáticos aquí en España, en Portugal, en Viena... Pero allí, en el que también llaman MONASTERIO DE O COUTO... me sentí otra. El ambiente me llevó a un viaje hacía mí.

Excelente elección del color por definición de la espiritualidad, aunque... he de confesar que esto es muy subjetivo, lo sé y lo digo pues yo coloreo mis momentos en diferentes tonos. Pero... allí estaba enmarcado el altar en morado, las sillas y atriles dispuestos.

Con la inmensa fortuna de los minutos que aún restaban, recorrí las naves en un silencio tal, que sólo mi respiración podría interrumpir.

La sobriedad y la falta de retablo, propia del estilo, la compensaban las increíbles tallas y los detalles en columnas y capiteles que quizá se aprecien mejor en el vídeo.

Y a las diez de la noche, puntuales como las campanas, hicieron su entrada las tres artistas que nos deleitarían con voz de soprano y acompañamiento de violín y órgano. Son MÚSICA PARA OCASIONES (@musicaparaocasiones). Interpretaron varias piezas con tal elegancia y calidez que fue inevitable sentir cómo me resbalaban las lágrimas y, cómo en silencio las cantaba para mí, mis dedos se movían por las teclas del piano y al cerrar los ojos, la brisa del violín me acercaba su viento.

Una adaptación del "Aleluya" de Leonard Cohen en español, el "Ave María" de Schubert, "Canticorum Iubilo" de Haendel, "Panis Angelicus" de Cesar Frank, "Ave María" de William Gómez y la "Cantata 147" de Bach que puso el broche final cuando yo creo que todos los allí presentes ya vivíamos en el cielo. Es muy probable que me haya dejado títulos y obras, lo mismo me ocurrió al grabar... No quería parar de disfrutar, sólo ansiaba sentir en mí la música y la voz. De todas ellas, que las adoro con mi alma, el "Ave María" de este compositor español William Gómez, que aún vive, supuso todo un descubrimiento y fue tal lo que ella transmitió al cantarla, que la emoción se hizo lágrimas y profunda gratitud. Sí se escuchará un fragmento en el vídeo, pero por no alargar la publicación, no incluyo la letra, mas deseo encuentres un momento para escucharla y disfrutarla, pues me ha parecido una joya tan hermosa... que ya es para mí todo un tesoro.

Terminado el concierto y con el alma inmensamente reconfortada, recorrimos los exteriores disfrutando de la belleza de todo el monasterio iluminado en un espectáculo de luz que rompía en colores la noche, al tiempo que se seguía escuchando música sacra bajo las estrellas.  

Imposible evitar acercarme a la sacristía para felicitarlas. Su sonrisa me invadió y vi en ellas la belleza y el arte, la delicadeza, la sensibilidad que envuelve a los enamorados de la música y los eleva a lo sublime.

Aquí os dejo un pedacito de mi sentir, ojalá os guste.

Me siento infinitamente FELIZ.

Víctor M. Caneiro
www.bajoinfinitasestrellas.com

Publicado: 27/07/2022: 836
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