Sección litúrgica "Dóminus"

Domingo 30º del Tiempo Ordinario

24 de octubre de 2021. Festividad de san Antonio María Claret

“Ayudemos a los misioneros a contar lo que han visto y oído, y unámonos a ellos colaborando económicamente en el trabajo que llevan a cabo, especialmente en estos momentos tan complicados, en los que tantas carencias se han visto acentuadas"
Monición de entrada

Bienvenidos a este domingo en que celebramos la Jornada Mundial de las Misiones, el Domund. El papa Francisco nos recuerda que, cuando reconocemos la presencia de Dios como Padre en nuestra vida, podemos abrir el corazón para dejarnos tocar por Él, permitir que cure nuestras cegueras y ser capaces de compartir en el día a día lo que hemos visto y oído de la mano de Jesús. Es lo que hacen nuestros misioneros y misioneras. Con ellos como ejemplo, vivamos esta celebración con verdadero espíritu misionero; y, como el ciego Bartimeo en el Evangelio, vivamos, sintamos, anunciemos y contemos lo que hemos visto y oído, la mejor noticia: Cristo, el Hijo de Dios, se ha entregado por nosotros, porque nos ama con locura
 

Evangelio (Mc 10, 46-52)

En aquel tiempo, cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!». Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle». Llaman al ciego, diciéndole: «¡Ánimo, levántate! Te llama». Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!». Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado». Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.
 

Reflexión al evangelio: ¿La mejor forma de ver? Creer en Jesús

Os ha podido ocurrir en variadas y numerosas ocasiones. Hemos entrado en una óptica y, antes de sentarnos frente al oftalmólogo, hemos optado por contemplar, pensar y fijarnos sobre todo, en la montura que más nos gustaba como adorno y resorte de las lentes. Al leer detenidamente el relato evangélico de este próximo domingo concluyo que corremos ese riesgo: pedimos lo que es secundario para nuestra felicidad y…obviamos aquello que, de verdad, nos la consigue. Bartimeo no se anduvo con chiquitas. Cuando Jesús se le acercó y le preguntó “¿qué quieres que haga por ti?”…podría haber pedido el oro y el moro, la luna a sus pies o el sol las veinticuatro horas del día: -Una mejor posición social -Una salida a su vida familiar -Una mayor comprensión en su entorno -Un reconocimiento a su persona ¡Pero no!; no se conformó con solicitar de Jesús Maestro unas simples y bonitas “monturas” para su vida. Pretendió, pidió y obtuvo lo más importante para su existencia: ¡VER! Con ello, consiguió, todo un mar de posibilidades, de efectos y de sensaciones jamás vividas por él.

2.- Muchos de los amigos que nos rodean (y nosotros a veces también) viven/vivimos en una catarata crónica; confundimos la realidad con la fantasía; la alegría con la felicidad momentánea, la paz interior con el puro fuego de artificio que se dispara desde tantos cañones interesados y ruidosos. El viejo adagio “ojos que no ven corazón que no siente” se convierte también en pauta para pasar de largo ante la miseria humana. Hoy incluso, al margen de la iglesia y en contra de ella, muchos pretenden montarse una moral y una ética desprovista de lo esencial y haciendo de su capa un sayo. Es la nueva ética y moral light y subjetivista. Son los nuevos conductores por los que se rige nuestra sociedad. Las consecuencias son las que son: no hay peor mal que un ciego guiando a otro ciego.

3.- ¡SEÑOR…QUE PUEDA VER! Que sea consciente de las cegueras que salen a mi encuentro Que esté dispuesto, siempre que haga falta, a reconocer que el mejor oftalmólogo para mis ojos eres Tú; que la escucha del Evangelio es la mejor receta, la eucaristía el colirio más saludable y certero; la oración la mejor intervención quirúrgica para saber hacia dónde y cómo mirar; una iglesia la mejor consulta para la miopía. ¡SEÑOR…QUE PUEDA VER! Es el mundo quien al borde del camino necesita una palabra de aliento Es la humanidad arrogante y hedonista pero vacía Es el ser humano que quiere y no puede dirigirse en la dirección adecuada Es la tierra que en un afán de verlo y entenderlo todo se niega a la visión de Dios Es el grito de aquellos que queremos estrenar “gafas nuevas” para andar por caminos nuevos sin miedo a caernos.

4.- Que no seamos como aquel hermano nuestro que, no reconociendo la disminución en su vista, al pasar por delante de una consulta médica y confundiendo un árbol con un peatón le dijo: “yo no necesito ningún oftalmólogo…gracias a Dios veo muy bien”. La FE, entre otras cosas, son los OJOS para situarse ante las personas, ante los acontecimientos de la vida, ante nosotros mismos, ante las dificultades o los éxitos con una dimensión más profunda y verdadera: JESUS. Que, como Bartimeo, pidamos a Dios incluso lo imposible: la vista en medio de tanta oscuridad. Pero, sobre todo, y que al igual que Bartimeo, cuando abramos los ojos, lo primero que veamos sea el rostro de Jesús. ¡Feliz Día del Señor! ¡Que veamos!

Rvdo. Javier Leoz
 

Oración de los fieles

• Por el papa Francisco, nuestro obispo Fernando y todos los obispos; para que, como guías de nuestra Iglesia, nos ayuden a quitarnos las vendas de nuestros ojos y anunciar con alegría lo que vemos y oímos en el encuentro personal con Jesucristo. Roguemos al Señor.

• Por los sacerdotes, diáconos, ministros y catequistas, verdaderos evangelizadores de nuestras comunidades; para que reciban la fuerza necesaria y no decaigan en su empeño de anunciar la Buena Noticia en todos los rincones. Roguemos al Señor.

• Por los misioneros, testigos valientes del Reino de Dios, que entregan su vida a los más necesitados del Señor y de nosotros, sus hermanos; para que nunca les falten las energías ni la alegría del amor de Dios. Roguemos al Señor.

• Por las familias, verdadero hogar vocacional; para que sean testigos misioneros del amor de Dios desde la concepción de la vida hasta su final. Roguemos al Señor.

• Por todos los que participamos en esta eucaristía; para que seamos testimonio del encuentro con Jesucristo en nuestro entorno, cumpliendo así el envío del Señor a sus discípulos. Roguemos al Señor.
 

Oración final

Señor, contigo he visto y oído
que las cosas pueden ser diferentes;
que el desánimo y el cansancio
no tienen la última palabra,
porque Tú no abandonas a nadie
al borde del camino.
Contigo he visto y oído
que Tú vives y quieres que yo también viva,
que eres bondad y misericordia,
y que me envías a compartir este anuncio
–el anuncio más hermoso–
dejando brotar la alegría
con la que inundas mi corazón.
Señor, yo quiero ser
amor en movimiento, como Tú.
Te lo ruego: pon en marcha
al misionero de esperanza que llevo dentro,
para que cuente lo que he visto y oído
a todos mis hermanos del mundo. Amén

Delegación de Liturgia

Equipo diocesano de Liturgia