Tras conocer la noticia del fallecimiento del papa Francisco, esta mañana en la residencia de la Casa de Santa Marta de Roma, compartimos los mensajes que el obispo diocesano, monseñor Fernando García Cadiñanos, acaba de dirigir a la diócesis:
· Mensaje a la diócesis: «Nos unimos en oración con toda la iglesia en agradecimiento por la vida del papa Francisco. Ha sido un regalo de Dios para nuestra Iglesia y para nuestro mundo. Que la esperanza en Cristo resucitado nos ayude en estos momentos y el Espíritu siga guiando a nuestra Iglesia. Os invito a rezar por él y por nuestra Iglesia».
· Mensaje a los sacerdotes: «Al conocer la muerte del papa Francisco, os invito a que elevemos nuestra oración de acción de gracias por su magisterio y su servicio a nuestra Iglesia. Su muerte en este Lunes de Pascua nos invita a enraizarnos en la auténtica esperanza que no defrauda. Os invito a que las campanas de nuestras iglesias toquen a difunto donde podamos y que elevemos nuestra oración y nuestra plegaria por él. Próximamente indicaremos algunas claves de cara a la celebración de la eucaristía y demás. Un abrazo a todos».
Escritos publicados en los medios de comunicación
Gracias, papa Francisco (La Voz de Galicia)
La muerte del papa Francisco nos ha sorprendido a todos. Aunque sabíamos de su estado frágil, no pensábamos que el Señor le iba a llamar tan inminentemente. Ayer le podíamos ver durante su saludo por la plaza San Pedro y en la bendición Urbi et Orbe. Y pese a que le vimos muy frágil, no pensamos que hoy nos despertáramos con la noticia de su fallecimiento. Su muerte coincide precisamente cuando los cristianos celebramos la fiesta de la Pascua, la fiesta de la Resurrección, que nos permite mirar a la muerte a la cara y descubrirla como un paso, doloroso, hacia el abrazo eterno del Padre. Esta es nuestra esperanza que hoy invocamos.
Hoy especialmente hacemos nuestra esa muletilla con la que siempre despedía sus intervenciones: “No se olviden de rezar por mí”. Hoy lo hacemos particularmente para que el Señor le dé el descanso eterno por su mucho trabajo y servicio a favor de la Iglesia y de los más vulnerables de la humanidad. Hasta el último momento…
Desde luego su pontificado ha sido un regalo de Dios. Como todos los papas, el Señor nos concede en cada momento lo que más necesitamos para guiar, acompañar y orientar a esta barca frágil que es la Iglesia. Nos sentimos afortunados por este servicio eclesial que el Espíritu nos concede. Para mí, este regalo me lo parece por muchas razones, pero señalaré las que el espacio me permite.
En primer lugar, porque me ha ayudado a descubrir el evangelio en su esencia más profunda: el rostro de un Dios misericordioso que, como el padre de la parábola, sale en la búsqueda de las personas que no están en el hogar para que sientan el abrazo paterno y misericordioso. Y eso lo ha hecho con sus intervenciones pero muy especialmente con sus gestos, porque el papa nos ha hablado más con los gestos que con las palabras. ¡Toda una lección y camino a seguir! Sin duda, el papa Francisco nos ha hecho más plausible el Evangelio de Jesús como buena noticia para nuestro mundo.
Además, porque el papa ha sido un referente ético y de esperanza en nuestra sociedad. No abundan hoy, por desgracia, los líderes que engendren optimismo ante el futuro de nuestro mundo. Sin embargo, Francisco se ha convertido siempre en una voz a escuchar, acoger y seguir, especialmente en los grandes retos que como sociedad estamos llamados a afrontar. Su sabiduría ha sabido acoger sobre todo los gritos de los más vulnerables y de la casa común en la que habitamos, que clama por una urgente fraternidad.
Junto a ello, el papa ha introducido en la Iglesia grandes claves que nos ayudarán a seguir caminando en la necesaria reforma que permanentemente tenemos que afrontar. Aunque es cierto que la polarización también se ha hecho presente en nuestra comunidad cristiana, empapada de la marca característica de nuestro mundo, el camino de la sinodalidad es una propuesta valiente que nos alienta en la necesaria escucha, participación y misión de todos los bautizados.
Por todo ello, por ser la voz de los más frágiles, por haberte sentido siempre cercano, por tu sentido del humor, por tu sentido común, por tu magisterio… ¡gracias, Francisco! Hemos perdido hoy un buen padre, un buen pastor. Gracias por tu vida.
Cinco encuentros, cinco recuerdos (El Progreso)
Se nos ha ido el papa Francisco. Hoy lloramos su muerte. Pero lo hacemos en la esperanza de la resurrección, cuya fiesta estamos celebrando los cristianos. ¿Qué mejor fecha para dejarnos? ¿Qué mejor día para despedirse de nosotros, tras habernos dado la bendición, pasear entre nosotros y habernos dado palabras de esperanza y gozo?
Para mí, el papa Francisco quedará siempre en mi corazón. Él fue el que me nombró obispo de Mondoñedo-Ferrol el 1 de junio de 2021. Precisamente a los pocos meses tenía la suerte de poder participar en un primer encuentro con él durante la visita ad limina de los obispos españoles. Tras la fotografía de rigor, tuvimos un encuentro largo, muy cercano y familiar, en el que pudimos intercambiar algunas claves, dudas, reflexiones sobre la marcha de la Iglesia y de nuestro mundo. Me encontré con un pastor sencillo, cercano, afable, lleno de sentido del humor, con mucho conocimiento de la realidad desde la proximidad del pastor que ama a su pueblo y quiere despertar el amor a su Señor. Recuerdo que delante de él fui el primero en hablar entre los obispos, siendo mi primera intervención en la Conferencia Episcopal.
El segundo momento fue durante el encuentro con los obispos recientemente ordenados en septiembre de 2022. También tuvimos un momento para dialogar, a través de preguntas y respuestas, como a él le gustaba hacer. Fue también un momento hermoso, en el que descubrí algunas de las claves que quería para nuestra misión como obispos: ser cercanos a la gente, saber escuchar, estar llenos de Dios, vivir la cercanía a los más pobres…
El tercer momento fue, ese mismo mes, con la Fundación VIII Centenario de la Catedral de Burgos, de la que fui miembro activo en mis años de vicario general. Durante unos momentos nos estuvo hablando del Cid Campeador, cuyo Poema de Mío Cid conocía de memoria en sus primeros versos y que declamó con enorme erudición. Además nos habló del obispo que a mí me dio la confirmación y en cuya casa de Mohías (Asturias) había estado.
El cuarto momento fue, de nuevo, con la Conferencia Episcopal Española en noviembre de 2023. Allí nos reunió para hablarnos sobre la formación de los seminaristas y sobre sus perspectivas acerca de los seminarios. Le preocupaba que los seminaristas fueran hombres bien formados, alejados del clericalismo, cercanos al pueblo que expresaran la misericordia de Dios. Una vez más el sentido común, el humor, el gozo de ser discípulo del Señor se trasparentaba en sus intervenciones y gestos.
Por último, en diciembre pasado nos volvimos a ver con nuestro Seminario Interdiocesano. Fue también un gozo que nos llenaba de ilusión y esperanza. Sus palabras directas, al corazón, llenas de Evangelio y de realidad, se quedaron en la retina de los seminaristas, formadores y obispos que les acompañábamos. En mi saludo personal le recordé que le esperábamos en Canarias, a causa de la emergencia migratoria, invitación que acogió con una sonrisa en su rostro.
Al recordar hoy estos momentos bellos en mi vida, no puedo por menos que agradecer haber podido compartir horas preciosas con alguien que ha sido un referente, un “santo de los de la puerta de al lado”. Que su memoria y su enseñanza quede en nuestro corazón para bien de nuestro mundo.
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[Fotografía de portada: Cardenal Cipriani. Flickr]








Nacido en Ferrol el 21 de abril de 1983. Realiza los estudios posobligatorios, hasta COU, en el Colegio Tirso de Molina de los PP. Mercedarios en Ferrol.



















