Carta a los cristianos del arciprestazgo de Ortegal

Queridos amigos y amigas:

Al concluir la visita pastoral al arciprestazgo de Ortegal, me gustaría compartir con vosotros algunas reflexiones y sentimientos que me han provocado tantos encuentros, momentos pasados entre vosotros, oraciones y celebraciones compartidas… En definitiva, tanta gracia como hemos podido compartir durante todo el curso. Guardo en mi recuerdo los hermosos paisajes que cuidáis y que el Señor os ha regalado en esa tierra tan hermosa. También las visitas realizadas a enfermos, a residencias de ancianos, a asociaciones, entidades e instituciones públicas, a grupos parroquiales, a las parroquias más recónditas, a los colegios, las visitas a los cuidados cementerios, las celebraciones múltiples con niños y mayores, las eucaristías dominicales, las mesas compartidas con rica y variada gastronomía, las fiestas patronales… En mi corazón y mi plegaria ha habido mucha gente y rostros a la que he saludado, escuchado, acogido y querido.

Al escribir estas notas, me gustaría hacerlo como un padre, hermano y amigo que se ha acercado a vosotros y que tiene la responsabilidad y preocupación de la misión en la Diócesis. No son los comentarios de un controlador, inspector o auditor que ha pasado revista. Busco compartir con vosotros la pasión por el Reino y por la misión y, de este modo, animarnos recíprocamente en la misión compartida.


Lo que he visto y valoro positivamente

Quiero, en primer lugar y sobre todo, agradecer el trabajo, la entrega, la vida de vuestros sacerdotes con los que he compartido durante estos días muchas horas, kilómetros y, especialmente, sentimientos, deseos y esperanzas. En la pluralidad de cada uno de ellos, en su fragilidad y con sus capacidades, en la edad avanzada de algunos de ellos, he comprobado agradecido que viven con entrega y generosidad su vida y su llamada. En un tiempo en el que se habla y preocupa tanto el cansancio de los presbíteros (por la acumulación de parroquias, la diversidad de los compromisos y la secularizacón reinante…), su testimonio es un tesoro escondido en nuestro mundo llamado a dar fruto. Ellos, con imaginación y paciencia, se entregan por llegar y presidir las celebraciones, cuidar los templos, atender las necesidades de la comunidad, visitar los enfermos, familias y personas más vulnerables, alentar y animar la llama de la fe, acompañar los momentos importantes de la vida de las personas, familias y comunidades. GRACIAS Y SEGUID CUIDÁNDOLOS.

Junto a ellos, me he encontrado muchos laicos, hombres y mujeres, que corresponsablemente participan activamente en las tareas eclesiales. En la catequesis, en Cáritas, en la liturgia, en el mantenimiento y el ornato de los templos y cementerios, como sacristanes, en el canto, en el cuidado y esmero en las celebraciones… Son muchos los testimonios silenciosos y callados de tantos laicos que se toman con ilusión responsabilidad su fe y sus compromisos bautismales, que aman profundamente sus parroquias, sus raíces religiosas, que han hecho un camino de fe personal y maduro. No se trata de ayudar al cura, se trata de vivir sinodalmente, de descubrir el lugar y la manera como yo soy Iglesia. GRACIAS Y NO OS CANSÉIS.

Quiero, de un modo muy particular, agradecer el testimonio silencioso y profundo de tantas personas anónimas, muchas de ellas mayores, que os habéis acercado a mí para compartir lo que supone la fe en vuestra vida, lo mucho que la valoráis y lo que significa creer y participar en la la Iglesia. Vuestras palabras, cargadas de sinceridad, cariño fraternal y profundidad, me han evangelizado y animado en mi ministerio episcopal y me han hecho descubrir que el Evangelio sigue vivo en la vida de nuestra gente sencilla y humilde. ÁNIMO Y MUCHAS GRACIAS.

Quiero agradeceros también públicamente el empeño que ponéis por el cuidado de vuestros cementerios y templos, por los esfuerzos que hacéis por tenerlos abiertos y dignos, por buscar un difícil compromiso económico de todos por sostener vuestras comunidades. El templo es un signo de una comunidad viva que vive la fe. Es el legado de nuestros mayores que queremos dejar a nuestros hijos. Como tantas veces os he dicho en la visita, es un signo del valor que dais a la fe y, en definitiva a Jesucristo. Sería interesante que, de manera responsable, sigamos subsidiariamente preocupándonos de este rico patrimonio, que es vuestro, y hacerlo colaborativamente con la ayuda de las administraciones y sociedad civil. Y, sobre todo, que sea el signo del esfuerzo que hacéis por cuidaros integra y personalmente junto a la comunidad que da vida a ese templo. ÁNIMO.


Lo que he hechado de menos y me preocupa

Junto a todas estas notas, me gustaría también compartir algunos aspectos que me preocupan y que, vosotros mismos, me habéis hecho llegar. Vuestro arciprestazgo es fundamentalmente rural, concentrándose la mayoría de la población en algunas de las villas que lo configuran. Con tristeza y preocupación me habéis hablado del éxodo rural, del envejecimiento, de la falta de reemplazo y la pequeñez de las comunidades, de la ausencia de oportunidades laborales y de futuro, de la poca formación cristiana, de la dificultad para conectar con niños y jóvenes en la transmisión de la fe, de la situación de muchas familias, de la esperanza de los inmigrantes que llegan a nuestras parroquias… Son estos problemas muy serios, algunos de los cuales nos desbordan, que hemos de afrontar con esperanza y con unidad entre nosotros y con otros actores que participan en el territorio.

Precisamente por eso es tan importante el trabajo en equipo, en comunidad, en UPA, en arciprestazgo. Los retos que tenemos delante como Iglesia no podemos afrontarlos con métodos pasados, sino que hemos de vivirlos con nueva imaginación. Necesitamos además el calor de una comunidad que tenga talla humana y que sea capaz de abrigarnos y enviarnos. Es preciso salir de nuestra cultura “de campanario” para abrirnos a la belleza de compartir, con otros, nuevos caminos que nos lleven a descubrirnos discípulos misioneros que construyen una Iglesia amplia que es sal y luz en medio del mundo.

En ese sentido, junto a la ausencia de encuentros arciprestales y de UPA, he echado de menos una mayor presencia y diálogo con el territorio en el que se insertan nuestras comunidades, centrándonos en “lo nuestro” en paralelo a lo de otros… Os recuerdo que el Maestro nos envió a ser “sal y luz” en medio del mundo, nos invitó a “Ir” y que, por ello, estamos convocados a “salir” y vivir en clave de “misión”. Quizás nos da miedo dialogar con el mundo, con las asociaciones que contribuyen al desarrollo de nuestro territorio, con el mundo de la increencia, con las iniciativas que surgen… No es bueno encerrarnos en los templos y privatizar nuestra fe. La fe ha de dar luz y contribuir al crecimiento de las personas y de la sociedad. Combinar la presencia pública de la Iglesia y de los cristianos en la vida pública ha de ser una tarea permanente y central. Se nos ha de percibir como agentes humanizadores que dan esperanza a las pobrezas de nuestro mundo, especialmente cercanos a los más pobres y excluidos.

Un tercer elemento, de manera general, he podido constatar: la poca presencia de niños, jóvenes y familias en la vida cotidiana de nuestras comunidades cristianas. Creo, con honestidad, que no es razón decir “que no hay”: sinceramente, es más claro afirmar que “no llegamos”. Es una cuestión que sé que nos preocupa y nos ocupa. También en esta tarea urge el trabajo coordinado que nos permita liberar tiempo exclusivo dedicado a ellos, promover medios, iniciativas e instrumentos adecuados y adaptados para evangelizar… Sigamos empeñados en engendrar cristianos, en acercarnos a los jóvenes y en cuidar la iniciación cristiana.


Lo que me gustaría que se cuidara y fomentase

La visita tiene también una dimensión de proyección de futuro. No se trata de “autoalagarnos y autocomplacernos”. Sé y valoro lo mucho que se trabaja, se siembra, se ora, se espera…; pero ser consciente de los retos en este trabajo “en la viña” es algo que nos debe de seguir ilusionando, sin sentirnos aplastados por la tozuda realidad. Con esa voluntad me gustaría animaros, sacerdotes y laicos, en algunas tareas. Algunas ya os las he indicado más arriba:

· Urge un mayor trabajo en la UPA y el arciprestazgo: creando los Consejos y Equipos de presbíteros y laicos que dinamicen diferentes tareas eclesiales y que ayuden a ser comunidades evangelizadoras. En una sociedad más interconectada, la Iglesia ofrece la comunión como una manera de vivir su misión. Profundizar en el trabajo como UPA (que no es solo coordinar misas o catequesis) y desarrollar la vida arciprestal es algo pendiente. TRABAJAD EN COMUNIÓN.

· Es urgente cuidar la formación de nuestros cristianos: La Escuela de Evangelización que se ha implantado en la diócesis, u otras iniciativas y formas que podáis tener o adaptar, son necesarias para la creación de un “nosotros” comunitario que se sienta corresponsable y enviado con identidad a nuestro mundo. Frente a la debilidad comunitaria que se constata y que nos preocupa, hemos de ser capaces de generarla con imaginación. REUNIROS Y HACED GRUPOS.

· Necesitamos repensar y fomentar la centralidad del domingo como el día fundamental en la vida de los cristianos: Este punto lo tenemos que hacer conscientes de nuestra realidad en cuanto a la debilidad de las comunidades y la escasez de sacerdotes. El documento «Orientaciones para la celebración del Día del Señor», que acabamos de publicar recientemente en la diócesis, nos puede ayudar a abrir, fomentar y promover caminos de futuro en esta clave. DIALOGADLO Y CELEBRAD EL DOMINGO.

· Es necesario un mayor diálogo y presencia en medio de nuestro territorio: No vivimos en otro mundo, sino somos Iglesia en el mundo. Sus luces, esperanzas, trabajos… son los nuestros que hemos de iluminar, animar, cuidar… La Iglesia ha sido siempre un factor importante y referente para tanta gente. Ciertamente, no podemos anhelar tiempos pasados, pero han de servirnos como memoria viva para nuestra imaginación de proyectos presentes. Tenemos que dialogar, hacernos presentes, animar procesos, acompañar personas que están presentes en esas dinámicas… Además, pensar en una CÁRITAS arciprestal o más relacionada entre todas las parroquiales, nos ayudaría a ser un signo significativo y esperanzador en nuestra comarca. PROMOVEDLO.

· Promovamos la experiencia y el encuentro con Cristo: Nuestro compromiso y discipulado se fomenta en la medida en que tenemos experiencia de Dios y cuidamos nuestra fe. Es un don que siempre nos desborda y nos sorprende. La fe comienza así y se testimonia de esta manera. Sigamos cuidando las celebraciones, los encuentros de preparación para los sacramentos, la catequesis, los momentos de oración personal y comunitaria, las experiencias de retiro y primer anuncio. A nivel diocesano ya hay algunas iniciativas en las que podéis participar. FOMENTADLO.

Termino elevando mi acción de gracias al Padre, por el Hijo en el Espíritu que nos sostiene. Gracias por esta oportunidad y este acontecimiento eclesial que hemos vivido como Pueblo de Dios en camino. Que sigamos sembrando y acompañando el discurrir de esta historia y de este pueblo.

Con mi oración y bendición. Vuestro hermano y amigo,

+ Fernando, obispo de Mondoñedo-Ferrol

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