Homilía en la fiesta de San Xiao

  • Homilía del obispo diocesano en la fiesta de San Xiao, patrono de la ciudad de Ferrol

La celebración de San Julián congrega un año más a toda la ciudad de Ferrol. Nos encontramos, junto con el obispo y los sacerdotes que sirven esta porción del pueblo de Dios en el arciprestazgo de Ferrol, los representantes del Concello, representantes institucionales que tienen su sede en esta ciudad, responsables políticos y ciudadanos, miembros de la armada y otras fuerzas de orden público, instituciones del ámbito educativo, universitario, económico y cultural, miembros de las cofradías y otras entidades eclesiales, feligreses de esta parroquia y devotos, miembros de la vida consagrada. Me alegra también la presencia de aquellas personas y asociaciones a las que este año premia y homenajea nuestra ciudad. Junto a mi felicitación y mi enhorabuena, mi reconocimiento también por su buen hacer en la construcción de este entramado de relaciones que es siempre el ámbito ciudadano.

Es bello percibir y acoger esta pluralidad de la vida política, civil y religiosa y hacerlo juntos en este templo que nuestros mayores dedicaron a san Julián, siguiendo así una tradición antigua. Venir en esta fecha como ciudad es descubrirnos responsables y protagonistas de esta historia ciudadana que debemos de construir juntos. Venir en esta fecha, como ciudad, es acoger la tradición de nuestros mayores que imploraban a san Julián como especial protector y patrono en los retos y dificultades de la entera ciudad para acoger su bendición, su ayuda y su protección. Venir en esta fecha, como ciudad hasta este templo, es una ocasión privilegiada para el discernimiento y descubrir los caminos por los que el Señor nos quiere llevar en este año nuevo que acabamos de comenzar en esta época nueva que nos toca afrontar.

Sin duda, son muchos los retos y esperanzas que tenemos nuestra generación. En medio de nuestra debilidad, que es connatural a nuestra naturaleza y que nos hace tanto bien para que seamos capaces de pedir ayuda a Dios y a los hombres con los que convivimos en el día a día, sentimos los dolores y los problemas de nuestro mundo. Nos duele la violencia, la injusticia, el nuevo tablero internacional roto por espurios intereses… Más cerca de nosotros, el Informe FOESSA de Cáritas nos habla de cuatro problemáticas que sí que nos son más cercanas y tangibles, y ante las que urge un diálogo y una acción ciudadana que sea capaz de engendrar la necesaria esperanza y solución en estos momentos.

Cáritas nos habla del problema dramático de la vivienda que afecta a tantos conciudadanos, especialmente jóvenes, que no pueden afrontar su futuro con ilusión y que deriva en una exclusión social. También pone ante nuestros ojos el problema del empleo precario, incapaz en muchas ocasiones de sacar de la pobreza e incluir socialmente a los trabajadores. La tercera realidad que nos desvela es el drama de la iniquidad, en la que los más ricos cada vez tienen más y los pobres son muchos más: una sociedad fracturada sin una clase media que vertebre y vincule. Por último, nos sitúa ante el reto de las migraciones y lo que significan de esperanza, de fuerza vital en todos los órdenes y de la nueva realidad en la que nos situamos como sociedades multiculturales.

Algunos de estos problemas globales de toda nuestra sociedad gallega lo son también particularmente de nuestra ciudad de Ferrol en los que, para afrontarlos adecuadamente, hemos de unirnos y dialogar todos, sin ideologías que nos enfrenten, en aras de la construcción de una sociedad del bien común que garantice los derechos de cada persona. ¿Cómo podemos generar una ciudad auténticamente humana e integrada y que camine hacia un desarrollo auténticamente humano e integral? ¿Cómo hacer frente a estos y a otros muchos más problemas como sociedad?

Mirando nuestro propio pasado y nuestra propia tradición y sabiduría, a la luz del misterio de Belén que acabamos de celebrar, se me ocurre que tendríamos que conjugar tres fuentes tradicionales de sabiduría que nos han ayudado siempre a afrontar los retos comunes y que tanto bien nos han hecho:

1.- En primer lugar, la razón. Acabamos de adorar al Dios que se ha hecho Logos, Palabra. Nos encontramos en la ciudad de la Ilustración, realizada siguiendo los cánones de la razón. La razón es, sin duda, la fuente del conocimiento cuando tiene como objetivo la búsqueda de la verdad, cuando no renuncia a su existencia, cuando se afana en superar ideologías que impiden su consecución, cuando es capaz de abrirse en sincero diálogo con todos para caminar juntos en lo que es bueno y necesario para cada ser humano, cuando se aleja de los sentimientos y de la autorreferencia en la que fácilmente nos acomodamos.. La razón, si no se endiosa ni se aísla, nos ayuda a despertar y encauzar la inteligencia en la búsqueda de las soluciones adecuadas a nuestro mundo. Pero ha de ser, como nos recordaba el Papa Benedicto, una razón siempre abierta, no reducida meramente al ámbito empirista e instrumental tan de moda hoy, sino capaz de preguntarse no sólo sobre los cómos, sino sobre los porqués y paraqués de las decisiones. Esta razón ampliada y fiel a su propia verdad nos hace mucho bien y nos ayuda a crecer.

2.- Junto a la razón, la fe también es una fuente de conocimiento y de quehacer. Vivimos tiempos en los que, sin embargo, la fe se reduce o arrincona en muchas ocasiones al ámbito de lo privado, impidiendo así la dimensión social y su fecundidad pública que esta siempre tiene. La fe, sin embargo, tal y como lo vemos en Belén, es capaz de alumbrar proyectos de sociedad y de convivencia donde cada persona sea respetada y acogida, donde sus necesidades se coloquen en el centro de la atención del espacio público. En la fe, además, encontramos un soporte ético que sostiene valores y posibilita compromisos ciudadanos permanentes tan necesarios en el contexto que nos toca vivir. La fe, por último, nos ayuda a vivir en clave de esperanza y a engendrar desde ella caminos que permitan vivir como ciudad más fraterna. Hacemos un flaco favor a la construcción social, de la polis, cuando desde ideologías se arrincona o minusvalora la luz o las luces que proceden de la fe. Sin ella, muchas fuerzas humanizadoras y humanizantes se pierden para dar solidez a esta democracia que necesita del concurso de todos.

3.- Existe un tercer camino que os invito a recorrer para construir una ciudad más humana y sostenible. También está presente en el misterio de Belén y es el camino que nunca debe de faltar porque siempre se hace fecundo. Me refiero a la luz del amor, que también es una fuente de conocimiento. El amor nos ayuda a ver con otros ojos, a empeñarnos desde otras claves, a discernir lo que debemos de hacer, a elegir entre unos u otros caminos. El amor nos previene también de tantas tentaciones como nos pueden salir al paso. Cuando en el ejercicio de la política, del compromiso ciudadano, del empeño por la ciudad, el amor no está presente sino que dejamos que sean otros los intereses, vaciamos de auténtico servicio lo que hacemos. El amor es el que plenifica nuestra vida, también nuestras decisiones políticas y económicas. El amor es el camino auténtico que hace una ciudad grande, como San Julián nos enseñó con su vida entera. La caridad política siempre es camino de conocimiento y de realización.

Os invito a todos, en este día de fiesta, a vivir la belleza de sentirnos vinculados y de descubrir que tenemos juntos un proyecto que compartimos y que tenemos que hacer vida: que ningún ciudadano se quede fuera, que todos puedan tener las condiciones necesarias para que puedan desarrollarse plenamente Que entre todos lo hagamos realidad mediante la razón, la fe y el amor. Que San Julián acompañe nuestro caminar por la historia y nos ayude en este empeño ciudadano.

Concatedral de San Xiao, 8 de enero de 2026

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