Ofrenda diocesana a la Virgen de Lourdes 2025

Padre bueno: Un año más hemos venido hasta este santuario de la Virgen de Lourdes que transpira paz, fe, eclesialidad, esperanza. Venimos con el cansancio del curso recién terminado y con los calores del verano que comienza. Traemos las oraciones y plegarias de toda nuestra diócesis de Mondoñedo-Ferrol, de nuestras familias y amigos, de todas sus parroquias, movimientos, cofradías, delegaciones y de todos los agentes de pastoral. Han sido unos días hermosos en los que hemos convivido, rezado, disfrutado, descansado en el regazo de tu madre María, que siempre es consuelo y aliento en el camino.

Al depositar aquí este cirio queremos realizar nuestra ofrenda y orar por las diferentes esperanzas que tenemos como Iglesia en Mondoñedo-Ferrol. Te damos gracias porque acompañas el caminar de esta Iglesia y la alientas con la fuerza de tu Espíritu. Te damos gracias porque te sentimos vivo y presente en cada celebración dominical, en los momentos en los que nos reúnes para fortalecernos con los diferentes sacramentos, en los espacios de encuentro y reflexión, de acogía y vivencia de la caridad, en las iniciativas de voluntariado, de fiesta, de reunión… Tú nunca nos abandonas, sino que siempre estás con nosotros alentando la llama de la fe para que siga brillando en nuestro pueblo. Gracias, Señor.

Te damos gracias por la tierra maravillosa en la que vivimos. Sus costas del Ortegal y de la Mariña, sus montañas y colinas, sus llanuras de Terra Chá, sus ciudades y aldeas, sus capillas y parroquias, sus sendas y cascadas… Tenemos la suerte de que nos has regalado una tierra hermosa que nos habla de tu belleza y grandeza. Ayúdanos a cuidarla, a mimarla, a conservarla siempre como el mejor legado que nos dejaron y que queremos dejar a los nuestros.

Te damos gracias, también, por las gentes que poblamos esta tierra de Mondoñedo-Ferrol. Distintos, diferentes, marcados por nuestra propia cultura que nos hace ser lo que somos, con sus luces y sus sombras: gentes acogedoras, sencillas, orgullosas de lo nuestro, pegadas al terruño y a nuestras raíces, trabajadoras, deseosas de encontrar espacios de encuentro y fiesta, preocupadas por nuestro futuro… Gracias, hoy, Padre bueno, por tantas personas sencillas que dan vida a nuestras parroquias desde los diferentes servicios, voluntariados, responsabilidades. ¡Cuánta gente buena son pequeñas velas que iluminan la oscuridad de nuestro mundo!

Gracias por la luz de tantos padres preocupados por dar sentido al futuro de sus hijos. Gracias por la luz de tantos abuelos que acompañan la fe de sus nietos, las esperanzas y las dificultades. Gracias por la luz de tantos matrimonios que perseveran en el amor y en su fidelidad en medio de tantas dificultades. Gracias por el testimonio de tantos ancianos que tienen esperanza y vitalidad en el ocaso de sus vidas. Gracias por la vida entregada de tantos sacerdotes que siguen acompañando el caminar de sus comunidades. Gracias por la luz de los consagrados que, en nuestra diócesis, ayudan en diferentes servicios y ministerios. Gracias por la luz de esos pocos jóvenes que se plantean con ilusión la fe y renuevan nuestras comunidades pero que son nuestra esperanza. Gracias por la alegría de los niños que, en nuestras catequesis, descubren la belleza de la fe. Gracias por la luz de tantos voluntarios de Cáritas que ayudan la vulnerabilidad de tantas personas. Gracias por la luz de los inmigrantes que renuevan nuestras comunidades. Gracias por el testimonio de tantas enfermos y cuidadores que, en medio de la enfermedad, saben vivirla como oportunidad de crecimiento. Gracias, en definitiva, por tantas luces que percibimos cada día y que nos ayudan a seguir creyendo, a seguir viviendo, a seguir esperando…

Junto a nuestra acción de gracias y de alabanza por lo que hemos vivido y que te traemos con agradecimiento, queremos presentarte también nuestra plegaria y oración por nuestro pueblo y por nuestra Iglesia. Nos preocupa el futuro de tantas zonas de nuestra diócesis que ven con pesimismo su situación laboral, de desarrollo y progreso. Nos preocupa la realidad de tantos jóvenes enganchados a muchas adicciones que son vías de escape para su compleja situación. Nos preocupa la falta de valores en la vida política que la aleja del bien común. Nos preocupa el individualismo en el que nos encerramos que impide cualquier proyecto compartido. Nos preocupan ideologías que descartan, que rechazan, que no dialogan, que miran por encima a los demás, que explotan y utilizan a las personas. Nos preocupa la situación de muchas comunidades cristianas empequeñecidas, sin ardor misionero, sin ilusión en la vivencia de la fe. Nos preocupa la dificultad que tenemos para transmitir la fe en la iniciación cristiana, para conocerla y profundizarla mejor, para testimoniarla con fuerza en medio de nuestro mundo.

Padre bueno, te traemos este cirio como signo de nuestra oración y de nuestra plegaria. Por nuestras familias, por nuestros enfermos y ancianos, por nuestros jóvenes y niños, por nuestros sacerdotes, seminaristas y personas consagradas, por nuestros inmigrantes, por nuestros dirigentes y agentes de pastoral. Por nuestros grupos parroquiales y de formación. Ilumínales a todos con tu luz para que seamos luz en medio de nuestro mundo con el ardor de la fe, la esperanza y la caridad.

Virgen de Lourdes: En tus manos ponemos nuestra plegaria y oración, nuestras intenciones y problemas, nuestros anhelos y necesidades. Nos sentimos en la casa de nuestra Madre, siempre acogidos y amados. Gracias por ser nuestro consuelo y luz. Sigue acompañando nuestro caminar de esperanza. Nuestra Señora de Lourdes. Ruega por nosotros.

+ Fernando, obispo de Mondoñedo-Ferrol

Santuario de Lourdes (Francia), jueves 3 de julio de 2025

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