«Somos personas rehabilitadas que sólo necesitan una oportunidad para demostrarlo»

  • Un interno del Centro Penitenciario de Teixeiro narra su vivencia de libertad y fe en el Romaxe de Crentes Galegos

Aquí non hai nada amañado. Este relato foi escrito por un interno do Centro Penitenciario de Teixeiro como parte dunha avaliación grupal dun proxecto educativo, despois da súa participación na Romaxe de Crentes Galegos. Esta actividade, organizada pola Asociación Irimia desde 1978, percorre cada ano diferentes lugares de Galicia celebrando a fe, a convivencia e a esperanza nun Deus vivo presente no pobo.

Neste caso, a participación dos internos e funcionarias na romaría de Bascuas (Guitiriz), o sábado 13 de setembro de 2025, deu lugar a testemuños como este, que compartimos tal e como foron redactados, coa súa emoción e verdade intactas. É unha mostra da forza transformadora das experiencias humanas que tamén acontecen entre os muros do cárcere, grazas ao compromiso da Pastoral Penitenciaria, do persoal do centro e de tantas persoas e organizacións que seguen a crer na rehabilitación e na dignidade de todos.


Mi experiencia de la romería de Bascuas (Guitiriz)

«Este día no lo olvidaré jamás. La experiencia vivida en la romería de Bascuas ha sido una de las más positivas de mi vida por varios motivos, que paso a explicar a continuación.

Era mi primera salida programada y también la primera vez que acudía a una romería. El día comenzó con la salida del Centro Penitenciario de Teixeiro, acompañado de ocho compañeros y cuatro funcionarias. Al subir al autobús, ¡la primera sorpresa! Nos recibieron con aplausos y saludos varias mujeres y hombres que venían de Ferrol. Me sorprendió ver que no nos discriminaban por nuestra situación de presos. No sabía que íbamos a viajar con otras personas. Fue muy gratificante.

El viaje fue precioso, con muy buen ambiente. Xaquín, el cura, nos iba explicando los diferentes paisajes por los que pasábamos, y eso era de agradecer. Al llegar al parque eólico de un pueblo cuyo nombre no recuerdo (Os Penedos de Santa Cruz de Parga, al lado del campamento militar), disfrutamos de unas vistas impresionantes. Recordé con emoción mi pasado, cuando trabajé en Siemsa montando eólicos, en tiempos en que todo iba bien y no bebía.

A los treinta minutos, aproximadamente, llegamos a Bascuas, un lugar precioso por su tranquilidad y sus campos verdes. Estábamos en plena naturaleza, y por un día, nos sentíamos libres. Nos recibieron amablemente algunas personas del lugar y nos ofrecieron un pequeño desayuno compuesto por bizcocho, tarta de manzana y frutas —manzanas y pasiegos— que degusté con sumo placer.

Mientras disfrutábamos de esos manjares, llegó un grupo de gaiteiros para animar la romería. Todos disfrutábamos de la música. El grupo estaba formado por hombres, mujeres y niños de siete u ocho años que, a pesar de su corta edad, tocaban muy bien.

Entonces, Nieves, la responsable de Cáritas (Pastoral Penitenciaria), comenzó a bailar en el centro del corro que se había formado y nos animó a participar. Me daba un poco de corte porque no sabía cómo actuar, pero me armé de valor y salté al centro a bailar con ella, hasta que me hice un esguince y tuve que parar. Aun así, disfruté enormemente del día.

Pasamos alegremente la mañana hasta que, a las 12:00, sonó la campana de la iglesia y nos dirigimos todos hacia la parte alta del lugar para asistir a los actos religiosos. Cada vez iba llegando más gente; al final creo que seríamos unas 500 personas, aproximadamente. Pero yo no estaba tranquilo. Algo me inquietaba, así que decidí sentarme al lado de una de las funcionarias y le pregunté si la gente sabía que éramos presos. Me comentó que no, que nadie conocía nuestra condición, y eso me tranquilizó. A partir de ese momento pude disfrutar plenamente del día.

Pude constatar que allí había buena gente: todos se saludaban con respeto y alegría, incluso a nosotros, sin conocernos de nada. La romería comenzó con diversos actos, que seguíamos con ayuda de un librito con las oraciones y cantos. Para finalizar, todos a una lanzamos un grito que repetimos tres veces. Era la costumbre del lugar, me dijeron. Me encantó esa tradición tan natural del evento: O berro seco.

Al término de la ceremonia me esperaba una sorpresa. Cada uno de nosotros había sido emparejado con una familia que nos invitaría a comer. Aunque algo había escuchado, no sabía en qué consistía exactamente. Resultó que solo un miembro de cada familia conocía, y en secreto, nuestra condición de presos. Así me encontré compartiendo el día con una familia que no me conocía, pero confiaba en mí.

¡Eran personas maravillosas! Desde el primer momento me acogieron como a uno más. Padres, hijos y amigos me saludaron uno a uno y nos fuimos todos juntos al campo para compartir la comida. Sentado en torno a la mesa, entre ellos, me vinieron a la mente recuerdos tristes del pasado: las personas y familias que había estafado… eran como ésta, con la que ahora estaba comiendo. Esos recuerdos me siguen atormentando en las largas noches de insomnio. Pero también sé que aquella vida no volverá a repetirse.

Aquellas gentes tan buenas me recordaron la promesa que hice a mi mujer y mis hijas: “Nunca más volveré a delinquir ni a beber durante el resto de mi vida”. Sobre la mesa había tres botellas de vino y una de aguardiente. Aunque me ofrecieron varias veces, no bebí. Solo tomé agua, como hago desde hace siete años. ¡En aquel día de libertad pude demostrar que puedo vivir sin beber entre la gente, y que ya no soy un peligro para la sociedad! En definitiva, fue un día de felicidad y tranquilidad. ¡Por un día pudimos disfrutar de nuestra libertad!

No quiero terminar este relato sin agradecer a Nieves y a Xaquín su implicación para que todo saliera bien. Agradezco también a las cuatro funcionarias su colaboración: sin ellas no habría sido posible esta salida. Me impresionó que en ningún momento me sintiera vigilado. Y a mis compañeros, decirles que ha sido un placer y un orgullo viajar con ellos. Pudimos demostrar que estamos preparados para vivir en sociedad, que no somos desechos que deban apartarse, sino personas rehabilitadas que solo necesitan una oportunidad para demostrarlo».

M. A. A.

Artículos relacionados

Síguenos

5,484FansMe gusta
4,606SeguidoresSeguir
1,230SuscriptoresSuscribirte

Últimas publicaciones

Etiquetas