· Mensaje del obispo de Mondoñedo-Ferrol con motivo de la clausura del Año Jubilar 2025
Concluimos hoy el Año Jubilar en nuestra diócesis que concluye casi con el año natural. Naturalmente miramos al pasado y revisamos lo realizado a lo largo del año que ahora concluye. Sin duda, es bueno hacer una evaluación del mismo, repasar las fechas más importantes y aquellas que han estado marcadas por la vida ordinaria que tanto nos ayuda. También como Iglesia diocesana nos toca mirar hacia atrás y, en un ejercicio de trasparencia y rendición de cuentas, evaluar el camino realizado juntos y ofrecerlo como humilde aportación a la construcción del Reino, de la Iglesia y de nuestra sociedad. El paso del tiempo y de la historia, sin duda, nos invita a la esperanza activa: a dejar huella, a construir y a seguir haciendo crecer el Reino de Dios en nuestra diócesis.
2025 ha sido un Año Jubilar marcado por la esperanza. Así lo quiso el papa Francisco que quería que, en esta época compleja, este año nos ayudara a abrirnos a la esperanza que nos viene de Dios y a dar signos de esperanza en nuestro mundo para que no nos cansemos de caminar juntos. Este ha sido el empeño de nuestra Iglesia diocesana. Ciertamente es difícil evaluar los logros, las gracias recibidas, los acontecimientos vividos personalmente por cada uno. Pero podemos agradecer los muchos encuentros tenidos con motivo de las celebraciones jubilares, tanto en Roma como en Mondoñedo o Ferrol, así como en otros santuarios diocesanos. Celebraciones que nos han ayudado a encontrarnos con Dios que fortalece nuestro camino. Y oportunidades que hemos tenido de sentirnos pueblo, de sentirnos amados y perdonados, de descubrirnos como hijos y hermanos.
Pero nuestros encuentros han querido también visibilizarse en un gesto jubilar que, entre todos, hemos construido: se trataba de conocer, orar y apoyar más el proyecto Oblatas que se desarrolla en nuestra Iglesia a favor de las personas en situación de trata. Al plantearlo comunitariamente, éramos conscientes de que es una lacra presente en nuestro mundo que no respeta la dignidad de las personas y que las utiliza, truncando así sus esperanzas. El camino recorrido nos ha permitido reunir una significativa ayuda económica (más de 3.000 euros). Además, hemos salido más sensibilizados ante un drama que nos permitirá mirar y enjuiciar con otros ojos.
En este contexto de esperanza, durante este año hemos celebrado los 60 años de nuestra Cáritas Diocesana. Se trata de una magnífica red de apoyo de nuestra Iglesia a favor de todas las personas. Gracias a sus voluntarios, trabajadores, socios y donantes nuestra Iglesia lleva esperanza a situaciones complejas que viven las personas. El Informe FOESSA que se ha publicado recientemente nos presenta tres situaciones que generan exclusión en las que nuestra Cáritas está comprometida: por una parte, la preocupante realidad de la vivienda. Ahí ofrece sus casas para una vida digna, así como las ayudas para viviendas. Por otra parte, el empleo precario que impide una vida digna: nuestra Cáritas desarrolla un programa de empleo y lucha por un trabajo digno para todos. Por último, la realidad de la migración como factor que multiplica las situaciones de exclusión que a todos afectan. Nuestra Cáritas, desde la acogida, es un instrumento eficaz para que todos puedan sentirse integrados en nuestra sociedad y sus esperanzas se vean colmadas.
La esperanza también nos llega por las personas que trabajan al servicio de nuestra comunidad cristiana. Durante este año hemos recibido a cinco nuevos sacerdotes, algunos venidos de fuera. Junto a ellos, celebramos el impulso de un número importante de laicos de nuestras parroquias que se están formando para poder recibir diferentes ministerios y servir, con renovado compromiso, a la edificación de nuestras comunidades cristianas. Hemos de seguir en esta línea sembrando e iniciando procesos de corresponsabilidad que nos permitan mirar al futuro con más tranquilidad.
Muchas otras acciones han sido generadoras de esperanza en nuestra tierra: intervenciones en el patrimonio así como estudios sobre el mismo; normativas que nos ayudan a funcionar mejor; visitas institucionales y pastorales; procesos de formación… Pero, junto a las acciones, durante el año ha habido muchas personas que, con gestos muy sencillos de cuidado y apoyo, siguen dando esperanza a nuestras parroquias y a sus vecinos, mostrándose así una Iglesia atenta y despierta a lo que sucede a su alrededor. Gracias a todos por vuestro tiempo y vuestro quehacer. Que no nos cansemos de compartir “la esperanza que no defrauda”.
Vuestro hermano y amigo,
+ Fernando, obispo de Mondoñedo-Ferrol








Nacido en Ferrol el 21 de abril de 1983. Realiza los estudios posobligatorios, hasta COU, en el Colegio Tirso de Molina de los PP. Mercedarios en Ferrol.



















