Caridad, futuro y cultura: haciendo balance del año 2023

La conclusión del año natural hace que, instintivamente, realicemos un balance del tiempo pasado. Es bueno que, de vez en cuando, miremos hacia atrás y valoremos cómo el paso del tiempo permite también construir en una dirección o iniciar procesos que nos lleven a una meta. La vorágine del día a día nos impide, en muchas ocasiones, ser conscientes de hacia dónde caminamos, del rastro que dejamos, de los frutos que ofrecemos…

También nuestra diócesis de Mondoñedo-Ferrol ha de realizar este ejercicio. En el reciente sínodo celebrado en Roma se solicitaba reiteradamente, como buena práctica que derive en una Iglesia más corresponsable alejada del clericalismo, realizar un ejercicio de “rendición de cuentas” por parte de aquel que tiene autoridad. Es imposible cuantificar la tarea de la Iglesia. Es verdad que no es el éxito el que mide nuestro trabajo, sino la fecundidad. Es indudable que sólo el Dios de la historia conoce lo que se realiza y valora en su justa medida lo mucho pequeño en lo que se nos va la vida. Pero también es bueno presentar orgullosos el fruto de nuestra fe, que siempre está llamada a cambiar la vida de las personas y del mundo en el que vivimos.

Hace unos días tenía un encuentro con periodistas y lo primero que les comentaba es la cantidad de noticias que nuestra Iglesia diocesana ha generado a lo largo de los 365 días que nos han dejado. En nuestra página web aparecieron cerca de quinientas. Además, se trata de noticias generalmente esperanzadoras: porque la Iglesia genera esperanza con el evangelio que transmite. ¡Qué contraste con el silencio con el que normalmente se trata la vida eclesial o con la obsesiva búsqueda de morbo o de errores!

Si echamos la vista atrás, desde mi punto de vista, nuestra Iglesia diocesana de Mondoñedo-Ferrol ha sembrado mucha “caridad”. No ha de extrañar, pues esa es su misión. Caridad que se significa en la apertura de un nuevo recurso para personas privadas de libertad, que podrán tener un piso de acogida en sus permisos penitenciarios. Un grupo de voluntarios acompañará también su estancia en libertad. Caridad que se expresa también en la acogida de miles de inmigrantes y refugiados, acogidos por nuestras Cáritas. Pero que se significa en el proyecto de la Mesa Rural promovida por la Conferencia Episcopal, y en el que participamos, que permite a algún migrante establecerse en nuestro territorio rural despoblado para emprender una nueva vida. Y caridad que se vive en el cuidado especial a la infancia con la Comisión Protege, que publicó su “Guía de buenas prácticas”, organizando algún encuentro formativo y festejando el Día de la Infancia (20 de noviembre) centrado en la defensa de los derechos de los más pequeños.

La segunda palabra que resume el año que nos ha dejado es “futuro”. Durante este año, nuestra diócesis se reestructuró en cuatro arciprestazgos en lugar de los siete en los que se dividía. De esta manera, junto con las unidades de pastoral que ya funcionan, se pretende ser más eficaces en el uso de los recursos escasos que tenemos, más incisivos y significativos en las actividades que se realizan, más creativos en las propuestas evangelizadoras. Además, la participación de más de sesenta jóvenes diocesanos en la JMJ de Lisboa nos ayuda a confiar en la presencia de jóvenes que sean fermento de toda la juventud. Y, por último, los cinco seminaristas que viven en nuestro seminario nos generan mucha esperanza e ilusión.

La última palabra que ofrezco como resumen del año que se fue es “cultura”. Nuestra iglesia diocesana ha estado muy activa en la generación y en el cuidado de nuestras expresiones culturales. Una certeza nos mueve: una fe que no genera cultura es una fe muerta. La creación de una nueva cátedra en colaboración con la Universidade da Coruña garantiza una presencia en el ámbito universitario. El cuidado de nuestra catedral como espejo de nuestra propia diócesis ha sido mimado en todos los órdenes: nuevos estatutos, nuevas visitas, el nombramiento de un organista… Y, por último, las continuas restauraciones de muchos de nuestros significativos edificios, con la colaboración de las administraciones, nos han permitido cuidar el rico patrimonio que administramos.

Damos gracias a Dios por todo el bien realizado y por las personas de las que se sirve para lograrlo. Y que el nuevo año nos ayude a seguir siendo luz y esperanza para tanta gente.

Vuestro hermano y amigo.

+ Fernando García Cadiñanos
Obispo de Mondoñedo-Ferrol

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