- Mensaje del obispo de Mondoñedo-Ferrol a las familias
Querida familia:
Hace unos días celebraba yo 51 años de mi primera comunión. Recuerdo perfectamente aquel día: la ilusión con la que lo viví y lo preparé, la alegría que supuso para mí y para toda mi familia, los detalles que jalonaron aquella jornada dentro de la enorme sencillez. Fue, incluso en mi inocencia infantil, el inicio de un cambio profundo en mi vida de fe.
Aquellos recuerdos me han movido a escribiros esta sencilla carta ahora que vuestro hijo o hija se prepara para vivir lo mismo en apenas unas semanas. Sé que es un momento importante en vuestro hogar; lo estáis preparando con esmero, con esfuerzo y una esperanza compartida. Será un día de encuentro, de agradecimiento por el don de la vida, de reencuentros familiares, de recuerdos, de fortalecer lazos importantes.
Sin embargo, no se trata sólo de una fiesta social. Durante estos años habéis preparado vuestro corazón y el de vuestro hijo para un encuentro personal con Jesús. Él ha querido hacerse pan -algo tan sencillo, tan cotidiano y tan necesario- para indicarnos que así es Él. Como el pan nos alimenta físicamente, así Él quiere nutrir nuestra vida para protegernos de la anemia y ayudarnos a superar las dificultades. Él se hace pequeño y humilde para alcanzar una vida plena de sentido.
Es fundamental recordar que la primera comunión no es una meta: es un alimento continuo que se nos regala para la carrera de la vida. La primera comunión no es un premio tras el esfuerzo, es un regalo que Dios nos hace porque conoce nuestra fragilidad. La primera comunión no es un punto final, sino el comienzo de una amistad con Jesús y de una integración real en la comunidad parroquial.
A partir de ahora, vuestro hijo participará plenamente en la mesa que el Señor pone para alimentar el camino de la Iglesia. Ya no es un espectador en la eucaristía, sino un protagonista invitado. Y como es en torno a la mesa donde las personas crecemos en comunidad, en identidad y familia, los cristianos, en torno a la mesa de la eucaristía, fortalecemos nuestra vocación y misión en medio del mundo. Unidos a la ofrenda de Cristo, también nosotros nos ofrecemos al Padre en una vida entregada.
En la catequesis hemos hablado de comunidad, compromiso, ofrenda, Jesús, amistad, alimento, vida, gracia, don, camino, proceso… Pero estas semillas –bien lo sabéis- podrían desvanecerse como el arco iris tras una tormenta si no encuentran apoyo en vuestra vida familiar. Para que esta siembra dé fruto, me atrevo a pediros cuatro cosas:
· Valorad lo que significa la fe, la amistad con Jesús, la vida cristiana: Cuando algo nos parece bueno para nuestro hijo, se nota en el tiempo que le dedicamos, en los sacrificios que hacemos, en la conversación que utilizamos, en la alegría con que lo compartimos. No podemos cultivar una vida cristiana si no la cuidamos. La celebración del domingo en familia es el mejor indicador de ese valor.
· Acompañadlos en su despertar espiritual: El ejemplo arrastra más que mil palabras o consejos huecos. Rezar con ellos es una forma preciosa de cercanía. Quizás este momento es una buena oportunidad para hacer un reseteo, una ITV de vuestra vida espiritual y plantearos, a vuestro nivel, cómo estáis y qué necesitáis a nivel de fe en vuestro proceso personal y matrimonial.
· Vivid la primera comunión con austeridad y sobriedad: A veces me entristecen las noticias de familias que se sobrecargan con préstamos para celebrar grandes banquetes efímeros. La comunión es una fiesta, pero no está vinculada al despilfarro. El espíritu cristiano la une al compartir y a la generosidad, a abrirnos al mundo sufriente y vulnerable. Hay muchas maneras de celebrarla con sencillez que se adecúan a este espíritu. Os invito a que no falte, en vuestra celebración un gesto de solidaridad hacia quienes sufren.
· Agradeced el camino recorrido en la comunidad parroquial: Es el momento de valorar lo vivido en la parroquia y agradecer a los catequistas y a la comunidad que han acompañado a vuestros hijos. También es el tiempo para dialogar sobre cómo podemos seguir mejorando este proceso que hemos hecho como comunidad.
Termino dándoos las gracias por vuestra decisión de educar a vuestros hijos en la fe. Como suelo deciros, la familia debe de dar a los hijos las herramientas fundamentales para afrontar la complejidad de la vida; y la fe es, seguramente, el instrumento más valioso y resistente que podéis entregarles.
Mucho ánimo. Estoy a vuestra disposición siempre. Que la Sagrada Familia os bendiga y que, como ellos, podáis ver cómo vuestro hijo “iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres”.
Vuestro hermano y amigo,
+Fernando, obispo de Mondoñedo-Ferrol








Nacido en Ferrol el 21 de abril de 1983. Realiza los estudios posobligatorios, hasta COU, en el Colegio Tirso de Molina de los PP. Mercedarios en Ferrol.
Nacida en Ferrol (A Coruña) el 24 de mayo de 1972.




















