Carta al Pueblo de Dios que camina en el arciprestazgo de Terra Chá

  • Mensaje del obispo de Mondoñedo-Ferrol con motivo la finalización de la visita pastoral al arciprestazgo de Terra Chá

Doy gracias a Dios por este tiempo de gracia que Dios me ha permitido vivir entre vosotros a lo largo de todo este curso pastoral 2025-2026. La visita pastoral ha sido para mí un acontecimiento de gracia que impulsa mi misión. A lo largo de estos nueve meses, en diferentes momentos y con distintas intensidades, me he hecho presente en vuestros templos, asociaciones, instituciones, hogares, residencias, fiestas, realidades sociales, proyectos, preocupaciones… Al mirar atrás, me vienen a la memoria tantos lugares, jornadas, reuniones, celebraciones e instantes repletos de alegría, de vida y de esperanza. Han sido muchos los kilómetros recorridos, las parroquias visitadas, las historias relatadas, las preocupaciones expuestas, los proyectos hechos vida, las celebraciones y oraciones compartidas.

Doy gracias al Señor por todos y cada uno de vosotros. He podido experimentar la alegría de ser Iglesia, el gozo que da pertenecer a ella y el orgullo de tanta vida que se palpa a través de vosotros. Junto al obispo, con vuestros sacerdotes y desde la sencillez que os caracteriza, hemos hecho de cada encuentro de la visita pastoral, una verdadera experiencia eclesial: vivir la alegría de la unidad, sabiendo que Dios camina con nosotros en medio de nuestras dudas, problemas y dificultades. Tengo la certeza de que siempre hemos salido de estos encuentros, profundamente eclesiales, más gozosos, más renovados, más esperanzados y más reforzados en nuestra fe, esperanza y caridad.

A lo largo de estos meses me ha alegrado profundamente la respuesta generosa que habéis dado a mi presencia entre vosotros: sin duda ha sido siempre un motivo de fiesta y de encuentro, tanto para vosotros como para mí. Eso manifiesta la profunda fe enraizada en la cultura de nuestro pueblo donde, de una manera sencilla, reunirse en torno al pastor sigue siendo algo verdaderamente importante. Igualmente, he podido comprobar el arraigo que tienen en vuestra vivencia de fe las romerías, las fiestas y el culto a nuestros difuntos. El acompañamiento a las familias, el cuidado de los cementerios y las celebraciones de difuntos echan raíces profundas, convirtiéndose en vuestra pascua semanal y en un testimonio explícito de la fe en Cristo Resucitado.

He comprobado también el enorme trabajo y la entrega de vuestros sacerdotes, que agradezco de corazón, viviendo su vocación en medio de la fragilidad y debilidad. Ellos se esfuerzan día a día por seguir alimentando y acompañando la fe de vuestras comunidades. Junto a ellos, el compromiso de la vida consagrada en sus dos presencias arciprestales, ayuda también a mantener vivas nuestras parroquias. Pero todo este esfuerzo sería infructuoso sin la fuerza, el aliento y la entrega de muchos laicos y laicas que, en las diferentes parroquias y desde diversos servicios, siguen cuidando la comunidad y la misión, que es tarea de todos. Pienso en tantas personas que velan, cuidan y mejoran tanto los templos como los cementerios; en los campaneros y sacristanes que custodian los espacios; en los coros y las personas que en la liturgia miman las celebraciones; en los catequistas que acompañan a los más pequeños; en las personas de Cáritas que velan por nuestros pobres… A todos vosotros, MUCHAS GRACIAS Y MUCHO ÁNIMO. Ojalá la visita pastoral haya podido contribuir a renovar e incrementar el número de estas personas y de estos equipos.

Por lo que respecta a la vivencia de la fe, me habéis manifestado dos grandes preocupaciones. Por una parte, las dificultades para transmitir la fe a niños y jóvenes, y el hecho de que muchas familias se alejen, en la práctica, de la vivencia ordinaria y comunitaria de la fe. Por otra, os inquieta que muchos templos ya no tengan culto habitual semanal por falta de sacerdotes o celebrantes de la Palabra y, sobre todo, por no contar con una comunidad estable que se reúna para celebrar el gozo y la fuerza del domingo.

Pero vuestras preocupaciones son también sociales. Me habéis contado que vuestra comarca vive situaciones complicadas de envejecimiento y despoblación; que la economía no tiene suficientemente en cuenta el mundo rural, por lo que el futuro se vislumbra con pesimismo. También me habéis presentado la realidad de las migraciones como una nueva fotografía de nuestras parroquias, que son ahora más interculturales y, por tanto, católicas. Y he comprobado agradecido la importancia y vitalidad que vuestras asociaciones vecinales y de otras formas tienen para reforzar los vínculos y cuidado de las relaciones.

En esta situación, creo que la visita pastoral ha contribuido a iniciar y consolidar procesos que debemos asentar. Señalo algunos de ellos: la constitución de los consejos pastorales (tanto parroquiales/unidades pastorales como arciprestales) como instrumentos que nos ayudan en un quehacer compartido; el trabajo arciprestal como la única forma de afrontar retos comunes y complejos en la pastoral; las iniciativas y encuentros por unidades pastorales que nos sacan de nuestro parroquialismo y ayudan a servir mejor; el diálogo con el territorio y sus instituciones, donde la Iglesia tiene que florecer, dialogar y acompañar; el protagonismo de los laicos, a través de los ministerios laicales, en esta nueva hora evangelizadora; el cuidado de las celebraciones para que sean participativas y vivas…

Desde mi punto de vista, en vuestro arciprestazgo se visibilizan los diferentes ritmos de nuestra Iglesia y de los propios cristianos. En cierta manera, un tipo de Iglesia está acabándose para dar a luz otra forma de estar y crecer la Iglesia que no sabemos todavía cómo será. Por eso, surgen resistencias, miradas al pasado, dificultades para afrontar el futuro, ensayos que no terminan de cuajar. La presencia que la Iglesia tuvo en el pasado como institución en todas las parroquias, asegurando tantas estructuras, hoy ya no se puede mantener. La centralidad que los sacerdotes tuvieron configurando toda la vida eclesial hoy es imposible, inviable e inadecuada. La vivencia de la fe centrada únicamente en el culto, sobre todo el de los difuntos, hoy ya no termina de llenar el corazón del creyente, ni completa toda la experiencia cristiana.

Urge, por tanto, repensar nuestra forma de ser Iglesia, de ser cristianos, de ser sacerdotes. Estamos en una nueva época. Entre todos tenemos que engendrar y releer el proyecto de Jesús para nosotros: sacerdotes que sean más acompañantes que gestores o puros celebrantes; laicos que asuman la corresponsabilidad saliendo de sus zonas de confort; parroquias que superen sus “marcos” para abrirse en comunidades más grandes y que les permitan ser significativas y atrayentes; comunidades que no solo celebren sacramentos, sino que ofrezcan formación y vivan organizadamente la caridad desde Cáritas y otras formas de vivir la dimensión social de la fe; familias que se tomen en serio la transmisión de la fe; comunidades que descubran la necesidad vital de celebrar con gozo el domingo…

El centro de nuestra Iglesia y de nuestras parroquias, no es el sacerdote: siempre es Jesús. Él es quien nos convoca, nos invita cada día, nos enseña y nos alimenta. Sigamos acudiendo a Él, que “tiene palabras de vida eterna”, que “ha venido para darnos vida y vida en abundancia”. Este ha querido ser el núcleo de mi mensaje durante la visita pastoral. Por eso hemos renovado en cada celebración las promesas bautismales, para poner en el centro a Cristo. Y, como tarea, os he pedido que nunca falte en vuestra jornada la oración del padrenuestro, que siempre nos ayuda a “alzar la mirada”.

Gracias a todos vosotros. Tenemos mucho camino por andar. No nos desanimemos. Hagámoslo juntos. Cuento con vosotros. También vosotros podéis contar conmigo.

Vuestro hermano y amigo,

+Fernando, obispo de Mondoñedo-Ferrol

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