El clero diocesano se reunió en Mondoñedo para celebrar a su patrón, san Juan de Ávila

  • Varios presbíteros celebraron sus bodas de plata, oro y diamante en un encuentro de fraternidad
  • El obispo animó a vivir el sacerdocio desde la oración, el estudio y la evangelización

El clero de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol celebró ayer lunes, en el Seminario de Mondoñedo, su encuentro anual con motivo de la festividad de su patrón, san Juan de Ávila. En el marco de esta jornada se conmemoraron las bodas de diamante, oro y plata de varios sacerdotes del presbiterio diocesano.

Entre los homenajeados se encontraban los reverendos Javier Martínez Prieto y José Rey Kochinke (25 años); Alfonso Blanco Torrado, Alfonso Morado Paz y Antonio Rodríguez Basanta (50 años); y Ángel Vigo Blanco (60 años).

La jornada comenzó a las 10:30 horas con el rezo de la Hora Intermedia. Tras el saludo inicial del obispo diocesano, monseñoer Fernando García Cadiñanos, tuvo lugar una reflexión formativa bajo el título «La Iniciación Cristiana y el ministerio sacerdotal». En consonancia con uno de los objetivos del Plan Diocesano de Pastoral para el presente curso, se propuso una reflexión compartida desde la experiencia pastoral. Los sacerdotes Javier Martínez y José Rey ofrecieron su testimonio personal en torno a esta cuestión.

Después de un breve descanso, se celebró el acto de homenaje a los sacerdotes que este año conmemoran sus aniversarios de ordenación. En nombre de la diócesis, el obispo les hizo entrega de un obsequio. Cada uno de ellos compartió, en una breve intervención, recuerdos personales, palabras de agradecimiento y sus deseos en este día, intervenciones que fueron acogidas con un aplauso de fraternidad y reconocimiento por sus vidas entregadas.


Eucaristía: tres claves que han de marcar la vida del sacerdote

La eucaristía de acción de gracias estuvo presidida por el obispo y concelebrada por una cincuentena de presbíteros diocesanos, lo que representa más de la mitad del presbiterio. En la homilía, el obispo agradeció la respuesta vocacional de los presentes y evocó la figura de san Juan de Ávila, quien vivió en una época «distante, pero no muy distinta de la nuestra». En este contexto, recordó unas palabras del santo: «Conviene que tu vida sea limpia, tu intención recta y tu corazón encendido en amor de Dios, para que así puedas encender a otros».

A partir de esta cita, invitó a cuidar el «ser sacerdotal», a vivir con ilusión y pasión la llamada, de modo que el hacer cobre sentido y no genere desgaste. «Se trata de ser santos, porque más fruto hace en la Iglesia un sacerdote santo que muchos sabios sin santidad», afirmó.

En la parte final de la homilía, el obispo destacó tres claves que han de marcar la vida del sacerdote, siguiendo el ejemplo de san Juan de Ávila: la oración, el estudio y la evangelización. «Ello nos permitirá sentirnos padres de nuestro pueblo, desde el amor y el afecto», señaló.

La jornada concluyó con una comida de fraternidad en la que los participantes pudieron compartir conversación, recuerdos y esperanzas.

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