El regalo de la vida consagrada

· Mensaje del obispo de Mondoñedo-Ferrol con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2026

En nuestra diócesis de Mondoñedo-Ferrol existen numerosas presencias de vida consagrada. Veintiuna comunidades religiosas abrazan nuestra geografía, desde el latido de la ciudad hasta el silencio del mundo rural, respondiendo a los retos de cada comarca. Son comunidades que se dedican a tareas muy diversas: desde aquellas cuyo carisma es la oración y la contemplación, a las que prestan sus servicios en el mundo educativo, pastoral y social. Representan la riqueza del Espíritu que, en épocas y tiempos diversos, ha ido embelleciendo a la Iglesia con carismas diferentes para responder a los retos de cada momento.

En cada presencia de vida consagrada en nuestra diócesis nos encontramos una comunidad de hombres o de mujeres. Esta puede ser más o menos grande, más o menos diversa, que atesore la sabiduría de los años o el empuje de la juventud. Pero todas son comunidades de creyentes que, a través de los tres votos (pobreza, castidad y obediencia) tratan de vivir con radicalidad las enseñanzas de Jesús. Cada una de estas casas abiertas se convierte, sin duda, en faro, en lugar de referencia para muchas personas: en ellas encuentran muchos un hogar donde ser acogidos, un lugar donde ser escuchados, una familia donde ser animados, una luz que se nos ofrece en medio de la oscuridad y las tinieblas de la vida.

Es hermoso percibir y ser consciente de la mucha vida que pulula en torno a las diferentes presencias de la vida consagrada que conozco. Lo es en el mundo urbano y, especialmente, en el entorno rural. Cuando una de ellas languidece o se cierra, toda la Iglesia y toda la sociedad pierde y se empobrece con ella. Se trata de una vida que no se puede cuantificar en términos económicos, porque tiene un valor intangible que, sin embargo, es especialmente necesario en esta sociedad donde faltan referentes, testigos, puntos de encuentro desde los que construir. ¡Cuánto bien hacen todas y cada una de las casas de religiosos, religiosas y monjas esparcidas por nuestra diócesis!

La Iglesia celebra cada 2 de febrero la Jornada de la Vida Consagrada. Un día para sentir la belleza de estas vidas entregadas a Dios, a la Iglesia y a la sociedad. Una fecha para orar para que la luz de la vida consagrada siga estando viva y encendida en nuestra Iglesia, porque la necesitamos. Una ocasión para agradecer su quehacer y su vocación entre nosotros. Una oportunidad para descubrir el significado y la riqueza que la radicalidad de sus carismas ofrece a nuestra Iglesia. Una invitación a las personas consagradas a renovar su propia consagración, tal y como haremos en sendos actos en Viveiro y Ferrol. Una posibilidad, por último y no menos importante, de preguntarnos y plantear la vida consagrada como camino de plenitud y belleza para nuestros niños y jóvenes. ¡Dios sigue llamando, Dios sigue necesitando jóvenes que quieran ser sus manos, sus ojos, sus pies… en medio de nuestro mundo!

¿Acaso la vocación consagrada está pasada de moda? ¿Acaso hoy ya no se necesitan estas vidas que nos indican la radicalidad evangélica y que son un signo en medio de nuestro mundo? No. Al contrario. Hoy más que nunca necesitamos hombres y mujeres que se empeñen en el seguimiento de Jesús, configurando su vida lo más fielmente con la de Cristo. Se necesitan personas que anticipen el cielo, enseñándonos que lo definitivo no es lo que poseemos hoy. Se necesitan hombres y mujeres que nos enseñen a vivir la fraternidad, en medio de la pluralidad de nuestro mundo. Se buscan personas que proféticamente nos interroguen y nos animen en nuestro caminar por la vida.

Por eso, me parece bonito que, como lema para esta jornada, se haya elegido una interpelante pregunta que está en la base de toda vida consagrada: ¿Para quién eres? En efecto, es todo un examen de conciencia personal y comunitario, pero también es una pregunta que te invita a ti, que lo lees, a hacer un camino personal de respuesta: es a eso a lo que llamamos vocación. ¡Búscala!

Vuestro hermano y amigo,

+ Fernando, obispo de Mondoñedo-Ferrol

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