· Mensaje del obispo de Mondoñedo-Ferrol con motivo del Día de la Iglesia Diocesana 2025
La Iglesia realiza infinidad de actividades y promueve cientos de iniciativas. Muchas de ellas las conocemos por los medios de comunicación y son valoradas por nuestra sociedad. Especialmente en el ámbito de lo social. Pero su esencia más importante es la de generar vida interior, formar y cultivar la espiritualidad, plenificar la vida de cada persona, colmarla, realizarla plenamente, satisfacer su sed de infinito y ayudarle a alcanzar la cumbre de su vocación: eso es lo que llamamos la santidad, que no es la perfección, sino la plenitud en su propio estado. Una meta que no podemos alcanzar solos y por nuestras propias fuerzas sino que es fruto de la gracia, de la ayuda de Dios: es Él el que nos conduce a la meta, el que nos abre a horizontes inalcanzables por nuestras nosotros mismos. Y la comunidad cristiana es el instrumento por el que se nos concede esta gracia, esta vida nueva. Con la Iglesia y a través de ella nos santificamos.
El Día de la Iglesia Diocesana de este año nos invita a reconocer este regalo que se nos da a través de la Iglesia. Ella, pecadora y con tantas imperfecciones, nos ofrece, sin embargo, los sacramentos, la Palabra, la comunidad y otros medios que nos permiten tener la misma vida de Dios, nutrir nuestra vida interior y tener mucha vida que se expresa en vida de caridad, de alegría, de esperanza, de compromiso… Es un día para descubrir y reconocer esta fuente de santidad, de vida, de felicidad que ha nacido en el seno de la Iglesia y que se manifiesta en tantos hombres y mujeres concretos, como nosotros, que han alcanzado la santidad. Ellos son modelos para tantas personas, ellos han hecho el bien a su alrededor, ellos han dejado un reguero de esperanza a su paso. Y sin la Iglesia, sin su misterio y su esencia, no hubieran alcanzado esa presencia que hoy agradecemos.
También en nuestra diócesis ha habido muchos hombres y mujeres, “santos de la puerta a al lado”, que se han alimentado en la Iglesia. Os invito a releer el libro publicado en su momento que hablaba de estos “testigos de la fe en nuestra tierra”. Hombres y mujeres sencillos, conocidos de tantos de nosotros. Y pienso, también junto a nuestro san Rosendo, en san Inocencio y beatos de la persecución religiosa, o en los que están camino de los altares que nacieron en estas tierras: Luis de Trelles, de Vivero, fundador de la Adoración Nocturna, e Ignacio Echevarría, el héroe del monopatín, natural de As Pontes. Todos ellos vivieron y alimentaron su fe en la Iglesia. Y a través de ella llegaron a realizar su admirable obra.
Que nosotros también, en esta jornada, descubramos este misterioso y valioso tesoro que nos llega a través de la Iglesia.
Vuestro hermano y amigo,
+ Fernando, obispo de Mondoñedo-Ferrol








Nacido en Ferrol el 21 de abril de 1983. Realiza los estudios posobligatorios, hasta COU, en el Colegio Tirso de Molina de los PP. Mercedarios en Ferrol.



















