Nos cuesta entender la vida contemplativa, en estos tiempos más que antes. La rentabilidad, la eficacia, la utilidad, lo que se ve y produce prima sobre el silencio, la discreción, la vida oculta y la espiritualidad.
Y no solo entender, sino también valorar y optar por este estilo de vida que, aunque no lo parezca, es fuente de felicidad y sentido para muchas personas, hombres y mujeres, que respondieron y siguen respondiendo generosamente a esta llamada de Dios.
La vida contemplativa es la voz orante de la Iglesia; la voz de aquellos que no sabemos, no podemos o nos cuesta orar; la voz que intercede por los que sufren y no saben expresar su dolor e impotencia.
Es también el corazón misionero de la Iglesia, precisamente en estos tiempos en los que nos urge la misión evangelizadora.
Mientras nos lamentamos y nos sentimos impotentes, y puede que más de una vez desanimados, ante las dificultades de la transmisión de la fe a las nuevas generaciones, en una sociedad cada vez más alejada de Dios, la vida contemplativa nos anima a buscar el rostro de Dios en medio de la oscuridad: Él es el Sumo Bien, lo único necesario, que lo llena todo y da sentido a todo.
En nuestra diócesis le agradecemos al Señor el testimonio y la presencia de los monasterios de las Concepcionistas en Mondoñedo y en Viveiro, las Clarisas en Ribadeo y las Esclavas en Ferrol. Oremos para que no nos falten vocaciones orantes con corazón misionero.
«La vida contemplativa es la voz orante de la Iglesia; la voz de aquellos que no sabemos, no podemos o nos cuesta orar; la voz que intercede por los que sufren y no saben expresar su dolor e impotencia»







Nacido en Ferrol el 21 de abril de 1983. Realiza los estudios posobligatorios, hasta COU, en el Colegio Tirso de Molina de los PP. Mercedarios en Ferrol.
Nacida en Ferrol (A Coruña) el 24 de mayo de 1972.



















