Es una expresión de Santa Teresa de Jesús. O un deseo para sus monjas carmelitas y por extensión a todas las contemplativas.
Cuando Dios es prácticamente irrelevante en nuestra cultura actual. Cuando incluso hablar de Él o manifestarse como creyente resulta raro y provoca muchas veces reacciones despectivas por los que se rigen en la vida por lo políticamente correcto, ahí está el testimonio silencioso, discreto y fiel de nuestros contemplativos y contemplativas.
Seguramente muchos de nosotros no los conozcamos personalmente y no seamos testigos de su mirada limpia, de su alegría seductora o de su bondad apasionada. Ellos y ellas, a pesar de la crisis de vocaciones y de las limitaciones humanas, responden cada día a una llamada interior que llena sus vidas, aunque desde fuera no seamos capaces de entenderlo.
Si Dios para ellos y ellas – y también para nosotros – es “lo único necesario”; si todo en esta vida pasa, si nuestra patria definitiva no esté aquí sino más allá de aquí, de esta vida, entonces… es verdad: “solo Dios basta”.
Sus vidas enclaustradas no son una evasión del mundo ni un refugio para librarse de los vientos y tempestades de los tiempos que corren. Al contrario, el silencio del claustro, las horas de oración y contemplación, y el estilo de una vida compartida en una comunidad de comunión y fraternidad, en virginidad, pobreza y obediencia, son – quieren ser – un testimonio elocuente de la existencia de un Dios en el que vale la pena creer y confiar, y a quien contemplar, y que siendo Amor se le corresponde con amor. No un Dios solitario, sino Misterio de Comunión y de Vida, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
«Sus vidas enclaustradas no son una evasión del mundo ni un refugio para librarse de los vientos y tempestades de los tiempos que corren»







Nacido en Ferrol el 21 de abril de 1983. Realiza los estudios posobligatorios, hasta COU, en el Colegio Tirso de Molina de los PP. Mercedarios en Ferrol.



















