Un Dios que vive escondido pero presente entre nosotros

El Adviento va tocando ya a su fin. La próxima semana celebraremos con gozo la fiesta de la Navidad. Todo en la calle nos habla de la cercanía de esta fecha. Incluso nuestro belén de Begonte, que concita tantos visitantes, nos abre al Misterio de la Navidad.

La Iglesia, con este tiempo del Adviento, nos invita a prepararnos, a preparar nuestro corazón. No se trata de tener a punto solo las neveras, los regalos, los trajes, los comensales… sobre todo se trata de preparar nuestra interioridad, de dedicarnos tiempo a nosotros y a cuidar nuestra relación con Dios. Como hemos rezado en el Salmo responsorial, también nosotros nos preguntamos: ¿Quién puede subir al monte del Señor? Es decir, ¿quién puede decir que está preparado para encontrarse cara a cara con este Dios que quiere estar para siempre con nosotros? Y con el Salmo también nosotros respondemos: “El hombre de manos inocentes y puro corazón que no confía en los ídolos”, es decir, la persona que se sabe sencilla, que aleja el corazón del pecado, que se descubre idólatra de tantos reyezuelos que se introducen en nuestra vida y que nos alejan del camino recto.

Tenemos una semana para culminar nuestra preparación, nuestro recorrido, como si se tratara de un sprint final, que nos permita vivir auténticamente la Navidad: sin duda que el sacramento de la confesión nos podrá ayudar, así como plantearnos una austeridad de vida en nuestro consumo, o compartir nuestros bienes con los más necesitados a través de Cáritas, o dedicar más tiempo a encontrarnos con las personas que viven solas, o sacar un tiempo de silencio y oración para contemplar nuestra vida y reorientarla en lo que el Señor nos propone. Cada uno deberá pensar cómo se prepara para celebrar la Navidad, en definitiva, cómo sueña la navidad de este 2022.

En el evangelio que hoy hemos proclamado aparecía un protagonista destacado: san José. Hemos visto la capacidad de este hombre para acoger los planes de Dios. Ante el sufrimiento y el desgarro que suponía la noticia inesperada del embarazo de María, José busca la solución mejor. Se nos dice que era un hombre justo, es decir, un hombre que busca cumplir la voluntad de Dios. El papa Francisco, al comentar este pasaje, lo explicaba así: “Muchas veces la vida nos pone delante de situaciones que no comprendemos y parece que no tienen solución. Rezar, en esos momentos, significa dejar que el Señor nos indique cuál es la cosa justa para hacer. De hecho, muy a menudo es la oración la que nos hace nacer en nosotros la intuición de la salida, cómo resolver esta situación”.

¡Qué hermosa es la vida cuando, como José, la vivimos abiertos a los planes del Señor, cuando sabemos discernir lo que el Señor nos pide y nos demanda! El discernimiento, esta palabra un tanto extraña y que marca el proceso sinodal en el que nos encontramos como Iglesia diocesana, nos ayuda a vivir la vida mirando hacia Dios, a preguntarnos constantemente lo que Dios pide de nosotros… Y todo desde la certeza de que somos importantes para Dios.

Porque el gran mensaje que nos comunica la palabra de Dios de este domingo es que nuestro Dios es un “Dios con nosotros”, el Enmanuel. Nuestro Dios no es una idea, no es un sentimiento, no es una vaga teoría, no es un personaje que nos contempla desde lo alto. Nuestro Dios es un Dios que quiere entrar en relación contigo, conmigo, con cada uno de nosotros. Es un Dios que se implica en nuestra vida y en nuestro mundo, para transformarlo y renovarlo. Es un Dios que nos conoce, que se hace uno de nosotros en todo, menos en el pecado. Es eso lo que permite una mayor intimidad, una perfecta sintonía, una familiaridad especial que genera esperanza, luz, calor.

Tomar conciencia de que Dios es un Dios con nosotros y que nos salva en Jesucristo nos capacita para celebrar la sorpresa y el gozo del acontecimiento de la Navidad. Un gozo que es profundo y que se aleja de la pandereta y de la comilona, para descubrir cuál es la verdad auténtica de la alegría: sabernos salvados, visitados, habitados y amados en Jesús. De eso precisamente nos habla nuestro belén de Begonte: de un Dios que vive escondido pero presente entre nosotros, en nuestro pueblo, en nuestra tierra, entre nuestros oficios, entre nuestras costumbres…

Que el ejemplo de san José nos estimule a prepararnos auténticamente para la Navidad y a saborear la alegría de creer en el Enmanuel, el Dios con nosotros.

[Homilía pronunciada el domingo 18 de diciembre de 2022, en directo por la Televisión de Galicia, desde la iglesia parroquial de Santa María de Begonte (Lugo), en el 50º aniversario del belén parroquial]

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