Hna. Mª. Wladimir Mayoral: «No podemos huir ante el dolor propio y el de nuestros hermanos»

El pasado 15 de septiembre, las Hijas de la Virgen de los Dolores celebraron en O Valadouro el centenario de la aprobación de su congregación y los 67 años de presencia en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol.

Durante este tiempo, la comunidad ha acompañado a numerosas familias desde la educación, la acción pastoral y la atención a las personas más vulnerables. En esta entrevista, la hermana Mª. Wladimir Mayoral repasa la historia y la misión de la congregación, su compromiso con O Valadouro y los retos de la vida consagrada femenina, guiada por tres palabras: acoger, acompañar y alzar la mirada.

El pasado 15 de septiembre, festividad de Nuestra Señora de los Dolores, celebraron el centenario de la aprobación de la congregación: ¿qué significa para ti, personalmente, vivir este hito histórico en la memoria de las Hijas de la Virgen de los Dolores?
Un tiempo de gratitud, de memoria agradecida. No sólo miro estos cien años como un recorrido de hechos y agradecimientos, de logros y proyectos, sino como un tiempo de gracia y regalo de Dios para la congregación. Un tiempo en el que nos hemos sentido/sabido sostenidas por Él. Una fiesta que nos lleva, nos invita, a mirar el futuro con esperanza porque estamos en las manos del Señor.

El carisma de su congregación se nutre de la devoción a los Dolores de María: ¿cómo ha moldeado esa espiritualidad tu propia vocación y tu manera de acompañar a las personas más vulnerables?
La espiritualidad de María, concretamente «María al pie de la Cruz “STABAT”, es el primer pilar identificativo de la espiritualidad de las Hijas de la Virgen de los Dolores. En Ella nos miramos para “permanecer” al pie de los crucificados de hoy -y de ayer. Para acompañar a los más vulnerables. Para permanecer y no huir ante el dolor propio y de los hermanos.
Para recordarnos que el Señor está presente aun cuando todo parece imposible.

La comunidad está presente en O Valadouro desde hace décadas: ¿qué huella dejan las Hijas de la Virgen de los Dolores en la vida cotidiana de la parroquia y cómo ha evolucionado su misión en este territorio a lo largo del tiempo?
Esa pregunta, esa huella, deberían responderla los feligreses. Pero si me remito “sólo” a los comentarios del homenaje, puedo decirle que la huella para muchas familias ha sido: acogida, ternura, formación. Muchos de los presentes afirmaban que lo que son hoy es gracias a lo que aquí recibieron. Hablaban del colegio como de su familia y eso es muy bonito. La evolución ha venido dada por las necesidades sociales: antes acompañábamos en el colegio y la Escuela Hogar y hoy en colaborando en Cáritas, siendo acogedoras y cercanas con los inmigrantes, ayudándoles en lo que podemos, visitando a enfermos y mayores, etc. También en actividades pastorales de la UPA: grupo de oración, catequesis, celebraciones de la Palabra, etc.

En el contexto de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, ¿qué retos y oportunidades identificas hoy para la vida consagrada femenina, y cómo contribuye tu congregación a la misión diocesana?
Un reto es seguir trabajando la pastoral en clave sinodal: vida consagrada, sacerdotes y laicos. Respecto a la vida religiosa femenina: la fraternidad entre las distintas congregaciones como presencia evangélica. En cuanto a nuestra contribución en la Iglesia diocesana, estamos en aquellos lugares donde la diócesis ha pedido nuestra presencia: equipo sinodal, ITD (Iglesia por el Trabajo Decente), Celebraciones de la Palabra en distintas parroquias de nuestra UPA… Y desde nuestro carisma… acompañando, ayudando a descubrir el sueño de Dios, procurando que cada uno encuentre un horizonte de sentido para su vida. También ofreciendo espacios, encuentros de oración y reflexión, que nos ayuden a vivir la propia vocación cristiana y a pedir por la vocaciones religiosas y sacerdotales que tan necesarias son hoy en la Iglesia.

El centenario es también una ocasión para mirar al futuro: ¿qué proyectos o ilusiones nuevas estáis sembrando para que el carisma de las Hijas de la Virgen de los Dolores siga siendo relevante para las nuevas generaciones?
Llevamos trabajando la “familia carismática” sabedoras de que el carisma no nos pertenece sólo a las religiosas. Esto abre oportunidades e ilusiones y nuevas sensibilidades. Hablar de vocación hoy, es hablar de misión y de para quién soy, no sólo de vocaciones religiosas y sacerdotales, como nos repite el papa. Nosotras hoy, desde la cercanía con jóvenes y emigrantes intentamos alentar y sostener esas preguntas, para que puedan responderlas y su Fe no se diluya en la búsqueda de trabajos y preocupaciones, o en los estudios.

Si tuvieras que definir en tres palabras el “espíritu” de su congregación, ¿cuáles elegirías y por qué crees que resuenan especialmente en el mundo actual?
Acoger, acompañar, invitar a “alzar la mirada”. No entendemos la acogida y el acompañamiento como mera asistencia social, sino como un acto de la fe que alumbra caminos y abre horizontes.

Natural de Almoharín, un pequeño pueblo de la provincia de Cáceres en el corazón de Extremadura, la hermana Mª. Wladimir Mayoral es el ejemplo vivo de una vida entregada a la educación, la fe y el servicio comunitario. Nacida en el seno de una familia numerosa y profundamente creyente, su vocación se fraguó entre las aulas del colegio que las hermanas de su propia congregación regentaban en su tierra natal.

Con apenas 21 años y la titulación de Magisterio bajo el brazo, tomó una decisión que marcaría el rumbo de su vida: ingresar en el noviciado de la Congregación Hijas de la Virgen de los Dolores, en Trujillo, donde hoy se encuentra la Casa Madre de la orden. Desde entonces, su trayectoria ha sido un constante ir y venir entre la enseñanza y la gestión institucional: ha impartido clase en colegios de Trujillo, Barcelona y Selaya (Santander), y ha asumido responsabilidades de dirección en centros educativos, en la Residencia Universitaria de Madrid y como maestra de novicias.

Hoy, la hermana Wladimir combina su labor como superiora de la comunidad de Ferreira (O Valadouro) con una intensa actividad pastoral en la UPA, colaborando en la catequesis y en Cáritas de la parroquia de Foz, además de participar en distintos equipos diocesanos. Desde el año pasado, su experiencia y liderazgo también forman parte del Consejo General de la Congregación, donde integra el Equipo de Gobierno.

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