«Creo que estamos perdiendo la oportunidad de ser una sociedad mejor tras la pandemia»

Entrevista al obispo Fernando García Cadiñanos publicada en el diario «El Progreso»

«En mi escudo figura el ejercicio de caridad porque es lo más grande del ser humano»

Hizo lo que dijo que haría: primero observó y luego comenzó a actuar. El obispo mindoniense, Fernando García Cadiñanos, tomó posesión de su cargo a principios de septiembre de 2021 y en menos de un año ya se nota su impronta. A veces parece omnipresente, con presencia en multitud de lugares y actividades. Además, reclama un esfuerzo por mejorar nuestra sociedad

Cuando llegó dejó muy claro que el suyo no iba a ser un obispado que permaneciese en la estricta intimidad del mundo eclesiástico. Para él Iglesia es el pueblo, la gente y ya dijo que estaría a su lado para apoyarle en sus problemas. Por eso sorprendió cuando se pronunció abiertamente en favor de los trabajadores de Alcoa o de Vestas. Tampoco parece hombre de dejar las cosas como están. Hizo abundantes movimientos de personal y no parece pararse nunca. Dotado de gran energía, ya recorrió una enorme parte de su extensísima diócesis. Una diócesis en la que, insiste, no quiere estar de paso: su idea sigue siendo la que dijo cuando llegó, esto es, quedarse tiempo.

¿Este tiempo en la diócesis responde a lo que tenía pensado o el trabajo es diferente al que pensaba?
No tenía mucha imagen de lo que me iba a encontrar. Es una realidad totalmente diferente de la que yo venía porque no conocía nada de Galicia. Pero las grandes problemáticas sí responden a la realidad de nuestra Iglesia general, cuestiones compartidas por toda la Iglesia de España. Así que yo diría que tenemos unas realidades semejantes.

Cumplió lo que dijo y se implicó en cuestiones sociales relevantes incluyendo la problemática con Alcoa, algo que sorprendió en algunos sectores. ¿Notó usted esa sorpresa?
A veces noté sorpresa y a veces recibí algunas críticas. Pero hay que estar en nuestra realidad social. Una cuestión que me llamó la atención fue que la diócesis tiene un tejido industrial amplio y con distintas problemáticas: en Viveiro, en Somozas, en Alcoa… Sí hice referencia al futuro nuestro de esta comarca y de Galicia porque como Iglesia tenemos que ser cercanos y levantar esa voz de atención, cercanía, de reivindicación del trabajo digno. Es un tema clave. Y además creo que se nos avecina un otoño caliente desde el punto de vista económico, con una crisis barruntando y tenemos que estar cerca no solo con Cáritas en su dimensión asistencial, también a nivel de promoción de nuestro trabajo, de reivindicación y de incidencia política.

Pero sabe que es algo que no se acostumbraba a ver
Para mí eso es la doctrina social de la Iglesia. Mi percepción no es la de que los obispos anteriores no se hubiesen metido. Yo acojo sin más la dimensión social de la fe y que el propio Papa Francisco manifestó diciendo que hay que estar cerca del sufrimiento provocado a veces por causas naturales, pero otras por injusticias sociales, y nuestro ámbito de trabajo también tiene relación con la pobreza.

Lo ve entonces como algo totalmente natural dentro de su labor como obispo
Es que para mí la fe tiene implicaciones en la vida diaria y normal. No responde a una dimensión paralela a la vida. Fundamentalmente tiene que ayudar a iluminar, acompañar, dar sentido, esperanza, fuerza en las realidades en las que cada ser humano vive. La fe tiene una dimensión de salvación integral, trascendente y en lo que significa y supone vivir con humanidad los problemas concretos que hay que afrontar. Se hace un flaco favor si vivimos la fe en una dimensión exclusivamente espiritualista y alejada de los problemas humanos del día. Descubrir la fe enriquece el caminar constante del ser humano en todas sus dimensiones.

En este tiempo ya pudo hacerse una pequeña radiografía de la diócesis a nivel religioso. ¿Diría que en ese sentido estamos en la media de otras zonas o somos un lugar particularmente piadoso?
No conozco toda la diócesis, pero sí que es cierto que me moví mucho este año. La recorrí varias veces en su ámbito urbano, rural, de despoblación interior… Me hice presente en fiestas pero también en el día a día. Creo que me hice un conocimiento grande y percibo que la religiosidad aquí es muy popular, vinculada a fiestas, difuntos, tradiciones… Veo un núcleo de laicado bien formado. Creo que con lo que hicimos en este año, el proceso sinodal, se tomó conciencia de que todos somos Iglesia, pero la secularización es muy fuerte. Tenemos además una gran ausencia de sectores juveniles, un envejecimiento de nuestros agentes y esas son como nuestras grandes connotaciones y características, que no sé si son únicamente nuestras.

Su forma de ejercer el obispado parece exigir un esfuerzo físico importante. ¿Considera importante esta presencia y cercanía física más allá de la espiritual?
Claro. Trabajo desde dos claves: conocer de primera mano las diversas realidades y disponibilidad total. El obispo tiene que estar disponible para lo que se le sugiera y la urgencia de animar y acompañar. Mis presencias son en clave de alentar, reforzar, llevar un poco de gozo, de ánimo… Vivimos tiempos de desánimo también en el ámbito eclesial y cierta desesperanza, y ante eso el obispo no debe ser una autoridad fría: tiene que ser alguien que desde la cercanía y la alegría dé ganas de ser cristiano.

Dijo que era necesario aprovechar para hacer una sociedad diferente a la de antes de la pandemia. ¿Cree que llevamos ese camino?
Pues igual es una oportunidad perdida. Por las pistas que veo, nos conducimos a más individualismo. Todo parece conducirnos a más enfrentamientos. Creo necesario reflexionar más porque no asimilamos lo suficiente y deberíamos ser capaces de recordar lo que pasó también con el corazón. Descubrir que tenemos que hacer algo y que nuestra realidad sea más humana.

Su escudo ostenta el lema ‘In Omnibus Caritas’, «En todo caridad» ¿Tan cortos de ella vamos?
No lo había interpretado así, justo al revés: la caridad es el inicio de todo. No es un remiendo para una vida, es su sentido auténtico. Igual hay la imagen de que la justicia debiera asumirlo todo, pero es la caridad la que abarca la justicia y lleva a un trato más humano. Es lo más grande del ser humano.

¿Va aprendiendo gallego?
Voy poco a poco. Pero me cuesta, será mi objetivo para el próximo curso. Me gusta que me hablen en gallego y no es ningún impedimento para mis prácticas habituales. Yo siempre soy uno más, pero no puedo hablarlo.

Fuente: El Progreso
 

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