Crónica de la peregrinación diocesana jubilar a Roma: «Caminando juntos en la fe»

  • Preparada por el religioso claretiano P. Ángel Elako, presidente de la CONFER de Mondoñedo-Ferrol

La peregrinación jubilar de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol, integrada por 33 miembros –con el obispo don Fernando García Cadiñanos, al frente, acompañado por 4 sacerdotes y 28 feligreses– vivió durante los días 25 al 28 del pasado mes de agosto una intensa experiencia espiritual y cultural en la Ciudad Eterna.


Lunes 25 de agosto

La mañana se inició con la visita a la basílica papal de Santa María la Mayor, uno de los templos marianos más importantes de Roma, donde el grupo pudo venerar la venerada imagen de la Salus Populi Romani y contemplar la riqueza artística de sus mosaicos y capillas. Por supuesto, en un clima de meditación y recogimiento, el grupo se detuvo durante un buen tiempo de oración frente a la tumba del llorado papa Francisco. Fue un momento especial de encuentro y de puesta bajo el amparo de la Virgen María al inicio de la peregrinación.

A continuación, se realizó un recorrido por la Roma Barroca, que incluyó lugares emblemáticos como la Fontana di Trevi, la Plaza de España, el exterior del Panteón de Agripa y la Plaza Navona. Cada rincón permitió descubrir la armonía entre arte, historia y fe, dejando una profunda impresión en los peregrinos. La jornada turística se completó con una visita al Mirador del Gianicolo, organizada por el propio grupo, desde donde se disfrutaron unas magníflcas vistas panorámicas de la ciudad.

La jornada culminó con la celebración de la eucaristía en la Sala Deza del Hotel Aranci, un momento de recogimiento que permitió dar gracias al Señor por la jornada vivida y encomendar los frutos espirituales de la peregrinación jubilar.


Martes 26 de agosto

La segunda jornada estuvo dedicada principalmente a la visita de la ciudad de Asís, cuna de san Francisco y lugar profundamente ligado a la espiritualidad franciscana. El grupo, encabezado por el obispo y acompañado de sacerdotes y fleles de la diócesis, inició el recorrido en la basílica de San Francisco de Asís, donde se veneraron las reliquias del santo y se contemplaron los célebres frescos que narran su vida y testimonio evangélico. Posteriormente, se visitó la basílica de Santa Clara, donde se guarda el cuerpo de la santa y el recuerdo de su radical entrega a Cristo en la pobreza y la sencillez.

Uno de los momentos más signiflcativos fue la visita al cuerpo incorrupto del beato Carlo Acutis, joven testigo de la fe del siglo XXI, expuesto en la iglesia de Santa María la Mayor de Asís. Este encuentro con una flgura tan cercana y actual supuso una profunda inspiración para los peregrinos.

La jornada culminó con la oración y la celebración de la rucaristía en comunión con los miembros de la peregrinación de la archidiócesis de Santiago de Compostela, presidida por su arzobispo y nuestro obispo, y concelebrada por sacerdotes de ambas diócesis. Fue un momento de verdadera fraternidad eclesial, vivido con alegría y gratitud, que subrayó la riqueza de caminar juntos en la fe durante este Año Jubilar.


Miércoles 27 de agosto

La tercera jornada de nuestra peregrinación comenzó con gran expectación en el corazón del Vaticano. Por la mañana, los peregrinos participaron en la audiencia papal en el Aula Pablo VI, un encuentro lleno de emoción, marcado por la cercanía del Santo Padre, sus palabras de aliento y la atmósfera de oración compartida. Posteriormente, la experiencia se prolongó en la basílica de San Pedro, donde la majestuosidad del templo reforzó el sentido de universalidad y comunión de la Iglesia.

A continuación, el grupo se dividió en dos para realizar la esperada visita a los Museos Vaticanos. Entre galerías, obras maestras y tesoros históricos, cada recorrido permitió descubrir la grandeza del arte al servicio de la fe. El punto culminante fue el ingreso a la Capilla Sixtina, donde el silencio reverente dio espacio a la contemplación de los frescos de Miguel Ángel, testimonio sublime de belleza y espiritualidad.

La jornada concluyó con un momento de recogimiento y gratitud: la celebración de la eucaristía en la Sala Deza del Hotel, donde, lejos del bullicio de las multitudes, la comunidad se reunió para dar gracias por lo vivido, conflando al Señor los frutos de la peregrinación.

Fue un día intenso, marcado por la fe, el arte y la comunión fraterna, que quedará grabado en la memoria de todos los participantes.


Jueves 28 de agosto

La cuarta jornada de nuestra peregrinación estuvo marcada por el encuentro con la riqueza espiritual y patrimonial de dos de las basílicas más signiflcativas de Roma.

Visita a la basílica de San Juan de Letrán. Iniciamos el recorrido en la Basílica de San Juan de Letrán, madre y cabeza de todas las iglesias del mundo. Allí, la grandeza de su arquitectura y la solemnidad de su historia nos recordaron la centralidad de la fe y el papel de la Iglesia en la transmisión del Evangelio a lo largo de los siglos. La majestuosidad de sus naves, las esculturas de los apóstoles y el baldaquino sobre el altar mayor nos invitaron a contemplar con gratitud la tradición viva que hemos heredado.

Visita a la Scala sancta. Con admiración y devoción, visitamos la Scala sancta, con sus veintiocho escalones frente a la basílica de Letrán, Hubo quienes desde su profunda devoción, entrega y fe, recorrieron del primer escalón al vigésimo octavo, el último, de rodillas. ¡ALABADO SEA DIOS! Otros, desde un clima de meditación y contemplación, hicieron lo mismo, pero caminando lentamente hasta completar el recorrido.

Visita a la basílica de San Pablo Extramuros. Posteriormente, nos dirigimos a la basílica de San Pablo Extramuros, donde el silencio y la amplitud del lugar nos ofrecieron un clima especial de recogimiento. Ante la tumba del apóstol de los gentiles, meditamos sobre su testimonio de fe y misión, que nos sigue impulsando a anunciar con valentía el evangelio. La galería de retratos de los papas nos recordó la continuidad apostólica que sostiene a la Iglesia a lo largo de los siglos.

La jornada culminó con la celebración de la eucaristía en el baptisterio de la Basílica, un espacio cargado de simbolismo. Allí, donde tantos cristianos recibieron el sacramento que nos incorpora a la vida nueva en Cristo. La liturgia, vivida con profunda devoción, fue ocasión de renovar nuestra identidad como hijos de Dios y miembros de la Iglesia.

Con el corazón lleno de gratitud, concluimos este día conscientes de haber caminado por lugares donde la fe ha dejado huellas indelebles y sigue invitando a vivir con alegría y compromiso el evangelio.


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