Falleció sor Josefa en Betania de Viveiro

A la edad de noventa y un años y sesenta y tres de vida consagrada

29 septiembre 2021.- En esta casa que lleva el nombre bíblico donde el Señor se hospedaba frecuentemente, falleció el lunes día 27 sor Josefa de María, nacida en Nogueira de Ramuín (Ourense) hace noventa y un años (1930); de una familia profundamente cristiana de ocho hermanas, de las cuales tres consagradas en las Hermanitas de los Ancianos Desamparados: sor Esperanza, sor Áurea y la hermana fallecida.

Llegó a esta casa de Viveiro el 2 de marzo de 1970; cada día respondía a la llamada de su vocación con las palabras del apóstol san Juan: “Si Cristo dio la vida por nosotros, también debemos dar la vida por nuestros hermanos”,  y teniendo presente las palabras de la santa Madre: “El anciano necesita comprensión, cercanía, cariño y amabilidad en el trato" (nº 240, Pensamientos y mensajes).

En su entrega radical a Cristo desde la fe y la gracia de Dios, durante sesenta y tres años de vida consagrada, respondía cada día “AQUÍ ESTOY” en el silencio de la adoración ante la infinita transcendencia de Dios por la oración donde se encontraba con el rostro radiante del Señor.

“AQUÍ ESTOY”, celebrado la presencia de Cristo en la eucaristía, fortaleza para su cuerpo y su alma.

“AQUÍ ESTOY”, viviendo la vida fraterna en comunidad. Desde su sencillez, de carácter amable, alegre, muy respetuosa y humilde, pidiendo disculpas de sus debilidades.

“AQUÍ ESTOY”, en su oficio responsable de la lavandería con esmero, dulzura y delicadeza, con un trato amistoso y comprensivo con los trabajadores y voluntarios.

“AQUÍ ESTOY”, en el servicio de cada día a los ancianos, aquellos hombres y mujeres que necesitaban la dulzura del amor y el acercamiento a Cristo para alcanzar la santidad que todos deseamos.

“AQUÍ ESTOY”, participando de su consagración mediante los consejos evangélicos: pobreza, castidad y obediencia.

“AQUÍ ESTOY”, rezando a la Virgen, como lo hacía santa Teresa Jornet, sabiendo que nos cubre con su manto de madre generosa y, como esta, inclinadita hacia nosotros, estaba segura que la guiaba en todos sus pasos.

Su fe en Dios le proporcionaba una firmeza y serenidad que nadie pudo tambalearla.

Hermana Josefa, ya has escuchado la voz de tu Señor: “Ya llega el esposo, salid a su encuentro”. Con tu lámpara encendida. Él te acoge en el Reino de la verdad y de la vida.

Hoy tus hermanas y toda la Iglesia a las 11 horas celebraremos la eucaristía en acción de gracias por tu vida gratuitamente entregada al Señor y a los hermanos.

Román Escourido Basanta
Delegado para la Vida Consagrada

 

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