Para orar cada día

16ª Semana del Tiempo Ordinario
Lunes 22 de julio de 2024. Festividad de Santa María Magdalena
Comentarios preparados por la comunidad religiosa de las Concepcionistas de Mondoñedo

«Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor»

Juan 20, 1-2.11-18

El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto».

Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» —que quiere decir: “Maestro”—. Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.


Comentario

Las etiquetas y los prejuicios no siempre tienen justificación. Algo así sucede con María Magdalena, a la que se le ha atribuido una condición que no se sostiene sobre el testimonio de los evangelios. María Magdalena no fue una prostituta convertida al seguimiento de Jesucristo, sino una de las mujeres que tuvo la primera experiencia del Resucitado. Ella, apóstol de los apóstoles, fue enviada a avisar a los discípulos de que el Señor estaba vivo. Aprendamos de su historia a anunciar la Buena Noticia sin que nos afecten las etiquetas o prejuicios de los demás.

Lo grande de María Magdalena no es que vuelque su vida en Cristo. Eso es grande, enorme, descomunal. Pero lo hemos visto en san Pablo, en san Juan, en san Pedro. Lo que convierte en excepcional a esta bendita mujer es que vuelca su vida en Cristo cuando lo cree muerto, es decir, cuando Cristo aparentemente no está allí, esa grandeza es la de quienes deciden habitar en el silencio, hasta que no sean despertados por una palabra: ¡María!


Para reflexionar

Contemplar la resurrección de Jesús nos lleva a esperar nuestra propia resurrección y la de nuestros seres queridos: ¿pone la muerte un límite infranqueable a Dios?, ¿puede la muerte separar la relación que Dios establece con los justos?


Oración

Gracias, Señor, por quienes me hablaron de ti. Concédeme estar atento y a la escucha de tu inesperada luz resucitante.