Para orar cada día

7ª Semana del Tiempo Ordinario
Viernes 24 de mayo de 2024. Festividad de Santa María Auxiliadora
Comentarios preparados por el sacerdote diocesano Óscar Fernández Expósito

«Como acostumbraba, les enseñaba»

Marcos 10, 1-12

En aquel tiempo, Jesús, levantándose de allí, va a la región de Judea, y al otro lado del Jordán, y de nuevo vino la gente donde Él y, como acostumbraba, les enseñaba. Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: «¿Puede el marido repudiar a la mujer?». Él les respondió: «¿Qué os prescribió Moisés?». Ellos le dijeron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla». Jesús les dijo: «Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, El los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre».

Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. Él les dijo: «Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».


Comentario

El evangelio de hoy resulta desconcertante en tantos aspectos. En esta ocasión, Jesús parece más restrictivo que los maestros de su tiempo, a diferencia de otras interpretaciones de la Ley, por las que Jesús destaca por una gran libertad. Sin embargo, las razones son las mismas: la fidelidad de Dios y su amor al ser humano, cuya dignidad es infinita (como nos acaba de recordar la Iglesia hace poco).

Nuestro mundo se caracteriza por el cambio constante, por el desgaste de las cosas y de las relaciones, marcadas tantas veces por el utilitarismo, en que somos incapaces del salir del propio ego y de sus ambiciones. Jesús remite “al principio”, al plan de Dios, que concibió que el hombre y la mujer lleguen a ser una sola carne, como un solo cuerpo, inseparable. El amor es fiel por naturaleza y pide definitinidad. Es la dureza de corazón la que a veces estropea el amor hermoso. En un mundo de relaciones superficiales y efímeras, también hoy existen quienes quieren creer en el amor eterno. Ese amor es el de Dios. El amor del hombre y la mujer en el matrimonio expresa ese amor fiel divino. Nadie por sus propias y solas fuerzas puede vivir algo tan grande. Por eso es un sacramento del nuevo testamento. Hemos de pedir al Señor vivir de verdad la nueva alianza. Y, conscientes de que tantas veces estamos lejos de ella, suplicamos que su misericordia supla lo que no alcanzamos o no queremos alcanzar y nos ayude a vivir de la forma que más se aproxima.


Para reflexionar

«Uno de los mayores servicios que los cristianos podemos prestar a nuestros semejantes es ofrecerles nuestro testimonio sereno y firme de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, salvaguardándola y promoviéndola, pues ella es de suma importancia para el presente y el futuro de la humanidad» (Benedicto XVI).


Oración

Señor, mantén nuestras familias unidas en el verdadero amor, purifica nuestros egoísmos, reconcilia a quienes están enfrentados, une más fuertemente los lazos del amor, ayuda a que los amores más desordenados se ordenen conforme al evangelio. Ayúdanos a vivir la pureza del corazón y del cuerpo, propio y del otro/a.