Alejandro Ruiz López prestará sus servicios en nuestra diócesis durante los próximos cinco años, y lo hará como párroco de Santa María de Caranza y de Nuestra Señora del Pilar y San Fernando, en Ferrol. Nacido en la ciudad de Burgos hace 54 años, ordenado sacerdote en 1996, venía trabajando en los últimos años en la parroquia burgalesa de Espinosa de los Monteros.
Nos hemos citado con él para hacerle esta entrevista y nos avisó de que lo encontraríamos junto a su mascota Norber, un perro muy afable que acogió con pocos días de vida y que ya tiene diez años. Su nombre se lo puso en recuerdo a un profesor polaco compañero de docencia que falleció con 55 años.
“La televisión me aburre sobremanera”, nos dice, aunque hace algunos meses recibió las cámaras del programa de televisión “La visita del cura”, en la ya anunciaba que se vendría para la diócesis de Mondoñedo-Ferrol, algo que ha cumplido. Podéis verla aquí https://www.youtube.com/watch?v=9Mev3UmvhR8&t=1116s
Comenzamos el encuentro compartiendo anécdotas de su llegada y pasamos a preguntarle por sus orígenes…
Me “nacieron” en Burgos, mis padres vivían en Medina (su madre sigue viviendo allí). Estuve en el seminario menor y en el mayor. Entré con once años y me echaron con veinte, por rebelde. Siempre dije lo que pensaba y eso no gusta mucho a los superiores (en el programa nos habla también de la razón de una novia, que sigue siendo gran amiga y que lloró por su felicidad cuando lo vio ordenarse). Mi familia era religiosa, fui monaguillo a los siete años. Tengo un tío en Brasil que marchó con el Concilio Vaticano II y allá sigue, tiene 89 años. También una tía religiosa de clausura; su abuelo de Iglesia, y él fue, de chico, monaguillo en la Iglesia de San Pedro. Mis padres, que eran agricultores, no querían que fuese al seminario porque hacían falta las manos, yo era el único hijo varón junto a tres hermanas. Con cuatro años me llevaron a comer con algunos curas al monasterio de las monjas de Medina; me preguntaron las monjas y les dije que “cura no, que yo tenía muchos pecados”.
¿Cómo surgió la posibilidad de recalar en nuestra diócesis?
Consideré que en Burgos éramos suficientes curas, proporcionalmente allí sobraría clero. Es una diócesis que incluso en época de crisis de vocaciones en los noventa, nos ordenamos nueve sacerdotes. Vi que en Mondoñedo-Ferrol andabais fatal de curas, y me dije… me voy con un amigo a ayudar, el obispo compañero mío (don Fernando). Me despedí de las parroquias con el “adiós ríos, adiós fontes” de Rosalía de Castro, cantado por Amancio Prada. Me emocioné ver en mi despedida a cincuenta personas que no venían nunca a la Iglesia. Que los que no pisan el templo vengan a despedirse… me hizo descubrir que no lo habré hecho tan mal.
¿Cómo han sido estos treinta años pastorales en Burgos?
Además de la atención parroquial, fui profesor de Religión durante 25 años. Me encanta la docencia con los jóvenes. En un pueblo tiene sentido porque fue la forma de vincularse con los chavales y que no perdieran vinculación con la parroquia. Una vez ordenado sacerdote, estuve siete años en Burgos, luego me destinaron a catorce pueblos en la Merindad de Montija, al norte de la provincia. Con el tiempo se convirtieron en veinte. Los últimos ocho años he estado en Espinosa de los Monteros, la localidad con más monumentos de la provincia de Burgos, después de Burgos, junto a dos compañeros, pastoreando otros 59 pueblos desde allí.
¿Y cómo fue la tarea?
Yo no concibo dejar a los pueblos solos. No soy un funcionario de la religión, y el día que lo sea me secularizo. En estos treinta años sólo me he ausentado un mes en que viajé a Brasil. Cuando el obispo me proponía vacaciones, se me hacía raro, por convicción, no soy capaz. La tarea del cura, y especialmente en el rural, es la de acompañar hasta la muerte… He llorado con ellos… ver cómo se entierran y no queda gente… He visto morir gente, pero también he visto morir pueblos. Pongo el ejemplo de un pueblo de 80 habitantes y ver cerrarse 19 casas. Siento el consuelo y la paz de haber estado, de haber sido su única referencia de Iglesia en 23 años.
Aunque Caranza y el Pilar no son parroquias “de cofradías” dentro del panorama de Semana Santa de Ferrol, ¿cómo observas el panorama de evangelización de las mismas?
En el año 2013 formé una cofradía, que casualmente surgió de un vía crucis. Se emocionó la gente y propuso su creación. El sentimiento cofrade es valioso, pero debe brotar, no de un paso, sino de una celebración. Cuando le damos la vuelta a la maleta lo que tenemos es folclore. En Espinosa, la vigilia pascual unía a 18 pueblos, conseguimos que se fuese funcionando como una unidad. Es importante mantener siempre las puertas abiertas, fomentar no tanto una religiosidad de lo que hay que hacer, como una religiosidad de descubrir a Dios. Toca respetar los ritmos de cada persona. Dios siempre tiene sus tiempos. En Espinosa tuvimos un percance con una nevada que nos hundió los salones parroquiales y hubo que afrontar como se pudo, con la ayuda de la diócesis. La cofradía que allí formamos con sesenta cofrades aglutinaba, motivaba y animaba las celebraciones. No se trata de turismo, lo que procesionamos en el exterior del templo es porque antes lo hemos celebrado en el interior del mismo.
Pequeños detalles que formen parte de tu vida y la forma de vivirla…
Toco la guitarra, me gusta Los Limones, Sabina… Soy buen lector, me gusta Machado. Soy del Valencia a muerte, aunque pequé de niño por ser del Madrid. Me apasiona la filosofía porque nos ayuda a pensar libremente; de la teología replanteo liturgias vacías que no hagan de la eucaristía un sacramento participativo. Considero que los cristianos tenemos un producto increíble, un tesoro incomparable que mostrar. Pero que muchas veces no sabemos venderlo ni vivirlo. Se trata más de acercar el Evangelio a la gente que de ir a por la gente para llevarla al Evangelio. Considero que hay que escuchar. He estado en el Festival del Mundo Celta de Ortigueira con diecisiete o dieciocho años. Valoro un buen vino Ribera del Duero, si es “Carmelo Rodero”, mejor que mejor. Me apasiona la cocina vasca, he cocinado estos años para mí y para los compañeros de casa. Mi especialidad en la cocina son los caracoles, los chipirones en su tinta y un bueno cordero. Me gusta mi Burgos, la ciudad de Granada, Toledo… y una ciudad de mar… me quedaría con Donosti. Agradezco mucho el año en que estuve expulsado del seminario y donde conviví con médicos, abogados y gente que me ayudó a mirar el mundo de otra manera. Una película: “El sargento York”, dirigida por Howard Hawks con Gary Cooper. Una canción, “Calle Melancolía”. Canción religiosa, “Un solo Dios”, de Jesed. Me gusta el color amarillo. De la televisión volvería a poner “La Clave” o “El hombre y la tierra” (asistí al entierro de Félix Rodríguez de la Fuente en Poza de la Sal). Un deseo: la paz. Una frase: “Para Dios no hay nada imposible”. Lo bueno de ser cura es el cariño de la gente, el poder estar solo, el tiempo con el Señor. ¿Lo malo?… Yo no le veo nada malo.
¿Cómo ves el mundo de los jóvenes?
Nuestra Iglesia está envejecida. Hemos dejado la oveja en el redil que se nos va a morir de vieja y hemos dejado a los jóvenes fuera sin ir a por ellos. Creo que en la cuestión de los jóvenes han dado en el clavo Effetá, Hakuna…, que, aunque no son la respuesta en sí, nos dan la clave, que es hacer que se sientan protagonistas. Es lo que sucede cuando viven en el encuentro en la Adoración, en celebraciones donde viven su fe, donde descubren que tienen su sitio. Tenemos que preguntarnos seriamente qué les estamos ofreciendo realmente.
Me has dicho que te han preguntado recientemente por qué no vistes de cura. Quienes generacionalmente somos de tu época compartimos tus razones, pero explícaselo a la gente más joven…
Voy siempre de paisano, porque soy de una generación en la que los curas, prácticamente, no iba ninguno. Y segundo, porque es un traje. Lo que vale son las obras y que te conozcan. En Espinosa y mis pueblos no necesitaba vestir de cura. Llega un momento en que deben reconocerte por la cercanía, porque saludas a la entrada y salida de la celebración, porque estás a su lado y eres su referencia de la parroquia y de la Iglesia.
Entrevista de Javier Martínez Prieto








Nacido en Ferrol el 21 de abril de 1983. Realiza los estudios posobligatorios, hasta COU, en el Colegio Tirso de Molina de los PP. Mercedarios en Ferrol.



















