Víctor Restrepo: “La pastoral más valiosa es la del “qué necesitas”, “te ayudo”, “te escucho”

Esta semana conocimos la historia vocacional de un sacerdote colombiano, misionero hoy en tierras gallegas, en nuestra diócesis de Mondoñedo-Ferrol. Con él analizamos los desafíos de la misión en Europa, donde la fe parece enfriarse, frente a una propuesta evangelización abierta, acogedora y sin “tapones pastorales” que impidan al Espíritu abrir nuevos caminos.

Colombiano, pero ordenado en Ecuador. ¿Cómo fue este compartir dos lugares de origen y qué ha aportado a tu vida, a tu formación? ¿De dónde te sientes?
El papa Francisco en repetidas ocasiones nos ha pedido no olvidar las raíces, no olvidar de donde somos, ya que el ambiente en el cual hemos crecido, cultura y familia que Dios nos ha regalado, forman y forjan nuestro carácter. Además nos recordaba que quien sabe de dónde es, sabe para dónde va.

Por casualidades de la vida o por providencia de Dios, un sacerdote amigo me invitó y me motivó para ir a Ecuador y allí ingresar en el seminario. Lo cual me ayudó mucho a tener una visión y una actitud de apertura a las diferentes culturas y comprender que cada una tiene una riqueza incalculable. Debemos respetar y no menospreciar a ninguno por ser de un lugar diferente. Estar en otra cultura y formarme en ella me ayudó a comprender la universalidad de la Iglesia y el papel del sacerdocio ministerial en la culturización de las personas y del Evangelio, alejándome del egoísmos e individualismo. Finalmente, no he olvidado de dónde soy, ni de dónde vengo; me siento y soy peregrino de este mundo, abierto a la voluntad de Dios, aunque muchas veces no la comprenda. En ese caso ahora me siento gallego.

¿Cuál fue el origen de tu vocación?
Dios nos llama desde el seno materno, pero se vale de personas para ayudarnos a descubrir tal llamada. En mi caso, mi familia fueron mis primeros catequistas, con ellos el párroco de mi infancia que en su carro me llevaba al médico, y como siempre digo, ese sacerdote y mi familia me han salvado la vida. También mi tía religiosa, ya fallecida, influyó en mi discernimiento, y conjuntamente con ella mi párroco de la época.

¿Cómo recuerdas tus años de seminario y formación?
Fueron los mejores años de mi vida, pues los aproveché para estudiar con dedicación y trabajar con responsabilidad. Si tuviese la oportunidad de volver el tiempo a atrás, volvería a ese tiempo de seminario.

En 2018 os ordenasteis once sacerdotes… ¿Cómo fueron esos primeros momentos para ti?
En ese primer año y en los siguientes, siempre estuve prestado a otra diócesis. La voluntad de Dios muchas veces no la entendí. Ese primer año fue un descubrir el ministerio sacerdotal, como también aprender a ser párroco.

Diócesis de Guayaquil… tres parroquias… ¿Qué características pastorales tenían estas parroquias?
Eran parroquias todas campesinas, cada una con al menos quince aldeas. Esta es la historia de cada una:

Virgen de la Nube: La asumí como párroco, justamente un mes después de mi ordenación. Parroquia nueva, tenía cinco años de creación, totalmente construida, mi labor fue terminar la obra blanca o decoración. La parroquia tiene quince aldeas, todas con capillas y muy buena participación de feligreses. Pastoralmente una parroquia muy viva, grupos juveniles, monaguillos, catequesis etc. El domingo celebraba cinco eucaristías. Fui párroco allí durante seis años.

Virgen del Carmen: Parroquia campesina, nueva en su construcción, con capacidad para más de mil personas. Fui párroco durante seis años, pastoralmente se fortaleció la fe en sus dieciseis aldeas, se formaron diferentes grupos, buscando sobre todo que como feligreses nuevos de esta parroquia la amen y se identifiquen con ella. En cuanto a las obras materiales, mi trabajo, guiado por el obispo y las personas adecuadas, permitió construir y buscar los recursos para la casa parroquial, la cual se terminó y quedo equipada en su totalidad.

Virgen de Guadalupe: Parroquia nueva. En el pueblo donde yo estaba de párroco había un sector con muchos feligreses devotos a la Virgen de Guadalupe, pero no tenían lugar de culto. El obispo me pidió que valorase la forma de construir la parroquia, pero no teníamos ni el terreno. Busqué un terreno, lo pedimos al alcalde y fue concedido a la diócesis para la construcción de la parroquia. Con la ayuda de la comunidad, de un grupo de empresarios y con diferentes campañas que hice por las redes sociales y actividades como rifas o bingos, se logró construir la parroquia. Completamente terminada. Esa fue mi tarea allí.

Muchas más actividades se han realizado, pero, como dice el evangelio, no están escritas en este libro.

La archidiócesis de Guayaquil tiene 2292 km² y la nuestra de Mondoñedo-Ferrol 4524 km². ¿Qué has encontrado en común y diferente entre ambas diócesis?
En común, he encontrado la ee, la cual nos une como hermanos. La diferencia fundamental es el declive o invierno de la fe que se está viviendo en Europa. Allí en cambio aún se puede respirar un avivamiento de la fe, aunque por efectos de la globalización ya muchos se están enfriando es su práctica religiosa.

Un hobby, una música, una película, una comida… ¿Cuáles son tus gustos?
Es una respuesta que irá cambiando de acuerdo a la edad. Antes mi pasatiempo era la bicicleta, la cual prácticamente ya he abandonado. Ahora me gusta mucho los famosos podcast de sacerdotes, de alguna predicación o un tema teológico. Música en realidad no escucho, sólo en reuniones familiares. En cuanto a la comida, me gusta mucho cocinar y probar sabores nuevos. Estando ahora en Ferrol, me ha gustado mucho estar en la concatedral de San Julián en las guardias, pues me encanta hablar con la gente que viene del mundo entero. Eso me da vida.

¿Cuáles consideras que son hoy los desafíos en la evangelización?
En la actualidad, el desafío principal que debemos combatir es lo que tanto nos ha dicho el papa Francisco. Quitar de la mente de muchas personas la siguientes frases: “Es que siempre se ha hecho así”, “es que nunca lo hemos hecho”, “a nosotros no nos gusta” o “usted es de otra cultura, aquí no hacemos eso”. Son expresiones, que, en mi opinión personal, otro puede pensar diferente, obstaculizan, son tapón, peor que un corcho viejo, y no permiten nuevas iniciativas pastorales y de evangelización en el lugar donde nos encontramos. Es necesaria una apertura a nuevas experiencias pastorales por el bien de la comunidad; pero para eso es necesario quitar los tapones pastorales que no dejan que el Espíritu Santo sople nuevos vientos que nos inspire nuevas formas y maneras siguiendo el Evangelio.

¿Cómo hacer que los jóvenes descubran a Cristo y se sientan parte de la Iglesia en el momento actual?
Principalmente quitar los tapones de las parroquias, que nadie puede ingresar si los tapones no autorizan, quitar tanto protocolo, como citas y puertas cerradas, una Iglesia y sobre todo mente abierta a las personas que se acercan con realidades difíciles. Los jóvenes no necesitan charlas, de cosas que nosotros ni practicamos, ellos necesitan ver la alegría de los pastores y ministros, de los catequistas… Y será solo ese testimonio el que los animará a seguir a Cristo. Es un tema muy amplio que no lo puedo exponer en dos líneas. Será solo el testimonio de nuestra vida lo que atraerá a jóvenes y viejos a la iglesia. Porque mucho se habla de los jóvenes, pero hay muchos mayores que están alejados de Dios (y cerca del cementerio) y poco nos preocupamos por su salvación. Qué bueno hacer la pastoral del… sí, puedo… sí, te ayudo… sí, tengo tiempo… del mucho gusto… del qué necesitas, te ayudo… del te escucho…

Entrevista de Javier Martínez Prieto

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