Alexander Márquez: “Mi gran motivación siempre fue ayudar a los demás y en el sacerdocio encontré el modo de hacerlo”

Alexander lleva dos años con nosotros. Nació en El Vigía (Mérida, Venezuela) en 1978 y ordenado sacerdote en 2003. En la actualidad forma parte del equipo pastoral de Vilalba, formado por dos sacerdotes y cuatro religiosas Misioneras de Acción Parroquial. Allí atienden pastoralmente la UPA de Vilalba, compuesta por veintiséis parroquias. Nos hemos acercado a realizarle esta entrevista a la rectoral de Vilalba, donde reside con Juan Basoa, moderador de la UPA y rector de los seminaristas de nuestra diócesis. Lo hemos cogido con el tiempo justo, son las tres de la tarde y en media hora saldrá hacia un entierro en una de las parroquias que atiende.

Alexander, para situarnos, cuéntanos algo sobre tu lugar de origen en Venezuela
Nací en El Vigía, es la segunda ciudad en población del estado de Mérida (casi 170.000 habitantes) y el centro económico del sur del Lago de Maracaibo. Su nombre procede de su ubicación estratégica, pues era un punto en la altura que dominaba la llanura aluvial, permitiendo vigilar el avance de piratas que llegasen al lago Maracaibo. Nuestra patrona es la Virgen del Perpetuo Socorro. Las temperaturas mínimas allí no bajan de los 10 grados, por eso este es un clima diferente para mí.

Y algo de tu diócesis…
Pertenezco a una diócesis muy joven, nació el 7 de julio de 1994, la diócesis de El Vigía-San Carlos del Zulia. En ella me ordené un día de Santa Lucía del año 2003. Su población supera el medio millón de habitantes, del que el 77 % está bautizado. Con una superficie de 8057 kilómetros cuadrados, se compone de treinta y dos parroquias pastoreadas por unos cuarenta sacerdotes. Su obispo, desde el 2015, es Juan de Dios Peña Rojas. El episcopologio de mi diócesis es pequeño, hasta el momento, hemos tenido sólo tres obispos.

En el diario El Progreso narrabas hace un año algo cómo había sido tu proceso vocacional. Decías en ella que “la vocación no nació conmigo, pero Dios sabe cómo hacer las cosas”. Contabas también en esa entrevista que de muy joven no tenías la intención de ser cura…
Tuve una novia que daba catequesis y con ella me fui acercando más a la Iglesia. Conocí el seminario y me gustó ese ambiente de estudio, la posibilidad de practicar deporte, así que decidí formarme allí, pero inicialmente sin intención de ordenarme sacerdote. Año a año fui descubriendo que me gustaba. Crecí en un barrio peligroso, mi gran motivación era ayudar y en el sacerdocio encontré el modo de hacerlo. Quedé fascinado por lo que hizo Jesús y yo quería ayudar como él”.

¿Cómo consideras que debe plantearse una propuesta a la vocación sacerdotal y cómo motivar actualmente en el testimonio de una vida sacerdotal?
El mundo en que vivimos parece muy superficial y no propone una verdad que nos haga creer y caminar seguros donde ir y en quien creer. Por eso creo que una manera sería conocer quién es Jesús, tener un encuentro con él, conocer la verdad y el camino que nos propone. Hay muchos jóvenes que estoy seguro que han pensado en la vida sacerdotal como una opción de vida, pero luego se encuentran con una Iglesia poco atractiva, curas aburridos y a veces poco alegres (también los hay que creen en lo que hacen y viven con la alegría y el amor que sienten de Jesús). Tal vez necesitamos maestros de vida que reflejen que sí es real y posible ser un discípulo y misionero del amor de Jesús. Para aquellos jóvenes que tienen la inquietud de hacer algo diferente en la vida, ¡atreveos a conocer y seguir a Jesús! Os aseguro que encontraréis una felicidad y una alegría que no encontraréis en este mundo.

Desde el año 2003 en que te ordenaste, ¿cómo has desarrollado tu vida sacerdotal?
El primer año de mi ministerio lo viví como vicario parroquial de la catedral de mi diócesis. Luego estuve ocho años ejerciendo como pastor y guía acompañando una comunidad afrodescendiente en la parroquia de Bobures. Eran alrededor de once comunidades y 15.000 habitantes. fue la experiencia más feliz en mi ministerio, porque tuve que comenzar de cero, pues al inicio era una comunidad apática con las cosas de la Iglesia, no había grupos de apostolado, ni menos grupos juveniles, pero Dios comenzó hacer su obra en esa comunidad, porque sólo él puede hacer grandes cosas. Incluso han salido vocaciones sacerdotales de esa comunidad, de la cual doy gracias a Dios y me llena de alegría hoy en día. Para atraer a los jóvenes iba por las tardes a los sectores más pobres para invitarles a jugar al fútbol y al fútbol sala. Después me comenzaron a preguntar si podían venir a la misa los domingos y les dije que con mucho gusto eran bienvenidos. Es más, les ofrecí hacer una “espaguetada” después de la misa, a la cual con entusiasmo se animaron más en ir. Al mismo tiempo daba clases en la universidad, lo que me permitía mantenerme activo con el mundo académico.

En una ocasión mi obispo me dijo: “Alexander, prepárate, que tengo otros proyectos para ti, te vas a Roma a estudiar en la Pontificia Universidad Lateranense”, donde realicé una licenciatura en Teología Pastoral Educativa y presenté una tesina “El Derecho a la educación católica. A la luz del documento de la V Conferencia General Episcopal Latinoamericana Aparecida”. En la actualidad trabajo en mi doctorado a petición de mi obispo, bajo la temática del discipulado misionario y su significado en el método teológico-pastoral en el documento de Aparecida. En Italia estuve de párroco en la arquidiócesis de Pescara. Por motivos familiares me vine a España para estar cerca de ellos, ya que, viven en la zona de Ribadeo. Por ese motivo quería una diócesis que estuviera cerca de allí, es así que hice la solicitud al obispo de Mondoñedo-Ferrol, don Fernando, para ver si necesitaba un misionero para alguna comunidad, a la cual accedió dándome la posibilidad de ser parte del clero que lleva a su cargo, y fui nombrado para el equipo de la UPA de Vilalba en 2024.

¿Cómo observas el panorama de evangelización en el momento actual?
Los cambios sociales van muy rápido, el ritmo de todo va tan rápido que analizar y dar respuesta a una situación se presenta cada día más difícil. Estamos en un cambio constante y muy acelerado que nos impide poder adaptarnos a esos cambios y dar respuesta a los signos de los tiempos. Hablamos mucho de métodos nuevos y formas de nueva evangelización, pero otra cosa es aterrizarlos. Por otra parte, todos queremos cambios de palabra, pero, cuando los hay presentamos mucha resistencia y nos incomodan. Terminamos al final con la que había y es lo que tenemos: una pastoral de “sobrevivencia” de “conservación” de la fe. Es urgente dar una pastoral abierta a los nuevos cambios, una pastoral que lleve a una acción más viva y que muestre el rostro de Dios conectado con el mundo presente. La misión comienza con la presencia del Espíritu Santo, con sus dones y carismas esparcidos en los jóvenes. Nosotros somos solamente instrumentos de su obra.

¿Y cómo has encontrado la realidad diocesana?
Veo el valor de la fe que se ha mantenido. La religiosidad popular, la devoción de las gentes, las tradiciones de muchas parroquias rurales han hecho que permaneciera la religiosidad en medio de un momento social contrario. Considero que la presencia del obispo que tenemos es muy valiosa, por la cercanía y la forma de acompañar y aproximarse a las gentes. En Italia observé que, con respecto a Latinoamérica, España e Italia comparten la misma barca. En ambos lugares se padece la falta de vocaciones, los problemas de despoblación y envejecimiento. Los movimientos seglares y parroquiales ayudan mucho a mantener viva la llama (en Italia la presencia del camino neo-catecumenales, Nuevos Horizontes, Carismáticos… y en cuanto la juventud los oratorios fundados para la juventud por Don Bosco)… En nuestro panorama, en comparación a lo que conocía, percibo una realidad más apagada, comunidades más frías, una parte porque es algo cultural de esta zona de Galicia, pero por otra, ha sido la forma en que fueron educados en la fe.

¿Qué aspectos sería necesario trabajar o mejorar?
El sentido de pertenencia a la comunidad eclesial. Creo que procede de un largo periodo donde hemos expendido sacramentos a la “carta”, todos quieren lo más breve y rápido los sacramentos. Además, hemos trabajado muy poco la formación en los mismos, la toma de conciencia de su riqueza y belleza. Creo que estamos pagando las consecuencias de una praxis pastoral que acusa la falta de formación y de conciencia, donde hemos guardado las formas, pero donde la experiencia y el contenido han sido débiles. Donde se cree por la tradición de la familia, es decir, por ley o norma y no por el amor al Dios de la vida que me ama y cuida de mí; o sea, creer partiendo de una experiencia de fe de un encuentro personal con el Señor.

Has estudiado especialmente la aplicación del Concilio Vaticano II en Aparecida. ¿Qué nos aporta la experiencia de Aparecida?
Creo que la acogida del Concilio Vaticano II fue más presente en Latinoamérica y la propuesta teológica se encarnó de modo más práctico en la pastoral a la hora de acogerlo. Démonos cuenta de que ya en 1968 se produce la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM) en Medellín (Colombia), donde su principal objetivo fue acoger la pastoral propuesta por el Concilio. Es un continente que considero que lo ha aterrizado mejor, a pesar de las dificultades, de la pobreza y de las injusticias. Aparecida hace énfasis sobre todo a la constitución pastoral Gaudium et Spes, con la miraba de los signos de los tiempos, la promoción de la dignidad humana y del bien común entre otros. Aparecida propone una fe que inicie con un encuentro con Jesucristo, Maestro y Señor; un camino de aprendizaje centrado en el discipulado misionero y un plan de misión permanente para el Continente y el Caribe.

Acaba de dar comienzo la visita pastoral al arciprestazgo de Terrá Chá. ¿Cómo lo estáis preparando?
El 28 de noviembre nos tocó acoger el primer encuentro en Vilalba con la idea de constituir el Consejo Pastoral Arciprestal. Estamos trabajando desde el equipo pastoral para que, además de a las comunidades, don Fernando visite también las instituciones locales, escolares… Desde Vilalba trabajamos en un proyecto que nos haga más sinodales, vamos creando conciencia poco a poco, para ser más Iglesia, vivir nuestra fe con mayor alegría y abrir la comunidad a ser un espacio más participativo y vivo.

Entrevista de Javier Martínez Prieto

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