Baruk Domínguez: “Comunicar es siempre una buena opción y hay que perder el miedo a hacerlo”

Ponemos punto y final a este ciclo de cuatro entrevistas web con un encuentro con el periodista de COPE Baruk Domínguez, joven padre de familia numerosa, músico, profesor y, a nivel diocesano, presentador del programa de radio “El Espejo de Mondoñedo-Ferrol”.

Baruk, empezamos por el principio: ¿qué te empujó a estudiar Periodismo y qué valor concreto te dejó esa etapa para tu trabajo actual en la radio?
Sobre todo el interés por escuchar, leer y poder contar historias. Sé que puede parecer una respuesta muy manida, pero siempre me han gustado los libros, las películas o las canciones que tengan un buen relato detrás. Y si ese relato tiene un componente didáctico o reflexivo, aún me gusta más. En la radio intento hacer eso: no quedar solamente en el acontecimiento o el “frío dato”, sino intentar hallar los porqués, condicionantes o circunstancias que hay detrás de cada hecho noticiable.

La Fundación COPE ha sido clave en tu perfil. ¿Cómo influyó esa formación en tu manera de enfrentar el día a día en una redacción local, especialmente en un contexto de radio multimedia?
Especialmente en la realidad de conocer una “radio multimedia”, adaptada a este siglo XXI, con sus pros y sus contras. En mis años de formación (y ya han pasado unos cuantos) ya hablábamos de “podcasting”, de contenidos “transmedia”, de “redacción única” e incluso de una IA muy incipiente, fenómenos que están afectando a nuestro día a día actualmente. La radio de hoy en día, incluso la local, es muy diferente la que conocíamos hace unos años.

¿Cómo recuerdas tus primeros años en COPE, y qué diferencias ves entre trabajar en prensa escrita y en radio, especialmente en un entorno local como Lugo o Ribadeo?
Los primeros años fueron de aprendizaje y adaptación a la realidad de las emisoras en las que me ha tocado trabajar, que son las de Lugo y Ribadeo. Y, aunque parezca lo mismo, simplemente en unos kilómetros de distancia hay una diferencia brutal a nivel de trabajo, ya que la idiosincrasia de cada emisora es muy diferente (más hace unos años que ahora, ya que se ha homogeneizado todo un poco). En lo relativo a la diferencia con la prensa escrita, hice prácticas en la delegación de Vilalba de El Progreso en el verano de 2011 y en aquel momento el fenómeno de la web 3.0 era todavía muy incipiente, por lo que el tema redes sociales y demás aún no preocupaba. En aquel momento, el trabajo era más pausado que el de la radio, porque los “tiempos de entrega” era diferentes. Ahora, por los condicionantes antes señalados, yo creo que también se ha homogeneizado bastante el trabajo en los diferentes medios.

Baruk, junto a su mujer Antía y su hija pequeña Antía Xoana

Diriges desde hace años El Espejo de Mondoñedo-Ferrol. ¿Qué te inspira y qué objetivos te marcas cada semana para mantener vivo ese magazine diocesano?
“Diriges” es decir mucho, porque la labor que hago es simplemente estar atento a la actualidad diocesana y buscar aquellos temas que puedan encajar mejor a nivel radiofónico. Esos son los principales objetivos. En cuanto a lo que me inspira, intento siempre que sea una información veraz, pero al mismo tiempo amena y viva, algo que en lo relativo a información religiosa podría parecer difícil de conseguir, ¡pero se intenta!

¿Qué papel crees que tiene la radio diocesana en una sociedad secularizada? ¿Cómo se equilibra la información religiosa con la preocupación por lo social sin caer en lenguajes especializados o excluyentes?
Al igual que otro tipo de información, tiene que tratarse con normalidad. Pasa mucho con la información cultural: si en un medio generalista abordamos una noticia sobre la presentación de un libro pero la hacemos como si fuera solamente para “iniciados”, estamos equivocados en nuestro objetivo informativo pero a la vez formativo y lúdico. En este caso, el “iniciado” ya pertenece a un nicho muy concreto y no se “nutre” de nuestra información, y el “no iniciado” se perderá si utilizamos un lenguaje excesivamente especializado, rimbombante, rebuscado o pedante. Por poner un ejemplo, si en Radio Clásica escuchamos hablar de “Motsart” [sic] no nos extraña, pero si me lo escuchas a mí en COPE suena raro…

En el caso de la información diocesana tiene que ser un poco lo mismo: debemos tender a elaborar una información que pueda escucharla, entenderla y apreciarla cualquier oyente, más allá de ideologías, apriorismos o supercherías varias. Y en este cometido holístico (ahora soy yo el que suena pedante), tratar de acercarse a las realidades sociales y culturales de nuestra Iglesia es, ya no importante, sino vital.

Estás muy ligado a la música. ¿Cómo se entrelazan tus inquietudes musicales con tu labor periodística? ¿Te ayuda la música a contar historias de otra manera?
La música y la radio están íntimamente ligadas. Parece una perogrullada, pero a veces veo la forma de tratar la música de ciertas personas de radio que me resultan vergonzosas (perdonadme por la franqueza, pero es así). La música ayuda a crear el ambiente de una historia, a marcar el ritmo, a despertar emociones… Hay que dejarla respirar, conocerla y no solamente usarla de “fondo”. En eso es un maestro Carlos Herrera, por ejemplo, más allá de otras apreciaciones. En cambio, me horroriza cuando el locutor pisa la canción en su momento álgido, o cuando se ambienta un tema informativo con una pieza musical que no le pega nada. O, peor aún, cuando se utiliza la misma canción tópica para hablar de un asunto (a no ser que se haga con una función irónica o reflexiva, ojo). Es importantísimo respetar a la Música, con mayúscula. Y también ser abiertos: escuchar diferentes géneros, de diferentes épocas y lugares, sin prejuicios, siempre es un plus.

¿Qué historia local, reportaje o entrevista te ha marcado especialmente desde que trabajas en Mondoñedo-Ferrol? ¿Por qué?
Tengo que hablar en primer lugar de las entrevistas a dos sacerdotes: Uxío García Amor y Antonio Domínguez Martínez. En ambos casos fue por sendos homenajes por sus años de servicio y vocación. La de don Uxío fue muy especial porque se trataba de una de mis primeras entrevistas para El Espejo y porque tratamos muchos aspectos: su gusto por la música, sus años en Roma, su humildad extrema… La de Antonio, el “tío cura”, por su parte, fue extremadamente sorprendente, ya que él era mi tío abuelo y compartí con él numerosas reuniones y conversaciones de todo tipo, pero nunca habíamos hablado de algunos temas muy interesantes que tratamos en esa entrevista: las dificultades pastorales y logísticas de sus primeros años de sacerdocio, la pérdida de muchos compañeros queridos por el camino, la visión sobre el presente y futuro de la Iglesia… Afortunadamente, gracias a los avances tecnológicos, ambas entrevistas se pueden escuchar en el canal de iVoox de la diócesis, y la verdad es que aún hoy es un placer volver a reencontrarse con ellas.

Después, en cuanto a “hecho noticioso” me quedo sin lugar a dudas con todo lo que supuso la designación de Antonio Valín como obispo de Tui-Vigo. Para las personas que lo conocemos, lo apreciamos e incluso en ocasiones lo sufrimos (pues era rector y formador del Seminario Menor de Mondoñedo cuando un servidor andaba intramuros), el nombramiento de Valín fue algo totalmente dicotómico: un poco esperado y un poco sorprendente a la vez, un hecho feliz por la confianza puesta en él y a la vez triste por su marcha de la diócesis… No sé, aún hoy cuando lo veo en fotos o noticias de Tui-Vigo no me acabo de creer del todo que se hubiese ido…

En tiempos de desinformación, ¿qué prácticas sigues para garantizar rigor informativo en un formato ágil como la radio, especialmente cuando hay noticias embargadas o confidenciales?
Es muy sencillo y la vez complicado (seguimos con las dicotomías). En primer lugar, tienes que tener fuentes diversas y fiables, y eso se consigue con los años. También es importante, para garantizar una cierta “agilidad” en un programa de periodicidad semanal, estar al tanto de lo que sucede. Y aquí mando un aviso a navegantes, porque ya ha pasado en alguna ocasión… Que nosotros lo sepamos no quiere decir que lo vayamos a contar. Si algo está “embargado hasta tal día a la hora equis”, se supone que como periodistas con una ética de trabajo y un código deontológico aprendido y aprehendido a lo largo de los años no habría que alargar la explicación… Pasó, sin ir más lejos, con el nombramiento de Valín: no hubo convocatoria oficial y se nos avisó a unos pocos de que iba a haber una rueda de prensa en Foz un sábado por la mañana. Hasta en casa avisé de que tenía que ir a Foz a cubrir un acto, pero no informé del contenido del mismo. ¡Incluso la “jefa” de Informativos de COPE Galicia me echó la “bronca” a posteriori por no tenerla al tanto! Pero yo tenía la orden de no comunicarlo a nadie, y así hice. Pero bueno… Volvemos a lo señalado anteriormente sobre los “iniciados” y “no iniciados”, y a veces la Iglesia peca un poco de eso… Como periodista, asociado además a la diócesis, fastidia bastante que a golpe de viernes tengas el programa ya preparado para emitir y que te enteres en ese momento de alguna noticia importante que podría haber entrado, pero que estaba embargada hasta ese día (el programa se graba antes y después se emite, por eso hay que trabajar con cierta antelación). En este caso hablo de mi experiencia personal, y lo cierto es que se ha mejorado bastante, pero aún seguimos mirándonos mucho las vestiduras hacia dentro, con altas posibilidades de que algún día se rasguen…

Baruk con sus hijos: Rosalía (8 años), Mariña (10) y Antía Xoana (11 meses)

¿Cuál es la mayor dificultad de tu trabajo ahora y qué te sigue dando más satisfacción?
Conciliarlo todo. Trabajando en COPE a nivel generalista, con informativos y programas; con obligaciones de otro tipo, sobre todo a nivel musical; y con tres hijas en casa, una de ellas nacida en septiembre del año pasado, casi no hay que añadir más ingredientes a la sopa… Pero si hablamos solamente del trabajo, lo que más me fastidia es que no se valore. Especialmente, ahora que estamos en una época de cambios (y cúando no…) en la radio en general y en la Cadena COPE en particular, me solivianta de una manera especial que a veces parezca que no importa un pimiento (de Padrón, de Mougán o de Arnoia, elija usted) lo que hacemos a nivel local. Por poner un ejemplo, si un viernes de emisión de programa cuadra con festivo, desde Madrid avisan que harán “una programación más genérica” para aquellas emisoras que no emitan El Espejo de su respectiva diócesis. Y es una pura mentira, ya que te encuentras después con una entrevista al delegado de Juventud de la Diócesis de Getafe, que seguramente será muy interesante e ilustrativa para un oyente de Narón o una oyente de O Vicedo… Lo digo con todos los respetos, pero fastidia que las cosas no se hagan bien, especialmente cuando se cuenta con muchos más medios y posibilidades. En lo relativo a las satisfacciones, me gusta volver a encontrarme con voces conocidas y también conocer otras nuevas, siempre y cuando aporten algo valioso a nuestra vida diocesana.

¿Qué proyectos te gustaría impulsar para El Espejo o en la comunicación diocesana en los próximos años? ¿Hay algún formato nuevo que tengas en mente?
Hay uno muy bonito al que ya llevo años dándole vueltas y que le comenté a nuestro compañero Javier Martínez (a quien aprovecho para felicitar por hacerse cargo de la programación radiofónica durante mis épocas de ausencia). Se trata de contar historias de o desde los numerosos monumentos, parajes y paisajes que tenemos en nuestro territorio diocesano. No tienen por que ser necesariamente espacios religiosos; puede ser, por ejemplo, un bosque o una montaña que transmita algo especial y que merezca la pena visitar por algún motivo. Con un contenido de este tipo lograríamos un montón de objetivos: en primer lugar, poner en valor nuestro territorio, especialmente zonas rurales y marineras; en segundo lugar, crear un formato que por su atemporalidad y contenido es “carne de pódcast”; en tercer lugar, porque puede hacerse en formato “videoblog” y, aparte de salir en radio, nutrir la web y las redes diocesanas; en cuarto lugar, porque puede dar lugar a la participación diocesana, de personas que nos manden sus propios vídeos con sus propias experiencias… A ver si lo ponemos en marcha en septiembre y va la cosa caminando, nunca mejor dicho…

Desde tu experiencia, ¿cómo debe ser una comunicación eclesial que llegue hoy a jóvenes y a mayores por igual?
Antes de hablar de comunicación deberíamos analizar qué tipo de “jóvenes y mayores” tenemos en nuestra Iglesia. Como en otros sectores, la juventud se caracteriza por su fuerza e impulso, pero también puede pecar de cierta solidez argumental y de pensar que todo surge ex novo. Por su parte, la experiencia, que siempre es un grado, no debe entenderse como una cuestión de estatus o de reverencia continua. ¿Cuántas veces hemos conocido casos de personas que han querido colaborar en nuestras parroquias pero no han “podido” porque quien ya estaba lo hacía “mejor” por el simple facto de haberlo hecho siempre? Creo que, antes de pensar en cómo comunicar de una forma vertical, hay que hacer un esfuerzo por una comunicación más horizontal, entre todos los actores que formamos parte de todo esto. En mi caso, cuando planteo una entrevista no lo hago ni para dar protagonismo al entrevistado ni para que yo demuestre lo bien que hablo delante del micrófono. Si partimos de esa premisa, ambos, entrevistador y entrevistado, estamos equivocados. Lo importante es que el mensaje llegue, con todo lo que significa esa palabra, y está muy relacionado con lo que señalaba antes sobre utilizar un lenguaje cercano, ameno y abierto a todo el mundo. Huir de engolamientos, constricciones y autobombos siempre es una buena noticia. No hay que olvidar que “el espejo” es de la diócesis, no mío ni tuyo.

De izquierda a derecha: Antonio Valín, Antonio Rodríguez y Baruk Domínguez en la iglesia de Vilalba

¿Cómo describirías la forma en que actualmente comunica la Diócesis de Mondoñedo‑Ferrol? Desde dentro, ¿cuáles crees que son las principales fortalezas de la comunicación diocesana? Y por otro lado, ¿qué debilidades o retos identificas que convendría abordar para mejorar la alcance y el impacto?
Empiezo por lo “menos bueno”, para finalizar después con mejor sabor de boca… Pienso que muchas de las debilidades, y que son comunes a otros ámbitos, ya las he señalado anteriormente. Alguna vez me he encontrado con reacciones del tipo: “Yo en la radio no hablo”. Hay que decir que son las menos, pero habría que preguntar a esa persona un porqué. ¿No le gusta el medio? ¿No le gusta que se sepan las cosas? ¿No le gusta que llame de un programa diocesano? ¿No le gusta su presentador? A veces, y lo he señalado anteriormente, vivimos de apriorismos y prejuicios que no nos llevan a nada y pueden llegar a ser hasta peligrosos… Hablar, dialogar, confrontar… Comunicar, en suma, siempre es una buena opción y hay que perder el miedo a hacerlo. Muchas veces he hablado con compañeros de otras diócesis sobre la gestión de “temas complicados”, como pueden ser los abusos a menores o asuntos relacionados con el patrimonio. En todos estos casos, con las salvaguardas necesarias a nivel jurídico y legal, considero, y es una apreciación personal, que lo ideal es siempre actuar con normalidad y recurrir siempre a personas expertas en cada tema en cuestión. Sin cortinas ni ambages.

He señalado también antes lo irónico que resulta que las personas que nos dediquemos a informar seamos, algunas veces, los que nos enteramos tarde, mal y a rastro de esas informaciones. Vivimos en un mundo frenético, y cuanto antes podamos organizar nuestra agenda, mejor será para todos. Y reitero lo dicho antes: somos “mayorcitos” para saber cuando una información es confidencial o está embargada, que aparte de juntar letras y darle al “on” del micrófono, también tenemos (algo de) criterio. Y, sobre todo, no perdáis (y aquí os hablo directamente) el miedo a comunicar: sea desde una comunidad parroquial pequeñita, un coro que canta en celebraciones o un grupito que colabora con Cáritas, contadnos lo que hacéis, que aunque penséis que no es nada “noticioso”, seguramente haya mucho más bajo la corteza de lo que pudiera parecer.

Ya en cuanto a cuestiones positivas, aunque esta última también contenía un llamamiento a la esperanza, tengo que destacar la buena coordinación del equipo diocesano de Medios de Comunicación Social, a pesar de que lo hacemos casi todo a distancia. Ahí tenemos una fortaleza enorme con Carlos Alonso, un tipo que, al igual que en mi caso, prefiere la discreción y pasarse el día entre estanterías llenas de libros, pero que también hace un trabajo brutal con la web y las redes diocesanas. Es casi un milagro (los más canónicos, discúlpenme la boutade) que una diócesis pequeñita, dispersa y rural como la nuestra tenga unos contenidos y una repercusión al nivel de otras que la decuplican en población y recursos. Y no lo digo yo, lo corroboran los “fríos datos”.

¿Qué consejo darías a quien quiere dedicarse al periodismo local o a la comunicación eclesial?
En el caso del periodismo local, que salga a la calle, que se lleve bien con todos los actores sin casarse con nadie y que dé voz a diferentes realidades, incluso muchas que a priori podrían parecer poco interesantes desde el punto de vista informativo. Y dejarse llevar también por las pequeñas sorpresas del día a día. A veces vas a por setas, pero te encuentras con un Rólex como una catedral, como en el chiste pero en la vida real… Puedes tener a un entrevistado que es presidente de una asociación de “gaiteiros” y te va a contar que tienen una actuación tal día a tal hora, pero a lo mejor ese mismo personaje es el protagonista de una historia humana brutal. Hay que estar siempre atento y saber escuchar. En una rueda de prensa del político de turno, a veces sabemos más por un silencio reflexivo o el tono utilizado que por el contenido de lo que nos está intentando “vender”. Así que mucho ojo (y oreja, en este caso).

Si hablamos de comunicación eclesial (aunque no me guste demasiado la etiqueta, porque creo que constriñe bastante), lo más importante es que no tenga miedo. Miedo a que lo etiqueten, miedo a los prejuicios y apriorismos de los que hablé antes, miedo a que le digan algo por no contar las cosas “de la manera correcta”… Obviamente hay que tener un rigor, un respeto y una profesionalidad, pero como ya he señalado en varias ocasiones debemos, como Iglesia diocesana y global, abrir más a menudo las ventanas y descorrer las cortinas. Seguro que nos irá mucho mejor.

Para terminar, ¿qué escuchas ahora mismo en tu reproductor o qué canción/programa recomendarías a quien quiera conocer el pulso emocional de esta tierra?
Bufff… Pregunta difícil, porque tengo unos gustos muy eclécticos en cuanto a lo musical y lo radiofónico. Aunque no lo parezca por mi actual “tonelaje” soy un gran aficionado al deporte y a los deportes, por lo que me gusta estar al tanto de la información deportiva en general y tengo también una “pedrada” con la NBA. En este caso, soy seguidor de varios podcasts especializados y de algunos canales de YouTube. Ya que me he referido a este medio, me gusta también seguir a divulgadores musicales, como Jaime Altozano, Rick Beato, Jacob Collier o Paul Davids. Además, me gustan mucho los vídeos de cocina (ahí sí que se me nota…). No obstante, cuando quiero un contenido más “reflexivo” escucho algún podcast de temática histórica, como los de National Geographic o los del programa SER Historia (que nadie me tire tomates). Y, ya que estamos con la competencia, vuelvo a citar a nuestros compañeros de Radio Clásica, en este caso para darles una “caricia” y un aplauso por programas como Música y significado o Música antigua, que son una debilidad personal (ojo a la red flag de la pedantería, que regresa).

En lo relativo a gustos musicales en sí, hay de todo… A principios de años me salía el “wrapped” de Spotify con el resumen de 2025 y no podía ser más variopinto… En la lista de artistas más escuchados había desde compositores renacentistas como John Dowland hasta grupos como Oasis (siempre he sido muy “britpopeiro”), pasando por cantantes latinos como Luis Miguel o Bad Bunny, cada uno en su estilo… Y por el medio rarezas como los africanos Amadou et Mariam o artistas más locales como Rodrigo Cuevas o Baiuca… En fin, “a cabeza non para”, como diría alguno que yo me sé… Por último, si tuviera que recomendar algo para “conocer el pulso emocional de esta tierra” (con todo lo que ese enunciado conlleva), le recomendaría un álbum de un guitarrista coruñés que se llama Mateo Arnáiz, titulado El sonido de las emociones, fruto de un trabajo de composición y a la vez de investigación doctoral sobre todo lo que rodea emocionalmente a la interpretación musical. Y para dejar ya las pedanterías, dentro del ámbito “popeiro” (como diría mi “profe” de canto) me quedo con otro koruño, Xoel López, especialmente con sus discos Tierra y Sueños y pan, de su actual etapa, y con Fin de un viaje infinito, de cuando actuaba bajo el pseudónimo de Deluxe. ¡Y a bailar!

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