Homilía en el funeral por el sacerdote Rvdo. Francisco Gómez García

Mi agradecimiento a los que hoy nos hemos reunido en esta celebración. Mi agradecimiento especialmente a los sacerdotes que hoy nos congregado para despedir y poner en las manos de Dios a un hermano al que hemos querido y acompañado. Mi agradecimiento también al concello, que ha tenido la sensibilidad de declarar tres días de luto oficial en la villa como signo de respeto y gratitud al que ha sido su pastor y párroco durante tantos años. Mi agradecimiento, por último, a las personas que habéis acompañado, arropado y ayudado a don Paco durante tantos años, pero especialmente en estos últimos tiempos, donde la debilidad y la fragilidad han hecho que la ayuda fuera más necesaria y siempre compleja por ese carácter recio y difícil de acompañar…

Despedimos hoy a don Paco que nos ha dejado imprevistamente, aunque su salud precaria ya la conocíamos todos y nos preocupaba. Cuando muere un sacerdote nos vienen a nuestro recuerdo tantos momentos vividos con él. Sin duda, para muchos de vosotros ha sido el único párroco que habéis conocido y con el que habéis tratado. Sus 45 años en esta parroquia de Cariño, atendiendo también las de Santiago y Santa María de Mera junto con la de San Adrao de Veiga están plagadas de experiencias, momentos, anécdotas, encuentros. También ahí percibimos la evolución de una persona que se va haciendo cada día en contacto con los demás, y que se desvela en la relación con los otros. No cabe duda de que es hermoso hacer esa memoria agradecida delante del Señor de todas esas vivencias que hoy nos sirven para recordar y agradecer a aquel que ha sido un instrumento en las manos de Dios para hacer su obra.

Como nos decía la Palabra de Dios que hemos proclamado en este celebración, cogiendo los textos ya del domingo, en “nuestra asamblea no hay muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas, sino lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso”. Ciertamente don Paco, con sus debilidades y fragilidades que vosotros conocíais mejor que yo, así como con sus muchas cualidades nos ha servido y ha sido un instrumento pequeño y eficaz para llevar adelante su obra y su reinado entre nosotros.

De don Paco tenemos que agradecer su corazón grande, sensible, atento a las necesidades de las parroquias que tuvo que atender. Estas eran buenas herramientas que se reforzaban con su carácter imaginativo y emprendedor. Qué bonitas estas cualidades en la vida de un sacerdote. En la época del postconcilio, en Lagoa y otras parroquias de A Pastoriza se volcó en el desarrollo agrario y ganadero promoviendo estructuras agrarias tan necesarias en la época. Ya en Cariño, se preocupó especialmente de las familias marineras, de la pastoral del mar, creando la guardería parroquial para que las mujeres de las fábricas de conserva tuviesen un lugar donde recoger a sus niños, en la que contó con la ayuda de las hermanas del Sagrado Corazón de Jesús, algunas hoy presentes. Su esfuerzo y sensibilidad por desarrollar los intereses de cada parroquia le llevó, incluso en los últimos años, a restaurar la iglesia de San Adrao de Veiga dañada por un rayo en fechas recientes, Y todo ello, creando comunidad.

Porque yo creo que su gran interés fue precisamente ese: generar comunidad. Como nos decía la primera lectura de hoy: generar ese “resto”, esa comunidad que fuera fermento de una sociedad nueva desde el Evangelio. A eso nos convoca cada domingo Jesús de Nazaret en la escucha de la Palabra. Las bienaventuranzas que hoy hemos proclamado en el Evangelio no son sino un camino de fraternidad y de comunidad tan imprescindible para todos los seres humanos que estamos hechos para el otro. Don Paco, por su carácter trabajador, responsable, exigente y bonachón, buscó siempre generar lazos para que nadie se desvinculara, para crear ese ambiente comunitario propicio en el que todos pudieran crecer y desarrollarse. Como buen pastor, con alma y enamorado de su misión de pastor y sacerdote: ocupado y preocupado de la comunidad.

Por eso cuidaba el gusto de contar con todos: el Concello, la Cofradía de Pescadores, las amas de casa, la asociación de vecinos, y todo tipo de asociaciones culturales o de cualquier tipo que dieran vida la villa y la parroquia. Y cuidaba también el presbiterio, los encuentros con los sacerdotes, las reuniones de arciprestazgo, los encuentros sacerdotales en Mondoñedo a los que raramente faltaba, la preocupación vocacional… Me parece que quizás esta pudiera ser una buena herencia y mensaje para todos los que hoy nos encontramos despidiendo, dando gracias y rezando por don Paco: cuidar la comunidad, cuidar los vínculos, cuidar lo que nos hace sentirnos pueblo, cuidar el amor a lo nuestro, cuidar lo que es de todos (podemos pensar en sus obras en la iglesia, el cementerio, los locales parroquiales…), cuidar a los más frágiles de la comunidad, cuidar a los hermanos. ¡Una hermosa lección que os invitaría hoy, a todos los que estamos aquí celebrando la Muerte y Resurrección de Cristo, a guardar como compromiso y tarea social, eclesial y presbiteral!

Ahí se entiende también su interés por la catequesis, que siempre estaba en sus preocupaciones pastorales. ¡Con cuánto cariño hablaba de la urgencia de una catequesis renovada y donde la familia se implicara especialmente! ¡Con cuánto dolor también se expresaba cuando descubría, a veces, el desinterés o el desapego de la comunidad y de la fe en Jesucristo!

En la mesa del altar que él siempre compartió con vosotros, como el auténtico y mejor regalo que un sacerdote ofrece a su comunidad, ponemos hoy su vida, con sus aciertos y con sus errores. El Dios que es Juez Misericordioso y Cristo que es Pastor le acogerá en sus brazos como solo Él sabe hacer. A nosotros nos deja un tanto huérfanos, lo reconocemos. Pero siempre esperanzados, porque nuestra fe en Cristo Resucitado nos permite sentir la muerte no como un adiós definitivo, sino como un hasta luego, un hasta pronto. Nosotros seguimos peregrinos, caminantes, en comunidad.

Despedir siempre a un pastor, a un párroco en ejercicio, siempre nos hace preguntarnos y plantearnos la cuestión vocacional que ha de ser de todos: ¿quién ocupará su puesto? ¿Cómo fomentamos las vocaciones sacerdotales en nuestras comunidades cristianas? ¿Cómo valoramos en nuestra Iglesia la tarea y la misión del sacerdote? ¿Cómo acompañamos y cuidamos de nuestros sacerdotes? Sin duda hoy don Paco se unirá a esta oración por las vocaciones que él siempre cuidó y por lo que tanto se preocupó.

Que la eucaristía sea hoy especialmente acción de gracias por lo que don Paco nos ha enseñado y ayudado. Que la Palabra de Dios que hoy hemos acogido nos ilumine para vivir la alegría de las bienaventuranzas, ese proyecto de Jesús para nuestro mundo, que nos muestra la sensibilidad de Aquel que nos acompaña y nos ama. Que la Virgen del Carmen, patrona de Cariño y cuya devoción tanto cuidó, nos ayude en este peregrinar.

Iglesia parroquial de San Bartolomeu de Cariño, sábado 31 de enero de 2026

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